Jairo Castillo Vázquez, Promoción y Difusión Cultural

LA VIDA EN MÉXICO DURANTE UNA RESIDENCIA DE DOS AÑOS EN ESE PAÍS. (Paula Kolonitz)

Por Jairo Castillo Vázquez

Es importante situar a la escritora en su periodo socio histórico para poder analizar lo que ella plasmó en cada una de sus epístolas. Llegó junto con su esposo al país en 1839 y ya para ese tiempo el país había sido escenario de acontecimientos que hicieron que el país se sumiera en el desorden y la inseguridad[1]

En la lectura Madame menciona (aspecto constante en un texto de viajeros) sus impresiones al llegar a otro mundo, desembarcando y mencionando las carencias a las que uno se atiene cuando se viaja por mar, en donde destaca que hay mejores formas de viajar por ultramar como el barco de vapor y el barco de vela.

Como buena mujer aristócrata describe  las costumbres imperantes de la sociedad de mexicana alta, así como los climas, las características de los habitantes y sus hogares. Es imprescindible no emitir juicios de valor respecto a los comentarios emitidos por la escritora, ya que hay casos como en su desembarco en el capítulo IV en donde lo primero que llama su atención en esta nueva tierra es el color de los nativos, entre los que destacaban el indio, el negro y el mestizo. Si bien es cierto que en un principio sus apuntes son meramente superficiales, con el devenir de las epístolas logra adquirir una sensibilidad que se va acrecentando.

 La visión que tiene respecto al indígena, es uno de esos puntos en los que Madame hace una evolución respecto a sus primeras epístolas ya que sus descripciones respecto al mismo logran acaparar un considerable espacio en sus cartas y enriquecen de una manera considerable el contenido; cuando visita la catedral de la Ciudad de México, hace una perfecta alegoría del sincretismo entre los tres mundos existentes de la época: el pasado indígena con la leyenda de la piedra de sol y el nacimiento del dios Huitzilopochtli[2] que está encadenado con el pasado español reciente, representado con la catedral que finalmente desemboca en el mestizaje y la creación por consecuente del mexicano actual[3]

Otro aspecto que Madame rescata en sus textos es la cocina mexicana, la cual le genera un amplio gusto, resaltando aspectos alimentarios de la cultura mexicana aludiendo una vez más a los sincretismos por medio de su corta pero detallada descripción del alimento  y por supuesto de la bebida que han acompañado  estas tierras desde tiempos inmemoriales: la tortilla, el chile y el pulque.

La burla, discreción e ironía son también una constante en el texto, ya que la autora al ser la esposa de un diplomático, podía haber ocasionado serios problemas al mismo, debido a los comentarios acerca de los habitantes con los que tuvieron un contacto directo con lo que en ocasiones deja entrever un poco de sus opiniones y posturas políticas por medio de comparaciones de tipo animalescas (al referirse a los zopilotes) o algo un poco más explícito al referirse a una nueva generación que ha dejado atrás a la clase docta del Virreinato, para convertirse en la clase imperante durante la estancia de Madame, generación inculta y que ha subido por los constantes golpes de estado y problemas republicanos, no por méritos, valiéndose de las joyas como repuesto de esta falta de clase.

Crea incomodidad al referirse a las clases bajas o sirvientes mexicanas al tacharlos de perezosos y de comodines, al sólo necesitar lo indispensable para vivir diariamente, aunque no parece que salga mucho de la realidad juzgando la situación del país y de las marcadas diferencias entre las clases altas  bajas.

Mantiene un estilo sobrio de escritura al estallar el conflicto entre Gómez Farías y Anastasio Bustamante, en donde destaca las muertes de civiles nacionales y extranjeros a manos del conflicto y de maneras violentas y desafortunadas, informándonos respecto a las posturas y movimientos de ambas partes del conflicto por asumir el liderazgo del país.

La autora es sin duda un personaje controversial en la construcción de la identidad mexicana a partir de la visión del otro, del extranjero, el cual desarrolla una serie de pensamientos los cuales pudieron haber causado una serie de disgustos a la estirpe nacionalista, pero que como documento reconstructor del México republicano del siglo XIX, es invaluable.

[1] El país había vivido tres guerras: la de Independencia, la de Texas y la de los Pasteles. La Hacienda Pública enfrentaba al problema de la falta de recursos económicos, vivía en un perpetuo estado de bancarrota y dependía de los préstamos externos e internos. Desde 1830 comienza un largo periodo de inestabilidad política, caracterizado por la constante sucesión de presidentes moderados y liberales de la que fue testigo la señora Calderón de la Barca. Desde su llegada a México, el matrimonio Calderón fue recibido por personajes como Guadalupe Victoria y Antonio López de Santa Anna. La fama política y sobre todo, literaria de don Ángel Calderón de la Barca le valió el acceso a cerradas cúpulas de poder desde las cuales la autora construyó su visión del país.

[2] Es un leitmotiv el uso de las leyendas en Madame Calderón ya que para ella es una fuente de asombro inagotable, así como una perpetua fuente de recopilación de datos acerca de México y sus costumbres.

[3] Es interesante la forma en que Madame retrata la forma en que estos dos pasados conviven respecto al posicionamiento haciendo una suerte de alegoría o metáfora: “al salir vimos el Calendario Azteca, piedra redonda cubierta de jeroglíficos, que todavía se conserva  y está empotrada en uno de los lados exteriores de la Catedral […]” p.65 en donde pareciera que el sincretismo se lleva tanto dentro de la Catedral, así como en el exterior al apoyarse una (Calendario Azteca) sobre la otra (Catedral).

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