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¿Cómo es ser gay?

Por Leobardo Palacios.

La homosexualidad no está penada en México, sin embargo, se sigue discriminando a las personas por su orientación sexual y lo más doloroso es cuando son las mismas familias quienes incurren en estos actos. ¿Por qué es tan difícil entender que dos personas se aman sin importar su género? ¿Por qué no aceptar que hay personas que no se sienten a gusto con sus cuerpos? ¿Por qué es tan difícil para la sociedad poder ser empática con otros? 

Nuestro país es extremadamente machista, religioso y homófobo pero creo que el mayor error que hay en la sociedad es la ignorancia. 

México es el segundo país en América Latina con más crímenes de homofobia sólo después de Brasil. En nuestro país hay  familias que sacan a sus hijos lgbt+ de casa para que no sean una deshonra y/o vergüenza, en las escuelas el bullying no es detenido porque no “violan la normativa escolar” y en los trabajos son rechazados y esta el claro mito de que, por ser homosexual tendrás VIH seguramente. ¿Por qué a las familias les importa tanto que uno de sus hijos o miembros resulte ser de la comunidad? ¿Hace algo mal? ¿Robó, asesinó o violó a alguien? No, pero a pesar de esto las familias prefieren hacer eso antes de tener a hijos así y es triste que las personas en las cuales pensabas que podías confiar del todo y  se supone que te tenían un infinito amor te demuestran lo contrario o se vuelven hacia ti. 

Se cree que la homosexualidad es una práctica que no es normal y que se aprende. Sin embargo, es algo que se descubre desde temprana edad, yo desde los ocho años sentía que algo no cuadraba con los estándares de varón que se me presentaban, los estereotipos típicos como los juguetes y cosas que los niños deberían  usar, los tonos que se deben usar o incluso el tono de voz y posturas al sentarse que se espera debe tener un hombre. Nací y crecí en una familia altamente religiosa, donde todos los Domingos se acudía a misa, en cada cumpleaños se debía ir a agradecer un año más de vida al templo y en cada festividad como Semana Santa o Navidad se iba a rezar. 

Desde siempre me enseñaron que rezar era la respuesta a todos los males, solucionaba los momentos difíciles, las trabas en el camino y las enfermedades que se pudieran presentar; yo pensaba que estaba enfermo, a mis ocho años rezaba todas las noches con lágrimas en los ojos sin poder entender ¿por qué simplemente las chicas no me gustaban como se suponía que debía ser? me esforzaba por encajar, por no mostrar mis gustos pero al final del día nunca lo lograba y siempre seguía ese bullying constante acompañado de palabras como joto o maricón. Y nuevamente volvía a aquel círculo, rezar, llorar y volver a intentarlo, volver a intentar tener novia para sentirme normal y que las burlas pararan aunque fuera por una semana, pero era volver a fallar, volver a intentarlo, rezar con más fuerza, llorar más, volver a rezar y volver a intentarlo sin éxito. 

Tan sólo era un niño al cual nunca le habían enseñado que ser diferente es normal, que ser gay está bien y que no sentirse normal también estaba perfectamente bien. Crecí y los sentimientos de represión, siguieron creciendo. Al entrar a Secundaria tuve miedo de lo que podía pasar, era una experiencia nueva, con gente nueva y un terreno que parecía enorme y desconocido, dónde la palabra joto seguía siendo un insulto y aún se debía de fingir. Que si no jugabas fútbol eras menos hombre, que llorar era sólo para las niñas y tan sólo que te gustará cierto tipo de música te hacía joto

Cuando tenía doce años, fue cuando sentí que mi mundo se cayó en mil pedazos, mi familia había descubierto que era gay por mensajes en mi teléfono y parecía que todo iría de mal en peor. Las típicas preguntas y comentarios como ¿Qué te pasó? Tú no eras así ¿Qué hicimos mal? ¿Por qué te desviaste? y las soluciones que en ese entonces me parecían tontas y me seguirán pareciendo tontas Llévalo al psicólogo, quítale al celular para que deje de ver tonterías, hay que llevarlo a un exorcismo. Y nuevamente era rezar y llorar, rezar con más fuerza y preguntarle al cielo por qué no podía ser normal. El tiempo pasó y yo seguía sin poder entender quién era o porque era así, las miradas de decepción de mi abuela y de mis padres, la idea de que un joto estaba en la familia claramente no les agradaba.

Fue hasta la preparatoria, a la edad de quince años que todo pareció estabilizarse y el mundo pareció pintarse de arcoíris; al llegar a la prepa, finalmente pude ver ese mundo que se me había ocultado por mucho tiempo, poder ver que la gente como yo existía y que podían ser ellos mismos, chicos y chicas con ropas de colores extravagantes, con aretes, lentes llamativos y cabellos multicolor. La burbuja en la que había crecido finalmente se había roto para mostrarme un mundo hermoso dónde podías ser tú mismo y amar a quien quisieras porque nadie te iba a juzgar; eso pensé, pero me topé con el mundo real, el mundo dónde la gente se te queda viendo, dónde susurran y apartan la mirada como si fueras algo que no debería existir y luego ahí estaba nuevamente el acoso. Recuerdo que, en mi primer año, comencé a usar ropa un poco más colorida y cosas que no había usado antes como una camisa amarrada a la cintura, además de que usaba pulseras arcoíris, una tarde, caminaba hacia mi salón cuando unos chicos de años mayores comenzaron a gritarme y a decirme Adiós, nena y otros insultos como Pinche joto

Ser gay no es fácil y no lo será nunca; la forma en la que la gente conservadora te trata porque cometes un pecado que atenta contra la naturaleza y lo que desea Dios. ¿Realmente se cae en una falta religiosa al ser lgbt+? No, claramente no. Entrando en un campo más religioso, Dios acepta a todos tal cual son y lo único que le importa es que seas una buena persona, a él no le importa si la gente es gay, si usa faldas cortas o si tiene el cabello de colores, sólo quiere que puedas hacer del mundo un lugar mejor y menos caótico de lo que ya es. 

Ser gay no es fácil pero lo será en un futuro si la gente comienza a aceptar las diferencias y dejar de juzgar quien ama a quien. Mi familia actualmente me acepta cómo soy, no fue fácil pero se logró, desafortunadamente muchas personas LGBT+ no pueden pasar por el mismo camino y es por eso que se siguen haciendo marchas, es por eso que existe un día del orgullo, es por eso que se pide y se exige libertad, porque las personas no deberían esconderse, ni necesitar cambiar para encajar; las personas necesitan ser ellos mismos, ser libres, ser Barbie si ellos quieren. 

La homosexualidad no le hace daño a nadie, la homofobia sí.