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Sobre escribir en el mismo idioma

Por Karen Delgado

Hace aproximadamente un año y medio recibí por correo una copia de Sitio a Eros de Rosario Ferré, con la expectativa de que encontraría respuestas a mis comunes interrogantes como ¿Las mujeres siempre escribimos sobre nuestras corporalidades? ¿Sólo filosofamos sobre lo que es o no ser una mujer? E incluso más inquietante ¿En qué momento pensamos que la escritura de las mujeres es poco relevante? Estas líneas me abrieron el panorama:

«Nuestra literatura se encuentra a menudo determinada por una relación inmediata a nuestros cuerpos: somos nosotras las que gestamos a los hijos y las que los damos a luz, las que los alimentamos y nos ocupamos de su supervivencia. […] Nos coarta la movilidad y nos crea problemas cuando intentamos reconciliar nuestras necesidades emocionales con nuestras necesidades profesionales. […] Es por esto que la literatura de las mujeres se ha ocupado en el pasado, mucho más que la de los hombres, de experiencias interiores, que tienen que ver con lo histórico, con lo social y con lo político.»

¿Cómo es posible que una colección de ensayos de hace más de cuarenta años describa algo tan similar con respecto a nuestras vidas en la actualidad? Me refiero a que, al ojo común, nuestra literatura es poco arriesgada, no aborda las situaciones peligrosas ni se involucra en otros terrenos. Maternamos, somos hijas y también somos hermanas, pero esas etiquetas no nos coartan a tener distintas visiones que no están peleadas con la imaginación ni la creatividad.

De manera personal conozco tantas escritoras que temen no ser lo suficientemente buenas como para ser publicadas por no tener los grados de estudio requeridos, ni acceder a ciertos privilegios que —sienten— son determinantes. En realidad, no es importante, una pluma y una hoja de papel bastan. Hablamos de nuestros cuerpos porque vivimos en ellos, pero nadie más puede hablar de ellos mejor que nosotras. Se siente bien, se siente propio y liberador. Ocuparemos infinitas páginas para describirnos y seguir explotando la idea de destruir la propia realidad, esta que va ligada a la política y lo que podría doblemente ignorarse tomando como base la premisa de «lo personal es político» de Carol Hanisch.

Las mujeres siempre hemos hecho política desde los roles asignados y cuando los cuestionamos lo hacemos al doble, que las filas del «otro tipo de política más común» no hayan sido paritarias ni beneficiosas a lo largo de la Historia, son otras palabras. El lenguaje es político, por eso hablar de nosotras como escritoras es el primer paso para la emancipación.

Algo en mí en algún momento pensó en intentar con otro arte. A mí siempre me había gustado escribir, pero no encontraba la forma ni el momento, mucho menos saber de qué hablar. Hice poemas que redundaron en lugares comunes y muchos textos que no tenían fin. Luego, llegó la oportunidad de escribir y fue cuando decidí hacerlo: un ensayo íntegro que hablaba sobre los objetos que me rodeaban en el momento que lo estaba haciendo. Interesante ¿no?, una breve explicación de una taza, del techo y de mis propios libros, tal vez eso no habría sido lo determinante para aquella vez que logré estar cerca de jóvenes que ya eran escritores con trayectorias multidisciplinarias y tenían edades similares a la mía. Curiosamente, la persona que me envió el ensayo de Rosario me recalcó que había sido de su agrado mi forma de escribir y que me era necesario leerlo porque ya tenía las bases y el ímpetu. si no hubiera sido porque comencé a relacionarme con escritoras y mujeres que se dedican a las artes, no me habría decidido a intentarlo, soy el resultado (y muchas más lo son) de la lucha de nuestras antecesoras. Está por demás decirlo, pero sueño que algún día podamos ser leídas y reconocidas sin tener el temor que nuestros nombres signifiquen menor número de ventas y debamos abreviarlos. Escribir y persistir en el medio es un acto de resistencia. Ahora, cuento con una extensa lista de escritoras y filósofas de todo el mundo que siguen pareciéndome eternas por descubrir, pero hablamos y nos reconocemos en el mismo idioma y lo agradezco profundamente, es algo que jamás me va a cansar. Escritoras y no escritoras vivas del siglo XXI: léanse, escríbanse. Una querida amiga siempre hace esta cita de Virginia Woolf dicha en Una habitación propia: Escribid, mujeres, escribid, que durante siglos se nos fue negado.