EL INFIERNO ARTIFICIAL: UNA MIRADA A LA DECADENCIA HUMANA A TRAVÉS DEL VICIO

Jairo Castillo Vázquez, Promoción y Difusión Cultural

Por Jairo Castillo Vázquez

Cada uno somos nuestro propio demonio y hacemos de este mundo nuestro infierno.

Oscar Wilde.

 

El infierno es un espacio que remite de forma necesaria a aspectos negativos de la cultura humana. Desde su localización, que es generalmente la opuesta a la de los lugares en donde se descansa o se premian los buenos comportamientos, hasta las asociaciones que mantiene con el castigo, el dolor, la expiación, el sufrimiento eterno y el miedo. Claro que todo lo anterior se obtiene después de una vida de malos actos o de falsas religiones en algunos casos.

Nuestro autor Horacio Quiroga, escritor uruguayo de la corriente naturalista tal vez consecuencia de su trágica vida, plasma el infierno a un nivel más bello y horroroso: al plano de lo cotidiano provocando una catarsis en el lector[1]

Adicción (Del lat. addictĭo, –ōnis), se entiende como el hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna o algunas drogas tóxicas[2]. Quiroga en parte de su obra, nos muestra los influjos naturalistas propios de la escuela francesa al ser influenciado por Guy de Maupassant y el determinismo (ambiental)[3] de La novela experimental de Zola.

La corriente naturalista, en el caso de los escritores latinoamericanos, entre los que destaca Quiroga, no se reduce su cuento a un mero acto estético, sino que lo vuelve un catalizador para denunciar la decadencia de su sociedad, en el que uno de estos detonantes de la degradación social es el problema de las adicciones.

El argumento es simple: un sepulturero que a través del constante consumo de cloroformo, mantiene una conversación con “los restos” de un cadáver, mismos que alojan de manera increíble a un decadente hombrecillo amarillo, situado en la base del cráneo.

Quiroga desde un inicio deja en claro que su cuento tendrá como tema recurrente al vicio, convirtiéndolo en leitmotiv[4] y usándolo como medio para crear al personaje mencionado con anterioridad, que aparece en forma de hombrecillo amarillo, mismo que a su vez también sufre de adicción, en este caso, a la cocaína. El hombrecillo amarillo es un personaje muy particular, debido a que no existe (como mencioné anteriormente), es producto de la mente del sepulturero, pues al ser un consumidor recurrente del cloroformo, repercute en su salud y su percepción de la realidad haciéndolo alucinar, con lo que el determinismo naturalista hace su aparición.

El determinismo opera de una forma brutal al mostrarnos las consecuencias del abuso de sustancias de uso médico al grado de convertirlas en drogas; en el caso del sepulturero el cloroformo, y en el del hombrecillo amarillo la cocaína. Este aspecto es el que causa mayor impacto dentro del cuento ya que si hacemos una breve monografía del cloroformo advertimos lo siguiente:

Cuando son administrados oralmente, la duración de los efectos subjetivos de ambos fármacos alcanza entre dos y tres horas. Dosis bajas de éter producen una desinhibición controlable así como una sensación de que se aguzan los sentidos y el intelecto. Dosis medias y altas suscitan alucinaciones visuales y sobre todo auditivas, así como una marcada desinhibición que puede manifestarse en el terreno sexual. Su empleo crónico ocasiona dolores estomacales y vómitos, insomnio, irritabilidad, debilidad física y pérdida del impulso sexual. Generan dependencia física y psíquica considerable con un mes y medio de uso frecuente; producen tolerancia y sus respectivos síndromes de abstinencia pueden ocasionar desde postraciones nerviosas, hasta violentos delirium tremens con desenlaces fatales.[5]

 El vicio no sólo es usado como elemento para dar paso a un relato enmarcado, sino que es la temática y dueña de la historia de Quiroga. Ya desde que se produce la alucinación del sepulturero funge como un indicador de las clases sociales; el sepulturero con cloroformo y el hombrecillo con cocaína; se demuestra por primera vez con la intervención del narrador y posteriormente con el hombrecillo reiterando esta abismal diferencia en cuanto a calidad “Sí, es por la cocaína… ¿Y usted? Yo conozco ese olor… ¿cloroformo? -Sí -repuso el sepulturero avergonzado de la mezquindad de su paraíso artificial.”

Quiroga jamás deja de hablar de los males usuales que azotan a las sociedades (en este caso adicciones y enfermedades), ya que se sirve del hombrecillo amarillo y su relato al sepulturero la serie de peripecias que ocasionaron sus adicciones; primero morfina debido a la incapacidad de aceptar la muerte de sus hijos y esposa (difteria y derrame cerebral respectivamente) y finalmente con la cocaína. Esta desgracia se sigue transmitiendo de forma determinista en el caso de la segunda mujer, al mostrarnos que es adicta al olor de Jicky, la primera fragancia moderna de la historia curiosamente, con lo que simultáneamente se produce un efecto de comparación al incluir dicha adicción al olor del perfume con la aspiración de cloroformo; la adicción juega entonces un papel de conciliadora, las sustancias fungen como salvador, hipnotizando a los sentidos ante la dureza de la realidad.

El naturalismo nos ofrece un realismo agrio y morboso, en donde Quiroga se inserta con facilidad en la posición de “experimentador”(Zolá 32), mismo que a través de sus personajes vuelve observador al lector de situaciones de la misma decadencia de la especia humana. Produciendo al partir de hechos verdaderos mostrando el mecanismo de los hechos, produce y dirige los fenómenos

Martha Herrero Gil menciona al respecto de Quiroga y el uso de las drogas lo siguiente:

se opone a la noción canónica de los paraísos artificiales de Baudelaire. Para el francés, la adicción a las sustancias derivaba del gusto del ser humano por lo absoluto, por el misterio, y de la errónea actitud de querer acercarse a él por el camino fácil, sin entrenar la voluntad y la disciplina espiritual. Para el rioplatense, la droga (en este caso la cocaína) no sólo no es capaz de acercar al consumidor a paraíso alguno, aunque artificial, sino que lo lleva directamente al infierno, trasciende los límites de la vida, y convierte al adicto en el ser más desgraciado que ha existido.(Herrero Gil 300-310)

La denuncia social en el cuento opera en dos niveles: en el problema de salud que suponen tanto las defunciones por falta de atención médica, así como las drogas. En el caso de las drogas, el sepulturero le sirve para sobrellevar la miseria económica en la que vive; por otra parte el hombrecillo amarillo resalta al dinero como auxiliar en el proceso de corrupción del burgués, ya que no respeta condición social o género, devastando al consumidor y a su entorno confrontándolo con su fatalidad, misma que es consecuencia de la fragilidad humana a la que se alude de forma constante en el cuento con la desintegración del núcleo de la sociedad, ya sea de forma natural o provocada, con lo que el ser humano cae en una profunda crisis, que sólo puede ser aceptada y mitigada con el consumo de sustancias.

El naturalismo es entonces, una corriente que tiene como fin el denunciar a través del horror y la degradación humana a los componentes que han fracasado en un intento de llevar una vida digna, ya sea por causa propia, o como consecuencia de la hostilidad de su propio ambiente. Una prueba de ello es este cuento de Horacio Quiroga, Infierno artificial, en donde a pesar de morir, el vicio jamás se puede dejar a diferencia del cuerpo como nos prueba el hombrecillo amarillo.

A continuación le adjunto el enlace para que lea el cuento y saque sus propias conclusiones: http://ciudadseva.com/texto/el-infierno-artificial/

Esperamos sus comentarios y sugerencias.

[1] entendida como la “purificación emocional, corporal, mental y espiritual […] […]Mediante la compasión y el miedo (eleos y phobos) los espectadores de la tragedia experimentarían la purificación del alma de esas pasiones” Aristóteles, Poética 1449b

[2] Tomado directamente de la RAE:  Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua Española. Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., Edición del Tricentenario, [en línea]. Madrid: Espasa, 2014

[3] El determinismo ambiental se define como el medio físico determina a las sociedades humana y sus niveles de desarrollo tanto en el ares socio-económica y cultural, por lo que los humanos deben adaptarse a las condiciones expuestas por el medio físico

[4] El leitmotiv es motivo que se repite constantemente en la narrativa, en nuestro cuento, las adicciones son el tema recurrente y que dan continuidad a la narrativa del mismo.

[5]Tomado de http://www.mind-surf.net/drogas/eter.htm