Complejidad Social (Derecho, Economía y Política), Fernanda Labastida Sánchez

El ciclo de la sociedad

Por Fernanda Darinka Labastida Sánchez

Comunicarse y vivir en sociedad son dos actividades tan básicas y fundamentales para el humano como lo son respirar o comer. Desde que llegamos a este mundo lo primero que percibimos es que no estamos solos y la necesidad de contacto con los demás.

Fernando Savater, en su libro Política para Amador, dijo: “la sociedad nos sirve, pero también hay que servirla…”. Al pasar los años esto se vuelve más complejo y no precisamente porque cambie el mundo, lo que sucede es que poco a poco nuestras obligaciones se vuelven mayores, específicamente me refiero a nuestro deber como ciudadanos, no sólo de nuestro país, sino del mundo.

Cuando somos pequeños dependemos completamente de las decisiones adultas y lo que estas puedan brindarnos para nuestro bien. Al crecer y convertirnos en esos adultos no podemos simplemente pasar de largo cuando algo anda mal en nuestra sociedad, ahora tenemos la capacidad de actuar por y para el bien de todos.

Esto se llama actitud política, en la que debemos llegar a acuerdos entre todos sobre lo que afecta a muchos. Por lo tanto, quiero hacer hincapié en que no basta la ética y nuestra percepción personal de lo que está bien y está mal. En política se trata de convencer y, al mismo tiempo, tener la mente abierta a nuevas ideas. Todo esto en pro de mejorar como sociedad.

Ninguno de nosotros tiene la verdad absoluta, pues nuestra historia se compone de ensayo y error para poder evolucionar, sin embargo en el camino ha habido cambios graduales que nos permiten hoy en día gozar de ciertos derechos que antes eran inconcebibles.

Los más jóvenes, conocidos como generación millennial y generación Z, somos considerados generalmente como irreverentes, desinteresados y extremadamente sensibles. La realidad es que somos las generaciones que poco a poco hemos roto esquemas dañinos para la sociedad y eso es difícil de aceptar por aquellos que crecieron en un mundo distinto.

Un ejemplo es que nosotros vivimos, e incluso muchos nacimos, en medio del boom del Internet y las nuevas tecnologías, herramientas que nos permiten comunicarnos de una manera cada vez más rápida y sencilla. En cambio, nuestros padres y abuelos pasaron por un proceso de adaptación y aprendizaje a un nuevo modo de vida completamente distinto a aquel en el que ellos crecieron. Lo mismo pasa con las luchas sociales, sus causas no son las mismas que hace cincuenta años porque las circunstancias ahora son otras.

Actualmente hay niños, adolescentes y adultos jóvenes que son activistas de temas que van desde el calentamiento global hasta el feminismo. Nuestra lucha recae en el hartazgo de tabúes absurdos y la búsqueda de la igualdad.

Para cerrar, quiero retomar la parte de la actitud política para señalar que aunque los demás consideran que no le damos importancia a las problemáticas del mundo y vivimos más preocupados por los likes de nuestra última foto publicada en Instagram, los más jóvenes somos quienes estamos haciendo política. Alzando la voz, marchando en las calles, trabajando y proponiendo nuevas políticas públicas; con pequeñas o grandes acciones, siendo el cambio.

Así que sí, la rebeldía es un rasgo característico de nuestra generación, pero recordemos que ningún cambio radical en nuestra historia se ha logrado sin esta. Y no es que seamos “demasiado sensibles” o “fáciles de ofender”, lo que sentimos se llama empatía y con el tiempo hemos tirado los muros que nos dividen.

Estándar