Archivo de la categoría: Feminismos y equidad de género

Sobre escribir en el mismo idioma

Por Karen Delgado

Hace aproximadamente un año y medio recibí por correo una copia de Sitio a Eros de Rosario Ferré, con la expectativa de que encontraría respuestas a mis comunes interrogantes como ¿Las mujeres siempre escribimos sobre nuestras corporalidades? ¿Sólo filosofamos sobre lo que es o no ser una mujer? E incluso más inquietante ¿En qué momento pensamos que la escritura de las mujeres es poco relevante? Estas líneas me abrieron el panorama:

«Nuestra literatura se encuentra a menudo determinada por una relación inmediata a nuestros cuerpos: somos nosotras las que gestamos a los hijos y las que los damos a luz, las que los alimentamos y nos ocupamos de su supervivencia. […] Nos coarta la movilidad y nos crea problemas cuando intentamos reconciliar nuestras necesidades emocionales con nuestras necesidades profesionales. […] Es por esto que la literatura de las mujeres se ha ocupado en el pasado, mucho más que la de los hombres, de experiencias interiores, que tienen que ver con lo histórico, con lo social y con lo político.»

¿Cómo es posible que una colección de ensayos de hace más de cuarenta años describa algo tan similar con respecto a nuestras vidas en la actualidad? Me refiero a que, al ojo común, nuestra literatura es poco arriesgada, no aborda las situaciones peligrosas ni se involucra en otros terrenos. Maternamos, somos hijas y también somos hermanas, pero esas etiquetas no nos coartan a tener distintas visiones que no están peleadas con la imaginación ni la creatividad.

De manera personal conozco tantas escritoras que temen no ser lo suficientemente buenas como para ser publicadas por no tener los grados de estudio requeridos, ni acceder a ciertos privilegios que —sienten— son determinantes. En realidad, no es importante, una pluma y una hoja de papel bastan. Hablamos de nuestros cuerpos porque vivimos en ellos, pero nadie más puede hablar de ellos mejor que nosotras. Se siente bien, se siente propio y liberador. Ocuparemos infinitas páginas para describirnos y seguir explotando la idea de destruir la propia realidad, esta que va ligada a la política y lo que podría doblemente ignorarse tomando como base la premisa de «lo personal es político» de Carol Hanisch.

Las mujeres siempre hemos hecho política desde los roles asignados y cuando los cuestionamos lo hacemos al doble, que las filas del «otro tipo de política más común» no hayan sido paritarias ni beneficiosas a lo largo de la Historia, son otras palabras. El lenguaje es político, por eso hablar de nosotras como escritoras es el primer paso para la emancipación.

Algo en mí en algún momento pensó en intentar con otro arte. A mí siempre me había gustado escribir, pero no encontraba la forma ni el momento, mucho menos saber de qué hablar. Hice poemas que redundaron en lugares comunes y muchos textos que no tenían fin. Luego, llegó la oportunidad de escribir y fue cuando decidí hacerlo: un ensayo íntegro que hablaba sobre los objetos que me rodeaban en el momento que lo estaba haciendo. Interesante ¿no?, una breve explicación de una taza, del techo y de mis propios libros, tal vez eso no habría sido lo determinante para aquella vez que logré estar cerca de jóvenes que ya eran escritores con trayectorias multidisciplinarias y tenían edades similares a la mía. Curiosamente, la persona que me envió el ensayo de Rosario me recalcó que había sido de su agrado mi forma de escribir y que me era necesario leerlo porque ya tenía las bases y el ímpetu. si no hubiera sido porque comencé a relacionarme con escritoras y mujeres que se dedican a las artes, no me habría decidido a intentarlo, soy el resultado (y muchas más lo son) de la lucha de nuestras antecesoras. Está por demás decirlo, pero sueño que algún día podamos ser leídas y reconocidas sin tener el temor que nuestros nombres signifiquen menor número de ventas y debamos abreviarlos. Escribir y persistir en el medio es un acto de resistencia. Ahora, cuento con una extensa lista de escritoras y filósofas de todo el mundo que siguen pareciéndome eternas por descubrir, pero hablamos y nos reconocemos en el mismo idioma y lo agradezco profundamente, es algo que jamás me va a cansar. Escritoras y no escritoras vivas del siglo XXI: léanse, escríbanse. Una querida amiga siempre hace esta cita de Virginia Woolf dicha en Una habitación propia: Escribid, mujeres, escribid, que durante siglos se nos fue negado.

Algo llamado sororidad

Por Jacqueline Miranda de los Santos 

¿Has notado cómo se detiene esta apresurada ciudad o incluso el pueblo más quieto cuando alguien irrumpe tu esfera porque piensa tener derecho sobre ti o tu cuerpo? El reloj se detiene unos breves segundos cuando caminas por la selva de asfalto y alguien toca tu cuerpo como si fuera suyo, la ciudad se inquieta cada vez que una mujer es violada sólo porque sí, el país se incendia cada que encontramos a una más sin vida, con rasgos evidentes de odio, una sonrisa arrebatada, un sueño destruido, una existencia no solo pausada sino apagada; ¿has notado todo esto?

Me hubiera gustado llegar al feminismo años más temprano, porque tal vez hubiera entendido lo que pasaba y estaba mal con mis compañeras de secundaria, todos pensamos que era normal que un padre o un padrastro te agrediera. Me hubiera gustado saberlo cuando en preparatoria mis compañeras empezaron a ser sexualmente activas y el consentimiento ni siquiera estaba plenamente comprendido. Me hubiera gustado serlo en la universidad cuando los maestros nos decían cosas incómodas y por miedo a reprobar nos quedamos calladas. 

Siempre me irritó el sistema patriarcal, me irritó pensar que una mujer debe cumplir estándares de belleza, maquíllate pero no mucho, arréglate y luce femenina, pero no exageres el escote, no digas vulgaridades, toma un curso de cocina el amor entra por el paladar, se ordenada y mantén la casa limpia, no uses el cabello demasiado corto, no hables demasiado alto, no brinques, no corras, no rayes, no te enfurezcas… 

El primer acercamiento contundente al feminismo fue en los últimos semestres de la carrera y decidí portar un estandarte un poco más amplio cuando en una cena de navidad la persona que era mi jefa en ese momento tiró el chocolate, su novio la miro y ella en automático pidió perdón, la investidura de una de las mujeres que había sido un referente académico para mi estaba reducido a un niña pequeña que podía ser sometida por el yugo de su pareja sólo porque no había sido lo suficientemente delicada, meses más tarde rasguños, quemaduras, moretones y una herida en la cabeza, al final se casaron y después de años se divorciaron, él mostró ser todo lo que los demás sabíamos que era y que ella se negó a ver. Yo nunca pude decirle que me hubiera gustado ser un soporte para ella. 

Años más tarde durante el posgrado, me autodenomine feminista, pero no radical porque aún pensaba que eso de rayar, pintar, destruir, gritar estaba mal. Las clases servían mucho como foros de discusión sobre diversos casos como el de Tamara de Anda y aún con todo el tema y todas las lecturas había compañeros que jamás comprendieron que el consenso es algo que depende de los límites de cada uno de nosotros; ¿Por que Tamara aceptó un “hola guapa” del dueño de un antro y no el “guapa” de un taxista? La respuesta es sencilla y no se limita a que el dueño del antro sea blanco, rico y guapo, sino a la intención y la forma de expresarlo, desde antes y hasta la actualidad una mujer se siente insegura en la calle así estés en Tepito o en Polanco cualquier lugar es peligroso y hay posibilidad latente de ser acosada, violada o hasta asesinada, un grito en la calle es agresivo e incluso peligroso y no depende de la posición social o económica, depende de las circunstancias. La catarsis llegó cuando en la UNAM, en CU sucedió el feminicidio de Lesvy; fue mi primer marcha y aún cuando pensaba que rayar no estaba bien, comprendí al día siguiente algo fundamental y real: las pintas ya no estaban, las habían borrado, la universidad posiblemente invirtió unos miles de pesos para que todo quedara en orden y todo estaba en aparente normalidad pero la vida de Lesvy, no había vuelto, no iba a poder volver a casa y abrazar a su mamá, no iba a poder disfrutar las banalidades de la vida, entonces el reloj se detuvo, Ciudad Universitaria quedó en silencio y la Ciudad me pareció que ardía. 

Días transcurrieron y 9 mujeres morían cada día, habían más marchas y más gente indignada porque el Metrobús tenía pintas y las calles igual, las calles volvían a ser lo que eran, pero ellas no volvían. Hay ya demasiados sueños rotos, inconclusos y relojes detenidos para que esta lucha se piense política, porque desde hace años mueren mujeres y creer que las feministas son piezas en un tablero que se mueven por fuerzas políticas para agredir al presidente, es francamente incongruente; al día de hoy mantenemos un taza diaria de 11 feminicidios y cada que un corazón deja de latir, cada que se escapa la mirada de una de ellas, el reloj de este apresurado país se detiene, se pausa breves segundos, hoy sé que si soy la próxima el reloj que noto que se detiene parará, sé que ellas saldrán a buscarme y de ser necesario quemaran la ciudad porque mi vida, nuestras vidas valen más que cualquier monumento, rayón o cristal roto. ¿Hay una forma correcta de manifestarse? aun cuando no sólo te violan, te matan te dejan en partes en la vía pública y no importa si tienes 7, 20 o 60 años, ninguna está a salvo, nadie sabe si regresará a casa. ¿Debemos pedir a caso por favor hagan algo? ¿Debemos pedir perdón por cruzarnos con un violador? ¿Debemos pedir perdón por ser libres? Pedir disculpas por ser mujer, por buscar mejores condiciones sociales. 


Después de que el reloj se detuvo varias veces, entendí una palabra llamada sororidad y es que seremos las voces de las que fueron silenciadas, seremos las piernas de las que ya no están para marchar, seremos la voz para hacer justicia, seremos el soporte de otras chicas que son violentadas, seremos la fuerza que luche hoy, mañana y siempre.

¿Cómo es ser gay?

Por Leobardo Palacios.

La homosexualidad no está penada en México, sin embargo, se sigue discriminando a las personas por su orientación sexual y lo más doloroso es cuando son las mismas familias quienes incurren en estos actos. ¿Por qué es tan difícil entender que dos personas se aman sin importar su género? ¿Por qué no aceptar que hay personas que no se sienten a gusto con sus cuerpos? ¿Por qué es tan difícil para la sociedad poder ser empática con otros? 

Nuestro país es extremadamente machista, religioso y homófobo pero creo que el mayor error que hay en la sociedad es la ignorancia. 

México es el segundo país en América Latina con más crímenes de homofobia sólo después de Brasil. En nuestro país hay  familias que sacan a sus hijos lgbt+ de casa para que no sean una deshonra y/o vergüenza, en las escuelas el bullying no es detenido porque no “violan la normativa escolar” y en los trabajos son rechazados y esta el claro mito de que, por ser homosexual tendrás VIH seguramente. ¿Por qué a las familias les importa tanto que uno de sus hijos o miembros resulte ser de la comunidad? ¿Hace algo mal? ¿Robó, asesinó o violó a alguien? No, pero a pesar de esto las familias prefieren hacer eso antes de tener a hijos así y es triste que las personas en las cuales pensabas que podías confiar del todo y  se supone que te tenían un infinito amor te demuestran lo contrario o se vuelven hacia ti. 

Se cree que la homosexualidad es una práctica que no es normal y que se aprende. Sin embargo, es algo que se descubre desde temprana edad, yo desde los ocho años sentía que algo no cuadraba con los estándares de varón que se me presentaban, los estereotipos típicos como los juguetes y cosas que los niños deberían  usar, los tonos que se deben usar o incluso el tono de voz y posturas al sentarse que se espera debe tener un hombre. Nací y crecí en una familia altamente religiosa, donde todos los Domingos se acudía a misa, en cada cumpleaños se debía ir a agradecer un año más de vida al templo y en cada festividad como Semana Santa o Navidad se iba a rezar. 

Desde siempre me enseñaron que rezar era la respuesta a todos los males, solucionaba los momentos difíciles, las trabas en el camino y las enfermedades que se pudieran presentar; yo pensaba que estaba enfermo, a mis ocho años rezaba todas las noches con lágrimas en los ojos sin poder entender ¿por qué simplemente las chicas no me gustaban como se suponía que debía ser? me esforzaba por encajar, por no mostrar mis gustos pero al final del día nunca lo lograba y siempre seguía ese bullying constante acompañado de palabras como joto o maricón. Y nuevamente volvía a aquel círculo, rezar, llorar y volver a intentarlo, volver a intentar tener novia para sentirme normal y que las burlas pararan aunque fuera por una semana, pero era volver a fallar, volver a intentarlo, rezar con más fuerza, llorar más, volver a rezar y volver a intentarlo sin éxito. 

Tan sólo era un niño al cual nunca le habían enseñado que ser diferente es normal, que ser gay está bien y que no sentirse normal también estaba perfectamente bien. Crecí y los sentimientos de represión, siguieron creciendo. Al entrar a Secundaria tuve miedo de lo que podía pasar, era una experiencia nueva, con gente nueva y un terreno que parecía enorme y desconocido, dónde la palabra joto seguía siendo un insulto y aún se debía de fingir. Que si no jugabas fútbol eras menos hombre, que llorar era sólo para las niñas y tan sólo que te gustará cierto tipo de música te hacía joto

Cuando tenía doce años, fue cuando sentí que mi mundo se cayó en mil pedazos, mi familia había descubierto que era gay por mensajes en mi teléfono y parecía que todo iría de mal en peor. Las típicas preguntas y comentarios como ¿Qué te pasó? Tú no eras así ¿Qué hicimos mal? ¿Por qué te desviaste? y las soluciones que en ese entonces me parecían tontas y me seguirán pareciendo tontas Llévalo al psicólogo, quítale al celular para que deje de ver tonterías, hay que llevarlo a un exorcismo. Y nuevamente era rezar y llorar, rezar con más fuerza y preguntarle al cielo por qué no podía ser normal. El tiempo pasó y yo seguía sin poder entender quién era o porque era así, las miradas de decepción de mi abuela y de mis padres, la idea de que un joto estaba en la familia claramente no les agradaba.

Fue hasta la preparatoria, a la edad de quince años que todo pareció estabilizarse y el mundo pareció pintarse de arcoíris; al llegar a la prepa, finalmente pude ver ese mundo que se me había ocultado por mucho tiempo, poder ver que la gente como yo existía y que podían ser ellos mismos, chicos y chicas con ropas de colores extravagantes, con aretes, lentes llamativos y cabellos multicolor. La burbuja en la que había crecido finalmente se había roto para mostrarme un mundo hermoso dónde podías ser tú mismo y amar a quien quisieras porque nadie te iba a juzgar; eso pensé, pero me topé con el mundo real, el mundo dónde la gente se te queda viendo, dónde susurran y apartan la mirada como si fueras algo que no debería existir y luego ahí estaba nuevamente el acoso. Recuerdo que, en mi primer año, comencé a usar ropa un poco más colorida y cosas que no había usado antes como una camisa amarrada a la cintura, además de que usaba pulseras arcoíris, una tarde, caminaba hacia mi salón cuando unos chicos de años mayores comenzaron a gritarme y a decirme Adiós, nena y otros insultos como Pinche joto

Ser gay no es fácil y no lo será nunca; la forma en la que la gente conservadora te trata porque cometes un pecado que atenta contra la naturaleza y lo que desea Dios. ¿Realmente se cae en una falta religiosa al ser lgbt+? No, claramente no. Entrando en un campo más religioso, Dios acepta a todos tal cual son y lo único que le importa es que seas una buena persona, a él no le importa si la gente es gay, si usa faldas cortas o si tiene el cabello de colores, sólo quiere que puedas hacer del mundo un lugar mejor y menos caótico de lo que ya es. 

Ser gay no es fácil pero lo será en un futuro si la gente comienza a aceptar las diferencias y dejar de juzgar quien ama a quien. Mi familia actualmente me acepta cómo soy, no fue fácil pero se logró, desafortunadamente muchas personas LGBT+ no pueden pasar por el mismo camino y es por eso que se siguen haciendo marchas, es por eso que existe un día del orgullo, es por eso que se pide y se exige libertad, porque las personas no deberían esconderse, ni necesitar cambiar para encajar; las personas necesitan ser ellos mismos, ser libres, ser Barbie si ellos quieren. 

La homosexualidad no le hace daño a nadie, la homofobia sí.

Feminista de familia machista

Por Brenda Paola Sánchez Sánchez

Se creería que los actos de violencia son algo que llega esporádicamente en alguna etapa adulta de nuestra vida, sin embargo estos nos acompañan desde muy jóvenes y se van normalizando porque crecemos inmersos ellos, ¿cuántas veces no hemos escuchado dentro de nuestras propias casas, de boca de nuestros padres y/o familiares las siguientes frases? “Su lugar está en la cocina”, “Ya sabe cocinar, ya se puede casar”, “Eso no es de señoritas”, “El rosa es de niñas”, “Búscate un marido para que te mantenga”, “Ya se te está yendo el tren”, “Vas a ser una mujer realizada hasta que tengas hijos”, entre otras tantas con las que nos han bombardeado y adoctrinado hasta hacernos creer que eso es el ideal para nosotras como mujeres, algunas de estas creencias están basadas en lo llamado moralmente correcto mientras se les acompaña de machismo puro, asignándonos ya un lugar, ocupaciones y una meta en la vida que va encaminada a ser ama de casa y procrear bajo un comportamiento socialmente aceptable, una sociedad claramente machista.

Es impensable que nuestra propia familia nos minimice por el simple hecho de ser mujeres pero estos actos pueden ser tan sutiles que los adoptamos y repetimos generación tras generación haciendo caso omiso a la forma en que estos pequeños gestos sexistas se van perpetuando casi desapercibidamente. A los roles de género o como ahora se les conoce “micromachismos”, que no por su tamaño les debemos restar importancia, derivan en total machismo y el asignarles otro nombre que los minimiza solo es el eufemismo del patriarcado para disfrazar lo que siempre ha sido machismo puro.

¿Por qué asignarnos un color? El rosa por lo regular va acompañado de adjetivos como bonita o princesa que refieren un contexto de fragilidad y a la constante historia de que debemos ser rescatadas por un hombre que está relacionado al azul ya que va acompañado de fortaleza y valentía.

¿Por qué sentirnos afortunadas si nuestra pareja nos ayuda en las labores del hogar? ¿Qué no se supone que ambos viven en una misma casa y deben ser adultos funcionales? Es decir, que ambos deberían estar capacitados para llevar a cabo cualquier labor doméstica y que por el simple hecho de ambos ser habitantes de un hogar el trabajo dentro de él debería ser equitativo y no estar asignado por completo a nosotras por el hecho de relacionar estas actividades a los roles de género de la mujer.

Así podríamos enumerar un sin fin de actitudes que empiezan con micromachismos y que conforme vamos creciendo adoptamos como una regla general que debe regir nuestras vidas, la cual que vemos con total normalidad y sino rompemos esa línea crecemos con la idea de que, por ejemplo al no tenemos hijos no servimos como mujeres, que necesitamos un hombre para estar completas o que el matrimonio es la mayor aspiración de una mujer; pero llega un momento en el que nuestra mente y nosotras encontramos un camino donde ya no es necesario que nadie nos oriente y podemos conseguir esa independencia ideológica que tanto buscamos todos y decidimos qué aplicar a nuestra forma de vida y romper con esa cadena de actitudes que por años e históricamente nos ha reprimido y minimizado.

Es difícil ser o convertirse en una mujer feminista cuando vienes de un hogar marcado por tintes machistas pero no es imposible romper los lazos que nos atan a perpetuar estas acciones. Lo primero es identificarlas y dejar de minimizarlas pues en el momento que no les damos la importancia debida o pensamos que es algo tan pequeño que no nos hace tanto daño las seguiremos llevando a otro plano de nuestras vidas, siendo reprimidas desde lo ideológico para después llevarlo a la práctica en otros aspectos más grandes pues una simple frase como “corres como una niña” o “lloras como niña” nos taladra la cabeza, la repetimos sin darle mayor importancia pero si lo analizamos refieren a que debilidad es sinónimo de ser mujer y por el lado que se vea está mal y seguramente más de una de nosotras lo ha dicho inconscientemente, eso son los micromachismos que construyen dentro de nosotras barreras que nos impiden vernos fuera de un futuro libre de estereotipos limitadores.

En el momento que derribemos esas barreras nos abriremos a la posibilidad de crecer y poder compartir con la sociedad una visión más incluyente, donde dejemos de ser sinónimo de fragilidad y se nos comience a ver con fortaleza; generemos empatía dejando de normalizar actos violentos ya sea físicos o verbales, no compartamos mensajes en forma de chistes en redes sociales que aunque muchas veces se manejan  como inofensivos son el pequeño conducto para hacer más que notorio que es una costumbre y por lo tanto está permitido hacer de esto una mofa.

No somos la generación de cristal, somos la generación del cambio, esto es un tema que nos ocupa y preocupa a todos y si por muchos años se acostumbró hacer de la violencia un tema de risa hoy se ha decidido acabar con eso, deconstruirnos para desaprender cada uno de estos micromachismos que tenemos todos interiorizados y es responsabilidad de cada uno trabajar en ello.

ABLACIÓN -LA PESADILLA DE LAS MENORES MUSULMANAS-

ACCIONES, ESTRATEGIAS, LEY.

Por Ariadna Lizbeth Cruz Martínez

El término más conocido dentro del contexto de este artículo es el de Circuncisión femenina, dentro del argot cultural es denominado excisión, ya que determinarlo como mutilación genital es rechazado por muchas etnias y/o culturas.

Dentro del contexto Internacional esta situación es una transgresión a los derechos de la mujer, ya que dicho procedimiento consiste en la eliminación total o parcial de los genitales femeninos, u otro tipo de lesiones en éstos órganos por razones culturales o prácticas no terapéuticas[1].

Sería egoísta no hablar de este tema sólo por no ser parte de esta cultura o por estar lejos de las regiones donde se practica; es terrible justificar la praxis sólo por razones de fe, de cultura o de normas sociales, no es un desprecio a sus costumbres, es poner sobre la mesa un tema que como práctica lastima y daña a niñas y mujeres.

Es una lucha para eliminar las condiciones de sometimiento que hacen a las mujeres ser seres discriminados, humanos sin derechos que a la vez continúan en silencio. Mujeres egipcias entre los 15 y los 49 años conforman el 70 % de la población que ha sido sometida a este procedimiento antes de cumplir los 12 años, siendo el rango de edad en niñas y adolescentes de 4 a 14 años o incluso en recién nacidas de un año. Una estadística hipotética, según las Naciones Unidas en 2014, estimó que 86 millones de mujeres de los 27 países Africanos, así como en partes de Asia y Oriente Medio donde está sumamente arraigada dicha práctica, podrían morir en el año 2030.

Es común que quien obliga a llevar a cabo esta praxis en dichas culturas, sea otra mujer, comúnmente es la madre quien somete a su hija o hijas a la mutilación genital en algunas de las regiones en donde se lleva a cabo. Es necesario centrarnos en el argumento de que dicha práctica constituye violencia en contra de las mujeres y niñas, ya que se realiza con el fin de que cuando sean esposas no sean infieles, o incluso para que su virginidad llegue intacta hasta el matrimonio y así contar con la aprobación de Dios.

Siendo sinceros las menores no suelen tener la posibilidad de escoger si son o no sometidas a prácticas tradicionales peligrosas y que se contraponen a su derecho de integridad y decisión sobre su propio cuerpo, tendiendo a legitimar este tipo de acciones. Es el simple y complejo hecho de generar conciencia y poder difundir información sobre los daños que hay en la Mutilación Genital Femenina (MGF).

Gracias al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF por sus siglas en inglés), en acciones conjuntas con países como Egipto, Senegal, Somalia o Sudán, se han promulgado leyes que penalizan prestar apoyo para realizar éstas prácticas, así mismo se ha creado un plan de acción y una estrategia nacional que consiste en la capacitación a trabajadores de la salud, maestros, profesionales de comunicación, representantes de ONG que brindan apoyo a mujeres y dirigentes religiosos, para erradicar el acto de mutilar; también incluye la capacidad de los médicos, e incluso practicantes locales o ejecutores que lo heredan tradicionalmente, para tratar posibles complicaciones durante el parto y la facultad de rechazar esta práctica.

En el año 2016 se crea la Primera ley contra La Ablación, en Gambia, aprobada en diciembre de ese mismo año, en dicha norma se penaliza a los médicos que la realicen y a los padres que facilitan la práctica (Quintáns, 2020). En esta legislación se contempla:

  • Prisión de 7 años.
  • Prisión de 15 años si resulta en discapacidad o muerte.
  • Multa de 50,000.00 dólares.
  • Cárcel permanente en casos de fallecimiento de la menor.

Año 2020: partiendo de que el 22 de abril se estableció la Legislación Penal en Sudán donde se prohíbe; se da otro gran paso histórico. (Velarde, 2020) Quien lleve a cabo este tipo de práctica social, ya sea en un establecimiento médico o en otro lugar, ahora pueden enfrentar: (“In a Victory for Women in Sudan, Female Genital Mutilation Is Outlawed”, 2020) 3 años de prisión y una multa.

Se piensa que esta praxis tiene un respaldo:

  • Psicosexual.

Ejemplo: En República de Indonesia se dice que:

Las musulmanas a las que no se les realiza, no serán aceptadas por Dios.

Las niñas a las que NO se les han practicado; pueden sufrir problemas mentales y discapacidades.

  • Sociológico: Identificación con la herencia cultural, la iniciación de las niñas a la edad adulta, la integración social y la preservación de la cohesión (unión o relación) social.
  • Higiénico o estético: se considera que los genitales externos de la mujer son poco limpios y antiestéticos, y por tanto se eliminan para promover la higiene y proporcionar un atractivo estético.
  • Religioso: Bajo la creencia equivocada de que la religión lo exige, siendo que no en todos los casos es así.

Para concluir quiero hacer referencia al Informe del Secretario General de las Naciones Unidas titulado Guía general para la aplicación de la Declaración del Milenio manifiesta que:

“Cuando los derechos humanos fundamentales no están protegidos, los Estados y sus ciudadanos tienen más posibilidades de sufrir situaciones de conflicto, de pobreza y de injusticia. También indica que siguen siendo formas comunes de malos tratos.

(…)

Y todas las demás prácticas que estén basadas en la idea de inferioridad o superioridad o bien de los géneros o en funciones estereotipadas de los hombres y las mujeres.

HOJA DE DATOS: MUTILACIÓN/EXCISIÓN GENITAL FEMENINA, (2020) p. 2


REFERENCIAS

HOJA DE DATOS: MUTILACIÓN/EXCISIÓN GENITAL FEMENINA. (2020). Recuperado: 3 mayo 2020, de https://www.unicef.org/spanish/infobycountry/files/genitalfemenina.pdf

In a Victory for Women in Sudan, Female Genital Mutilation Is Outlawed. (2020). Recuperado: 3 mayo 2020, de https://www.nytimes.com/2020/04/30/world/africa/sudan-outlaws-female-genital-mutilation-.html

Quintáns, J. (2020). Gambia aprueba su primera ley contra la ablación. Recuperado: 3 Mayo 2020, de https://elpais.com/elpais/2016/02/05/planeta_futuro/1454693799_953731.html

Velarde, D. (2020). Sudán prohíbe la mutilación genital femenina y da un paso histórico hacia los derechos de la mujer » Intriper. Recuperado: 3 Mayo 2020, de https://intriper.com/sudan-prohibe-la-mutilacion-genital-femenina-y-da-un-paso-historico-hacia-los-derechos-de-la-mujer/?fbclid=IwAR1ILDtZ-d8d2-0lWvmYXAYKUEQmdC2hY7DHwUfG2fmem54kMGNO0lybnF0


[1] La mutilación / escisión genital de la mujer, ONU (mayo 2006) véase más en: https://www.unicef.org/spanish/protection/files/FGM_sp.pdf

Violencia de género: vivo con mi agresor

Por Brenda Paola Sánchez Sánchez

En el contexto actual escuchamos constantemente de mujeres que viven sometidas a violencia perpetrada por sus parejas y la pregunta inmediata que sale a la luz por la mayoría es ¿por qué lo permite? Este cuestionamiento no solo está mal por el hecho de revictimizarla (término que hace referencia a que se está convirtiendo en víctima de nuevo porque se le vuelve a agredir), sino porque desconocemos los diferentes factores que hacen que una mujer siga con su agresor a pesar de todo.

La violencia hacia las mujeres por parte de sus parejas o ex-parejas está caracterizada por algunos elementos que la diferencian de otros tipos de violencia interpersonal:

  1. El agresor y la víctima mantienen o han mantenido una relación afectiva y/o de convivencia. El agresor no es alguien desconocido.
  2. Los episodios de agresiones tienen un inicio temprano (comienzo de la convivencia, el embarazo, el nacimiento de las/os hijas/os, etc.).
  3. La cronicidad de la violencia es otro aspecto a destacar. Las mujeres afectadas por la violencia de sus parejas, suelen pedir ayuda después de una larga evolución de las agresiones.
  4. Otra característica es la repetición de los actos violentos. La asiduidad de las agresiones referidas nos indican que no se trata de episodios aislados, sino de un patrón de relación, en el que cíclicamente se producen fases de incremento de la tensión que culminan con la agresión a la mujer, dando paso a otra fase de calma aparente, cuya finalidad es lograr el control y la sumisión de la víctima.
  5. Las estrategias de las víctimas frente a la violencia pretenden evitar las agresiones, y las acciones que llevan a cabo (como la denuncia, la huida, la petición de ayuda a familiares y/o a los diferentes servicios, entre otras) tienen como objetivo, en la mayoría de los casos, el cambio conductual del agresor, objetivo que suele ser inalcanzable.
  6. Las repercusiones de la violencia en las mujeres afectadas abarcan un amplio abanico de manifestaciones en el plano psíquico como la indefensión aprendida, el síndrome de estrés postraumático, y el síndrome de la mujer maltratada, en los que se observan trastornos de ansiedad, depresión, disminución de la autoestima, pasividad, disminución de la capacidad de control sobre sus vidas y reexperimentación de los sucesos traumáticos, asociados a sentimientos de culpa y vergüenza. En la salud física, los efectos de la violencia se presentan de forma muy variable, desde las contusiones a las lesiones crónicas y el fallecimiento de mujeres en situación de violencia de género.  (Villanueva, 2012).

La acumulación de tensión es lo que produce las fricciones que conducen a todos los estallidos de violencia que forman un ambiente de hostilidad dentro de la convivencia en pareja, para terminar en un aparente arrepentimiento por parte del agresor, chantajes emocionales para conseguir el perdón a veces de manera inmediata, y esto depara en un círculo que inicia en la tensión y continua con creciente intensidad.

Sabemos que hay muchos tipos de violencia, algunos que hemos normalizado al punto de pasarlos por alto y considerar que es incluso una muestra de afecto como los celos que en muchas ocasiones se tornan enfermizos y se pueden transformar en violencia física.

Partiendo de eso podemos decir que la violencia puede manifestarse desde lo más pequeño, como agresiones psicológicas que atacan directamente el autoestima de la mujer propinando comentarios despectivos haciéndola menos a ella, a sus metas, sueños, proyectos, minimizando sus sentimientos, descalificando lo que piensa, lo que deriva a la sumisión de la mujer logrando que tenga miedo y cambie su forma de proyectarse tanto en público como en privado. Lo siguiente es la violencia física, jalar el cabello, empujones, golpes, mordidas, cachetadas o recurrir a objetos para hacerle daño.

Los factores que comúnmente influyen y llevan a que la víctima siga con el agresor son: el entorno familiar en el que la mujer creció, una baja autoestima, el apoyo familiar que recibe o la falta de éste, la percepción que tenga de las relaciones de pareja, la sociedad en la que vive y el bombardeo en medios del amor romántico que tiende a idealizar y normalizar muchas conductas dañinas como la dependencia, creer que somos seres que necesitan de otro para estar plenos (las llamadas “medias naranjas”), perdonar, justificar, decir que sin el otro te mueres, vigilar o dejar que te vigile y/o controle, básicamente idealizar al punto de creer que todo tiene que ser como una novela o cuento de amor.

Algunas de las secuelas que causan este tipo de conductas destructivas parte de la pareja son la baja autoestima, sentimientos negativos hacia ella y su entorno, abandono a su cuidado y aspecto personal, sentimientos de insuficiencia, comparaciones constantes con otras mujeres, pérdida de atención a sus actividades, la no aceptación y descalificación de su persona, sentimiento de abandono, apatía por sus actividades cotidianas, insatisfacción, maximiza sus errores o defectos, sentimientos irracionales de culpa, la creencia de ser agresiva y por lo tanto pedir perdón siempre y por todo, cada actividad o pensamiento deriva en algo negativo y desesperanzador.

Por otra parte, a un nivel aún más complejo encontramos otras consecuencias psicológicas más severas, por mencionar sólo un ejemplo, el síndrome que es coincidente para los especialistas en cuanto a su asociación a este tipo de violencia es el denominado Síndrome de Adaptación Paradójica, que explica cómo las mujeres víctimas de violencia de género desarrollan un paradójico vínculo afectivo con el maltratador, llegando a asumir las excusas esgrimidas por el agresor tras cada episodio de violencia y aceptando sus arrepentimientos, retirando denuncias policiales. Se describe el SAPVD como un conjunto de procesos psicológicos que por medio de la respuesta cognitiva, conductual y fisiológico-emocional culmina en el desarrollo de un vínculo interpersonal de protección entre la víctima y el agresor (Montero, 2001) es decir, la mujer crea un vínculo afectivo con su agresor que le impide abandonarlo o denunciarlo.

Es un tema bastante extenso y lo único que podría concluir es que no señalemos, cada una de las mujeres que pasa por situaciones similares, están peleando su propia batalla, con una historia que desconocemos, lo mejor es brindarles apoyo, escucharlas y orientarlas para que denuncien y salgan de este círculo infinito de violencia porque no es fácil y menos en un contexto donde el agresor vive contigo y se tiene un vínculo amoroso con él.

Y mujer no olvides tu valor, no mereces que te hagan sentir menos, a la primera señal de violencia vete, no minimices los actos que te hacen sentir mal o te incomodan, así sea un pequeño empujón “jugando” hazle saber a tu pareja que no está bien, recuerda que todo gran acto de violencia empieza por uno pequeño que quizá en algún momento pasaste por alto o no notaste. Eres un ser completo, no necesitas de nadie para tu plenitud, sé libre y con la primera señal de alarma aléjate.

Bibliografía

Montero. (2001). Síndrome de Adaptación paradójica a la violencia doméstica: Una propuesta teórica. . Clínica y salud.

Villanueva, S. D. (2012). Why women remain inrelations of violence?


Condena Social Seguridad pública para mujeres (Parte III)

Por Jacqueline Miranda de los Santos

El pasado viernes 16 de agosto en la Ciudad de México se realizó una marcha feminista para protestar por el caso de una joven menor de edad que denunció ser violada por cuatro elementos de la policía de la Ciudad de México cuando regresaba a su casa de una fiesta, esto sucedió en la alcaldía Azcapotzalco la madrugada del 3 de agosto; tras una serie de sucesos en los que se dijo que los policías seguían en funciones ocurrió que en una entrevista Jesús Orta titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana en la Ciudad de México fue pintado de rosa con glitter por una mujer que se manifestaba por todas las irregularidades que han habido en dicho caso. La situación fue condenada incluso por la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, manifestando que no caerá en provocaciones porque al parecer cualquier manifestación de que las cosas no están bien es un intento de hacerla caer en prácticas antiguas de represión.

Así es como se organizó una marcha que tendría como objeto llegar a la Secretaría de Seguridad Ciudadana capitalina en ella era indispensable que las participantes llevaran glitter rosa el cual se volvió un símbolo para manifestar que estamos siendo asesinadas sin que las autoridades hagan algo real.

Antes de comenzar con las situaciones que ocurrieron en la marcha, daré el panorama de la realidad que vivimos las mujeres:

De acuerdo con el mapa de feminicidios de María Salguero en un periodo de agosto de 2018 a agosto de 2019 el número de feminicidios por región es el siguiente:

Si bien las acciones del gobierno federal como las del gobierno local de la Ciudad de México apenas están comenzando a tener un impacto en la vida social, el problema es para la mayoría la descalificación que se hace a este fenómeno, o que incluso a nivel federal se diga siempre que los datos estadísticos correctos son lo que tiene el presidente.

En el mismo mapa existe una categoría en la que podemos encontrar un desglose del cómo fueron asesinadas, la principal forma es por medio de un arma de fuego, después de eso sin datos del cómo sucedió ocupa el segundo lugar, el tercer lugar es a puñaladas, la categoría que pensé no tendría un número en la Ciudad, fue el de quemadas vivas, tres casos son los que se señalan en este mapa para la Ciudad de México.

Algo que ocurre también en la relación al escenario donde suceden los feminicidios, para la Ciudad de México es que se señalan 42 suscitados en el domicilio de la víctima mientras para los que sucedieron en vía pública el número es 68, lo que quiere decir que no importa si estas en casa o en la calle corres el mismo peligro esto porque en muchos casos el feminicida es una persona cercana a la víctima.

En un periodo de 9 años el mapa de feminicidios de María Salguero si mira de la siguiente manera:

Existen periodos de tiempo donde la violencia se incrementa, el principal es a partir de 2016, existe una disminución radical en algunos meses de 2018 existiendo un incremento en el mismo año.

De acuerdo con El Heraldo en México hay 99 casos al día de delitos sexuales entre ellos abuso sexual y violaciones, las entidades con más delitos son el Estado de México, Jalisco y Baja California. De esos 99 casos 43 son denunciados y 56 de esos casos no son denunciados.

A los hombres nos matan más

Sí, de acuerdo con datos de Animal Político 2019 presenta un total de 109.2 asesinatos por día, en junio de 2019 se contabilizaron 3 mil 80 nuevos casos de homicidios, sin embargo muchos de estos casos están vinculados a casos de narcotráfico, el rol del hombre en la guerra incluso en la del narcotráfico se ve claro en los estados en donde muchos de ellos son asesinados por ajustes de cuentas, si bien la actividad del tráfico de drogas no es exclusiva de los hombres los roles culturales de la mujer no la colocan en posiciones de alto riesgo o como sicarios.

La violencia que existe hacia los hombres es diferente a la que vivimos las mujeres, son muy pocos los casos en donde uno de ellos es asesinado por razones de género, son muy pocos los casos donde son violados, mutilados, quemados y dejados en algún lugar donde muy difícilmente te reconocerán, la violencia que ellos viven en cuanto al número de hombres asesinados es mayor, sí, pero no bajo las mismas circunstancias, no bajo las mismas características.

Es necesario decir bajo lo anterior que no es válido este argumento que no debemos quedarnos calladas sólo porque a ellos los matan más, no es válido demeritar la lucha que muchas han organizado sólo porque a los hombres les parece que no son las vías correctas.

#NoNosCiudanNosMatan

La manifestación tuvo muchas cosas pero la mayoría de los medios, las autoridades y la sociedad se fijó en un aspecto: las pintas, los vidrios rotos y algunas quemas; la estación del metrobus insurgentes tuvo varias pintas y cristales rotos, los cuales al día siguiente estaban restaurados, lo curioso es que las vidas de las mujeres asesinadas no habían regresado, las mujeres desaparecidas no habían vuelto, todo parecía estar normal menos la dignidad de las víctimas de violación.

Pasamos de ser una sociedad a la que debería importarle más la vida de una persona que una pared rayada, a una que no comprende la complejidad de los problemas cuando creen que la mayoría de ellos se solucionan en los juzgados, tenemos autoridades que poco conocen, que no les interesa y que para poder escuchar necesitaron ver a una gran parte de la sociedad enfurecida.

¿Y cómo quieren que sea la marcha?

Al día siguiente de la manifestación muchos a través de redes sociales comenzaron con las críticas, la mayoría piensa que es una exageración que las mujeres hayan salido a romper cosas, a quemarlas y a pintarlas, creen que las mujeres deberíamos expresarnos con más decoro, sin enojo y con una sonrisa, que en las manifestaciones cuando haya una cámara de por medio o una autoridad escuchando decir por favor y gracias, la idea de cómo deben ser las mujeres sigue siendo una imposición. Es por ello que las manifestaciones hechas por mujeres para mujeres disgustan tanto a ciertos sectores específicos de la sociedad.

El que las mujeres decidan cómo serán las marchas no tiene ninguna acción que demerite al movimiento o la causa, si quienes marchan al frente deciden que no irán hombres es algo que debe respetarse. El o los movimientos feministas no necesitan de hombres que representen la causa, esta es una de las principales razones por las que los hombres no marchan al frente con las mujeres y no, esto no se trata de mujeres contra hombres sino de que la voz, la opinión de las situaciones que conciernen a mujeres sean dadas por nosotras.

Las autoridades no deberían dar voz a la sociedad cuando las bombas ya han explotado, por ejemplo la decisión de la Jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum de escuchar a los grupos feministas sin haber claridad de a quiénes y por qué usó este criterio.

Queremos ser escuchadas antes de que ocurran más feminicidios, antes de haya más violaciones, antes de que haya más desaparecidas, el enojo que siente alguien que perdió a su amiga, a su hermana, a su madre, a su pareja es inconmensurable, si estuviéramos en el lugar de quien perdió, de quien fue violada o abusada, entonces también desearíamos quemar la ciudad, para que las autoridades miren lo que está pasando, para que los policías dejen de matarnos, para que los agentes del Ministerio Público sean más empáticos y es justo lo que le falta a esta sociedad entender que debe importar más la vida de cualquier humano que una pinta en un monumento, mismo que muchas veces representa años de lucha, años de no callarse de dejar de hacer lo que era bien visto con tal de tener una sociedad más justa capaz de entender que el caos es una forma de orden.

Después de la manifestación ¿qué sigue?

Garantizar la seguridad pública de las mujeres parece hasta la fecha algo imposible, quizá porque el móvil criminológico parece derivar de causas culturales y a este punto digámoslo claro, las feministas y en general las mujeres no buscan asesinar o acabar con el género masculino, no los violamos, descuartizamos y dejamos en algún terreno lejos de casa, de un lugar donde puedan honrar su memoria. Los hombres sí lo han hecho y no este no es un argumento de odio hacia ellos es poner las letras justas al problema que hoy vivimos; debemos entender que los feminicidios son crímenes por convicción, el asesino tiene la convicción de que es necesario matar, quizá por la creencia cultural de que nunca debimos salir del espacio privado, quizá porque decidimos alzar la voz, o tal vez porque nos volvimos dueñas de nuestro cuerpo y decidimos vestirnos como queremos y eso parece desde algunos puntos de vista ofensivo para una moral que ya es obsoleta.

Necesitamos cambiar el pensamiento de que la mujer debe estar sometida (de forma consciente o inconsciente) a los buenos modales que el hombre establece para ella, esto cambiando los esquemas de educación de los más jóvenes, es necesario cambiar el discurso de las autoridades y del propio sistema penal para deslegitimar a aquellos que creen que deben ejercer el derecho natural de la violencia sobre la mujer, porque mientras el agente del Ministerio Público siga diciendo que la ropa sucia se lava en casa, mientras se nos culpe por ir bajo los efectos del alcohol, o con faldas, vestidos o escotes, en tanto eso no cambie, no habrá un cambio de chip, ni se romperá con el discurso asfixiante que está matando a la mujer.

Es necesario que en el caso de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum jefa de gobierno, acepte que si bien ya hay normas que garantizan la igualdad entre hombres y mujeres, el margen del derecho penal y en general del derecho posee un techo de cristal que aún es muy endeble, muchas de las construcciones hechas hasta ahora poseen prejuicios, por ejemplo, las mujeres trans, no son muchas veces protegidas aún a pesar de ese techo normativo, es necesario decir que, la definición de cada rol de género aún posee cargas sociológicas de un modelo dominante, modelo que pertenece al machismo.

Al final debemos comprender que el asesinato con violencia de una mujer es un intento fallido por someterla al sistema impuesto desde hace varios años, es un fracaso del agresor; y entonces será necesario transformar el sistema considerando que ninguna re-evolución será pacífica porque la irritación que existe sobre los sistemas dominantes se negarán al cambio en primera instancia. 

Fuentes de consulta:

La falsa idea entorno a las vírgenes y putas. Seguridad pública para mujeres (Segunda parte)

Por Jacqueline Miranda de los Santos

Hace varios meses en Netflix se estrenó un stand-up atípico llamado Nanette, Hanna Gadsby dice que la historia del arte nos ha enseñado que las mujeres son o vírgenes o putas hace mención de personajes como Harvey Weinstein, Woody Allen y el mismísimo presidente de Estados Unidos Donald Trump quienes en líneas claras tienden a colocar a las mujeres en esas posiciones; ella en su monólogo cuenta muchas cosas que dejan a quien la ve con un gran nudo en la garganta.

Estoy enojada y creo que estoy en todo mi derecho de estarlo, pero de lo que no tengo derecho es de esparcir ese enojo, porque el enojo como la risa, puede conectar como ninguna otra cosa a un grupo de extraños.

El móvil del feminicida puede tener variaciones sin embargo, las motivaciones para juzgar el crimen por parte de la sociedad se basa siempre en estigmas culturales que colocan a la mujer en una posición de desventaja, la idea de que la mujer pura pertenece a su hogar esperando a el hombre ideal que la lleve a la iglesia para casarse y entonces ella dedique su vida y su tiempo a su hogar y a sus hijos, parecería un esquema ya no tan vigente, no obstante, cuando una mujer muere fuera de lo que se ha determinado como el ambiente privado (hogar), ella se convierte en algo impuro: un puta[1].

La calificación de la muerte, violación y/o abuso sexual de una mujer se demerita por parte de una gran parte de la sociedad con los siguientes argumentos: Sí una joven es violada y cruelmente asesinada, la culpa es de ella ya que no debió salir de casa, y mucho menos embriagarse y usar un vestido, porque eso no lo hace una señorita de casa. Una joven es violada en una fiesta, varios chicos son partícipes, ella está en shock y no se mueve, está aterrada alguien opina que lo disfrutó, que de lo contrario habría gritado; como si alguien que nunca ha estado en esa situación supiera lo que es sentir que en cualquier momento a merced del victimario puedes morir, sólo porque sí, sólo porque eres mujer, sólo porque estabas fuera de casa[2].

Pero la justicia paternalista y por supuesto machista se topa con las mujeres víctimas de violencia física en el hogar, muchas autoridades responden diciendo[3] que: “la ropa sucia se lava en casa”, “respete a su esposo, jefa” y cuando el feminicidio se hace presente, la respuesta: fue un accidente, se suicidó. Pareciera que todo es mejor que enfrentar la realidad de la violencia que viven las mujeres, parece que la creencia de que a las mujeres las matan por malas es la creencia que rige la justicia en México.

Actualmente en México, poseemos un sistema jurídico excluyente, es decir, es un sistema que sólo garantiza ciertos privilegios de seguridad a unos cuantos, este esquema de exclusión del derecho no se transforma, no evoluciona y sigue produciendo y reproduciendo privilegios para unos cuantos. De esta manera aunque el derecho actual pareciera transformarse rápidamente en el actuar legislativo, rompe las conexiones necesarias con el entorno social y sus presupuestos de realidad, rechazando las críticas feministas al contenido interno.

Las políticas públicas que deberían garantizar seguridad para mujeres no son óptimas y se ven como mecanismos obsoletos al ser desapegadas de la realidad que hoy vivimos en México.

¿Qué planteo con lo anterior? El derecho al no aceptar la crítica al contenido interno y ser un subsistema que produce exclusión y desigualdad, rompe las conexiones necesarias con la realidad pero también con la moral de las clases sin privilegios, los invisibles, los Otros, los que son desplazados del mínimo de seguridad que el Estado debería garantizar a todos y en ese global a las mujeres y niñas que hoy son asesinadas.

La moral con la que el derecho crea conexiones necesarias para dar fuerza al argumento del contenido interno ideal para la realidad social, es la moral de los no excluidos y por tanto de quienes pueden llegar a pensar de la siguiente manera:

-No quieres que te acosen en las calles, no salgas. No quieres que expresen cosas sobre tu cuerpo, no uses ropa entallada, no uses faldas, no uses short ni vestido, no provoques que te miren, no uses tanga y vestido porque con ello indicas que quieres ser violada y posiblemente asesinada, en términos generales no seas mujer.

El derecho penal

El código penal de la Ciudad de México tipifica el feminicidio de la siguiente manera:

Artículo 148 Bis. Comete el delito de feminicidio quien, por razones de género, prive de la vida a una mujer.

Existen razones de género cuando se presente cualquiera de los siguientes supuestos:

  1. La víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo;
  2. A la víctima se le hayan infligido lesiones infamantes, degradantes o mutilaciones, previas o posteriores a la privación de la vida;

III. Existan datos que establezcan que se han cometido amenazas, acoso, violencia o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;

  1. El cuerpo de la víctima sea expuesto, depositado o arrojado en un lugar público; o
  2. La víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a su fallecimiento. A quien cometa feminicidio se le impondrán de veinte a cincuenta años de prisión.

Si entre el activo y la víctima existió una relación sentimental, afectiva o de confianza; de parentesco, laboral, docente o cualquiera que implique subordinación o superioridad, y se acredita cualquiera de los supuestos establecidos en las fracciones anteriores, se impondrán de treinta a sesenta años de prisión.

De acuerdo con datos de El Universal, en 6 años se cometieron cerca de 300 feminicidios, de los cuales se consignaron sólo 166, este dato no contempló el reporte del Tribunal Superior de Justicia quien considero 900 asesinatos de mujeres. Sí se considera únicamente las 166 consignaciones sobre los 300 feminicidios la norma penal sigue siendo deficiente, el derecho penal hasta ahora no busca comprender las causas o el móvil del feminicida, no busca prevenir, busca que por medio del temor a la sanción se frente el número de casos.

En términos generales en México, en los primeros cuatro meses del 2018 se han registrado 226 feminicidios, hasta la fecha este año se ha convertido en uno de los más violentos para las mujeres, en promedio a diario dos mujeres son asesinadas, los estados más letales son Estado de México, Nuevo León, Chihuahua y la Ciudad de México, es importante destacar que durante 2017 Sinaloa alcanzó en datos estadísticos el mayor número de feminicidios seguido de Veracruz y Oaxaca.

¿Qué hay de las políticas, programas y proyectos para la prevención de los feminicidios?

La Secretaría de Gobernación presentó un plan de cinco puntos, en el que básicamente se habla de hacer un estudio de diagnóstico identificando las causas de la violencia hacia la mujer; se destinan recursos económicos para la creación de fiscalías que realmente puedan atender el problema, a pesar de ello, sigue sin ser un plan estructurado que atienda a las causas reales.[4]

Por otra parte INMUJERES posee la línea de acción: Mujeres sin violencia. En el portal el instituto brinda una serie de elementos y herramientas que pueden ayudar a las mujeres, menciona los diferentes tipos de violencia y la normatividad que puede ser de ayuda. Dentro del portal se pueden observar los programas por estados para erradicar la violencia en contra de las mujeres, uno de los más destacables es el del Estado de México.

El programa se denomina: Modelo de atención a mujeres en situación de violencia, sus hijas e hijos. Es un modelo que pretende atender y orientar a las mujeres víctimas de violencia doméstica (durante el 2017 se registraron 106 mil 706 llamadas de violencia contra la mujer que incluye violencia emocional hasta violencia física, muchos de estos casos tienden a terminar en feminicidios), es un modelo estructurado para contener la reproducción de la violencia en el hogar. Sin embargo la violencia al exterior sigue sin tener una línea de acción clara por parte de las instituciones.

El Estado no proporciona garantía de seguridad alguna, no hay elemento que asegure que al salir a la calle una mujer o niña no sea violada y después asesinada. Y uno de los problemas radica en la construcción cultural de la violencia hacia ellas, porque al final el Estado sigue pretendiendo tener el control de sus cuerpos, de sus decisiones en una falsa idea de paternalismo proteccionista. Esto último es lo que he denominado como el derecho excluyente, ese que sigue sin garantizar absolutamente nada.

La deconstrucción al contenido interno del derecho debe comenzar por llevarlo a transformarse en un derecho que sea capaz de mirar a quienes más indefensas son, el derecho debe ser un subsistema más abierto a la realidad de las mujeres y permitirles decidir sobre sus cuerpos, al existir este reconocimiento puede comenzar la transformación del esquema social y cultural.

Para comenzar, sectores más vulnerables

El reconocimiento de los derechos que poseen las mujeres transexuales, y los problemas que tienen al ser invisibilizadas en cada uno de los subsistemas que forman el esquema social y por ende la realidad de México[5].

La marginación, el olvido y la pobreza ha llevado a muchas mujeres transexuales y transgénero a trabajar como sexoservidoras siendo más vulnerables a ser víctimas de violencia física e incluso a llegar a ser parte de las estadísticas de feminicidios, por otra parte también son susceptibles a padecer enfermedades de transmisión sexual y por ende a no recibir la atención adecuada por la interpretación social hacia ellas. Dentro de los programas, proyectos y/o políticas públicas no existe punto específico que dicte una medida para la erradicación de la violencia hacia ellas, y no es necesario que exista un tipo penal específico porque el derecho penal como amenaza no es la solución, sino el entendimiento social de que ellas son mujeres y que no las podemos seguir invisibilizado y excluyendo a través de argumentos (falacias) religiosas porque al final todo el esquema social se compone por cada individuo. Es necesario mirar hacia ese sector porque si por el simple hecho de ser mujeres existen personas que creen que tienen el derecho de asesinarnos, la construcción del cajón de lo normal las coloca a ellas en una situación aún peor, son en muchas ocasiones olvidadas, cuerpos en fosas comunes y nada más, si la seguridad pública es un derecho para unas lo será para todas.

Aborto legal y seguro

El reconocimiento de que las mujeres son capaces de decidir sobre sus propios cuerpos es una de las herramientas más importantes para comenzar a construir una nueva realidad para las mujeres, al final cada mujer debe decidir si quiere o no ser madre o en qué momento es más oportuno serlo, no conceder la capacidad de decidir sobre sus propios cuerpos, es una forma de ejercer control sobre ellas de seguirles considerando incapaces.

El aborto legal es la primera forma de empoderamiento, de hacerle saber al colectivo que el cuerpo femenino no es del dominio público, el peso del argumento religioso, o de la moral de los otros es algo que debe dejar de tener excesivo peso en el derecho porque al seguir transformándose en esa realidad seguirá sin otorgar garantía de seguridad a las mujeres.

No somos ni vírgenes, ni putas, somos mujeres que un día estamos vivas pero que al siguiente no sabemos si seguiremos con vida. Sí, estamos enojadas y ese enojo y lucha diaria por lograr tener garantías de seguridad, nos ha conectado en discusiones interminables, a nadie más que a nosotras nos toca decidir sobre nuestros cuerpos; ni líderes religiosos, ni personajes con amplios estudios pueden opinar, es una decisión que concierne a cada una. No somos mujeres por la construcción cultural genital, somos mujeres por muchos más componentes internos y externos que nos llevan a identificarnos como tal, por ello la lucha sobre seguridad pública también debe extenderse hacia las mujeres trans.

Este artículo es una segunda parte sobre mi entrega de seguridad pública para mujeres pone en la mesa la idea de que el derecho debe ser reformado desde dentro para visibilizar todos los problemas que ha negado, en este caso la seguridad de las mujeres, pero, el problema del rechazo a la crítica del contenido interno ha generado un grado tal de exclusión que la inseguridad que hoy percibimos es solo el inicio del problema, al final el subsistema derecho corre el riesgo de colapsar si decide seguir siendo excluyente, controlador y paternalista.

Es necesario comprender que la violencia que hoy enfrentamos en contra de las mujeres es una violencia diferente, hoy en día poseemos políticas de acción en contra de las agresiones que viven las mujeres en los espacios privados, empero la violencia derivada de las políticas calderonistas, está lejos de ser atendida y comprendida. Las políticas públicas que se realicen desde ahora deberán tener una tendencia a la prevención y modificación a los patrones culturales de la sociedad mexicana. Las políticas y las instituciones así como el derecho deben cambiar y dejar de excluir problemas y sectores. La realidad de esta situación requiere de presupuestos básicos que deberán ser dotados por los diferentes sectores afectados (es decir las mujeres) y bases teóricas desde los diversos postulados feministas.

[1] La Real Academia Española (RAE) dice que palabra “puto” deriva del latín puttus, una variación de putus que significa niño. Sin embargo, el adjetivo tiene una connotación denigratoria ya que es un calificativo que se da a las personas dedicadas a la prostitución o sodomía. De acuerdo con la CONAPRED, en México el uso de la palabra puto/puta es una expresión de desprecio y rechazo.

Por otra parte en 1611 Sebastián de Covarrubias presenta el Tesoro de la Lengua Castellana o española como un diccionario monolingüe de la lengua española, en este primer trabajo la palabra puta tiene un significado de mujer ruin o ramera, descrita como la que siempre está caliente y con mal olor. El contexto en el que escribe Covarrubias es el de una Europa que está en el inicio de la transformación del feudalismo a los primeros tintes de la revolución industrial, es un hecho que desde entonces las mujeres laboralmente hablando recibían salarios mucho menores que los de los hombres y que la prostitución fue y sigue siendo una forma de sobrevivir.

Es cierto que actualmente existen muchos sentidos y significados de la palabra puta, sin embargo, en este caso el uso que se le da es el que significa que la mujer y su cuerpo pertenecen al colectivo, que es del ámbito público, quizá con la frivolidad de pretender descalificar el feminicidio y sus causas.

[2] https://elpais.com/elpais/2018/12/05/album/1544030702_036455.html#foto_gal_4

[3] Véase más en: Guerrera Frida, #NiUnaMás El feminicidio en México; un tema urgente en la Agenda Nacional, Ed. Aguilar, 2018.

[4] Véase en: https://www.animalpolitico.com/2017/11/medidas-gobernacion-feminicidio-puebla/

[5] En 2018 han sido asesinadas 47 mujeres trans, de acuerdo a los datos del Centro de Apoyo a las Identidades Trans.

Género e Ingeniería

Por Marisol Maldonado Olmos[1]

Si bien es cierto que estudiar ingeniería no es un camino fácil y que requiere de mucho esfuerzo, capacidad y constancia, esto se complica para las mujeres por el impacto de los usos y costumbres del sistema social mexicano existente en cuanto a roles de género desempeñado en nuestra sociedad. Caso contrario a este pensamiento y sin duda, no hay carreras, profesiones o trabajos que sean exclusivos para algún género, pero culturalmente existe cierto rechazo entre ambos sexos en diversas áreas del conocimiento. Y mi trayecto como estudiante de ingeniería no fue la excepción a la regla.

 Yo descubrí mi pasión por la ingeniería a través de la universalidad de los números. De pequeña no me gustaban los idiomas y no comprendía el porqué de la existencia de muchos idiomas, pues siempre argumentaba de la siguiente manera: “mira, los números son iguales en todo el mundo, nunca cambian y son para siempre”.  Invariablemente mi aseveración de pequeña es cierta; los números, las matemáticas y las ciencias exactas siguen un muro lógico donde no cabe la posibilidad de la existencia de dos respuestas a un problema matemático, solo hay una respuesta correcta. La mecatrónica vino de la mano del rigor de las matemáticas y mi interés por Harry Potter. Mi afición por las películas de Harry Potter me llevó a la animatrónica, puesto que mi sueño fue ser quien diseñara, construyera e hiciera funcionar a los seres fantásticos e imaginarios de la saga. Es así que comenzó mi pasión por la ingeniería.

La perspectiva de género en la facultad de ingeniería

 La realidad es que soy mujer, ingeniera y estadísticamente represento a una minoría, pues sólo el 23% de la población escolar de ingeniería generación 2014 de la UNAM somos mujeres[2]. Y es una cifra que nos atañe, pues los mayores avances en la sociedad se generan a través de los ingenieros con el desarrollo de la tecnología, y estamos en un mundo conformado por un 50 % de mujeres[3], por lo cual resulta necesario una visión femenina dentro del mundo de la ingeniería; el potencial estratégico, la visión y percepción sobre las cosas al ser diferente se vuelve enriquecedora nuestra disciplina. Desde un punto de vista corporativo a la mayoría de las empresas no les interesa perder talento independientemente de si éste viene de algún género en específico, pero entonces ¿por qué razón las mujeres no representan estadísticamente un valor representativo?

En la primera clase de toda la carrera mi profesor nos dijo “y las chicas, ¿por qué ingeniería? No me malinterpreten, no quiero juzgarlas, pero realmente no saben lo que les espera allá fuera, pues llevarán el café en donde quiera que trabajen”. Lo primero que experimenté ante esas afirmaciones fue enojo, impotencia y decepción, seguido de dudas.

Ser ingeniero o ingeniera significa ser una persona creativa, capaz de diseñar procesos, objetos, etc.,  que ayudan a mejorar la calidad de vida, pues la ingeniería es el conjunto de habilidades necesarias para construir cualquier cosa que se pueda cruzar por nuestra cabeza, junta lo preciso de las matemáticas con lo excéntrico del ingenio[4]. Dentro de esta definición no existe una premisa masculina. La ingeniería es para la gente, se diseñan cosas para la humanidad.

A lo largo de mi carrera me he percatado que la mayoría de las mujeres tenemos desventaja en cuanto habilidades propias de la ingeniería, desventajas que se nos presentaron a edad temprana, tales como capacidad espacial, que es una de las habilidades más importantes dentro de la ingeniería, pues tiene repercusiones en casi todos los campos científicos y técnicos. La Universidad de Colorado afirma que los niños que interactúan con juguetes enfocados en habilidades espaciales, como rotar objetos, conectar formas mentalmente, crear patrones, etc., desarrollan habilidades de comprensión espacial y múltiples destrezas importantes en campos como ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas[5]. Y adivinen para qué género ha sido diseñados y comercializados estos juguetes de construcción, pues sí, siempre se pensó que esos juguetes eran para niños. Entonces, ¿Quién despierta el interés por las matemáticas y la ciencia en las mujeres?

Mis dudas comenzaron a desarrollarse alrededor del miedo generado por premisas machistas de mis docentes como miedo a reprobar materias, a no ser lo suficientemente capaz en todos los aspectos, a no dar el ancho, entre otras. Muchas mujeres estudiantes de ingeniería probablemente han pasado por la misma situación que yo al escuchar frases como la de aquel profesor que intentaba minimizar a la mujer y es probable que la gran mayoría tuviera la misma sensación de desasosiego al sentir que no encajaban.

Durante el tercer semestre, me apoye de un psicólogo y en una de mis terapias quise comentarle mi sentir acerca de esta inseguridad y después de esa sesión reafirmé mi deseo de ser ingeniera. Estaba estudiando algo que me apasiona, que era mi sueño y sin embargo en ocasiones me sentía ajena a la ingeniería por no seguir lo que la sociedad exigía de mí. Pero ese día fue cuando decidí salirme definitivamente del molde y me volví una persona completamente diferente a lo que la sociedad esperaba de mí, fue el momento en que volví a apostar por mí, en no demeritar mis sueños por ser juzgada o marginada y enfocar toda mi energía en dar lo mejor, me comprometí a demostrarme a mí misma y a la sociedad que yo podía ser lo que yo decidiera, decidida a romper todas las barreras inconscientes y suplirlas con talento haciéndome visible.

Pronto noté que no era la única mujer que estaba pasando por esto. Mi familia paterna es de una zona rural de Veracruz, donde la educación llega a través de modelos educamedia como lo son la telesecundaria y telebachillerato, formatos creados con el objetivo de disminuir el analfabetismo desde la década de los sesenta en lugares de difícil acceso. Fue justo en ese tiempo cuando visité a mi familia y mis sobrinas, se acercaron a mí para pedirme ayuda con unos problemas matemáticos de nivel bachillerato porque temían el perder el año y con gran placer las ayudé. Me emocionó ver que me entendían y ellas se sentían capaces de resolver problemas complejos. En ese momento no había mayor remuneración y satisfacción para mí que saber que se sentían más seguras de sí mismas y mucho más capaces que antes.  Mis primas me pidieron seguir en contacto para futuras consultas y se me ocurrió decirles que juntaran sus dudas, me las hicieran llegar y cuando fuera necesario se acercaran al café Internet del pueblo para hacerles llegar una resolución a sus dudas. Y fue ahí donde empezó a germinar la idea de Pasos por ingeniería[6], un canal de vídeos en Internet en la plataforma digital Youtube.

Al sentir la satisfacción de ayudar a otras mujeres en un área en la que culturalmente no se sienten identificadas, me motivó mi deseo de querer ayudar a más personas y a convertir lo ajeno en algo práctico y fácil. Porque a través del estudio de mi carrera me di cuenta de que no necesitas ser un genio para estudiar ingeniería, solo necesitas ser persistente, tenaz y trabajador. Surgió en mí una nueva pasión y necesidad, el enseñar, educar y transmitir mi conocimiento y fue a finales del quinto semestre de mi carrera que me sentí lo suficientemente capaz y preparada para compartir con más personas mi conocimiento, ayudarlos a cumplir sus metas académicas y profesionales. Así fue como subí el primer vídeo al canal.

Al mes descubrí que no solo mis primas y familiares veían mis videos. En los analíticos observe que existían porcentajes notables de espectadores de muchos estados de México y de diferentes países de Latinoamérica y Europa.  Me percate que había mucha más gente enseñando matemáticas, ingeniería y ciencias a través de esa plataforma, conocí a algunos de ellos e investigue más, y nuevamente me di cuenta de que representó a  la minoría de mi  género, pero con la particularidad de que el porcentaje me impactó, ya que soy la única mujer haciendo esto en México.  Una de las respuestas a esta situación es el rol que se le asigna a cada género, como ya mencione, las mujeres no juegan con instrumentos que pudieran parecer herramientas, esas son cosas para niños; en nuestra cultura a una niña se le dan muñecos, trastes, se nos dice que somos demasiado emocionales, delicadas, que las mujeres desde niñas pertenecemos al hogar y a lo privado. Las niñas no nos ensuciamos y mucho menos se les imagina en sectores industriales, es difícil imaginar a una ingeniera petrolera en plataforma, es complejo imaginar que una mujer enseñe matemáticas, eso asusta y derribar todos los estereotipos es complicado, pero no imposible.

Ha poco más de dos años de la creación del canal me siento muy feliz de ver el crecimiento de este proyecto, pues al día de hoy mi canal cuenta con 2,400,000 reproducciones. Esta cifra nos deja ver que al menos he ayudado a entender, repasar y/o comprender un tema de matemáticas e ingeniería a 100,000 personas al mes por dos años, y me siento muy feliz de leer los comentarios provenientes de todas partes del mundo agradecidos por el apoyo que les brindó a través de mis vídeos.

Toda esta satisfacción es el resultado de mi empoderamiento como mujer, por sentirme capaz de dominar temas complejos, por creer en mis capacidades, por trabajar muy duro y estar dispuesta a sacrificar muchas cosas. Así pues, he logrado mantener un canal de vídeos a la par de completar con éxito mi plan curricular de ingeniería y estar próxima a recibirme como ingeniera. Logré encontrar el balance para continuar mis sueños y este trabajo no termina con estas satisfacciones, tan solo empieza aquí.

Creo fielmente que las mujeres más fuertes son a las que ves ayudándose entre sí, impulsándose. Por eso yo le pido a todos los lectores que sean valientes porque no siempre nacemos con el carácter, decisión y seguridad de decir ¡Yo puedo!, porque cargamos con una gran estructura social y vivimos en un país tradicionalista que nos obstaculiza el creer, confiar en nosotros y en pensar que podemos ser lo que queramos. Pero si son valientes, tenaces y trabajadores, verán que encajarán en cualquier lado y su vida será un éxito profesionalmente, personalmente y espiritualmente.

[1] Egresada de la carrera de ingeniería mecatrónica, en la Universidad Nacional Autónoma de México. Autora del canal de enseñanza en YouTube “Pasos por Ingeniería”

[2] Series estadísticas por entidad académica UNAM, DGPL. Disponible en: http://www.estadistica.unam.mx/reportesinstitucionales/reporte_pobxcarrera.php?cve_dep=005

[3] Banco mundial de datos, población, mujeres. Disponibles en: https://datos.bancomundial.org/indicador/SP.POP.TOTL.FE.ZS?view=chart

[4] Perfil de egreso del estudiante  de ingeniería mecatrónica: http://www.ingenieria.unam.mx/programas_academicos/licenciatura/mecatronica.php

[5]Juegos de construcción como LEGO preparan futuros ingenieros, El universal. Disponible en: http://www.eluniversal.com.mx/ciencia-y-salud/ciencia/juegos-de-construccion-como-lego-preparan-futuros-ingenieros

[6] Consulta el canal en:  https://www.youtube.com/c/pasosporingenieria

Las desigualdades y brechas de género al interior de las organizaciones de derechos humanos

Por Liliana Trejo[1]

trejo.lilith@gmail.com

Resumen

Este artículo expone una denuncia colectiva por acoso sexual realizada por un grupo de mujeres profesionales contra el personal de una organización social de derechos humanos en la que laboran, en El Salvador. El propósito de esta descripción es evidenciar la violencia y discriminación por razón de sexo que se comete contra las mujeres en estos espacios y generar reflexiones sobre el manejo que hacen las instituciones de esta índole en situaciones de acoso sexual a manera de identificar las dinámicas que ensanchan las brechas de equidad y las condiciones de desigualdad en el mundo laboral de las mujeres.

El acoso sexual. Recorrido al marco legal y a la perspectiva crítica feminista

Las convenciones y tratados internacionales sobre los derechos humanos de las mujeres[2], desplegaron dispositivos legales y políticos que posibilitaron la implementación y modificación de marcos legales para la prevención y erradicación de la violencia hacia las mujeres en todos los Estados miembros de la Organización de Naciones Unidas (ONU). En el caso específico de El Salvador en materia de los derechos de las mujeres, es importante resaltar que, si bien la normativa internacional impulsó al Estado a acoplar su agenda pública a la transversalidad del enfoque de género, la contribución del movimiento feminista salvadoreño, desde su surgimiento en las postrimerías del conflicto armado salvadoreño (1992), fue clave para la creación de un marco jurídico que posiciona y ampara a las mujeres como sujetos políticos de derechos. De esta forma, en el 2011 en medio de un contexto político favorable en el que por primera vez la izquierda partidaria triunfa en las elecciones presidenciales (2009-2014), entra en vigencia la  Ley Especial Integral para la una Vida Libre de Violencia para las Mujeres (LEIV) y la Ley de Igualdad, Equidad y Erradicación contra las Mujeres (LEI). De estas leyes se desprende un marco conceptual y legal que nombra los tipos de violencia hacia las mujeres y establece las directrices y funciones de las instancias gubernamentales para la prevención y actuación de los mismos.

En lo que respecta al acoso sexual, el Código Penal lo define como: “una conducta social indeseada por quien la recibe, que implica frases, tocamientos, señas u otra conducta inequívoca de naturaleza o contenido sexual y que no constituya por sí sola un delito más grave, será sancionado con prisión de tres a cinco años” (Ley 1030, 2010, art. 165). Asimismo, la legislación internacional a través de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se refiere al acoso sexual como una expresión de violencia y lo clasifica de dos maneras: “«acoso sexual quid pro quo» o «acoso sexual en un entorno de trabajo hostil». El acoso sexual quid pro quo se produce cuando la obtención de una prestación relacionada con el trabajo (un aumento de sueldo, una promoción o incluso la continuidad del empleo) queda condicionada a la participación de la trabajadora o el trabajador en algún tipo de actividad de naturaleza sexual. El acoso en un entorno de trabajo hostil comprende las conductas que crean un ambiente de trabajo desagradable y ofensivo. Abarca comportamientos y alusiones basadas en el sexo, generando condiciones de empleo humillantes e intimidantes que influyen en las labores de las personas” (OIT, 2016).

 La caracterización del acoso sexual desde estos marcos legales representa un escalón imprescindible para su erradicación, y a la vez, un importante avance en el proyecto de sociedad con condiciones igualitarias para mujeres y hombres. No obstante, la teoría de género contiene conceptos y metodologías que permiten visibilizar la violencia hacia las mujeres, en este caso el acoso sexual, como práctica cultural que no se limita al espacio laboral, pues su objetivo consiste en ensanchar las brechas de equidad y las desigualdades de género al reafirmar el poder tradicionalmente asignado a los hombres sobre los cuerpos de las mujeres.

En este sentido, la perspectiva feminista sitúa al centro de la reflexión las experiencias de las mujeres y la construcción social de lo femenino en el contexto de interacción en el que se desenvuelven, siendo vital la enunciación de las condiciones sociales, de clase, étnicas, generacionales, religiosas y  políticas que atraviesan a las mujeres con el propósito de aprehender la complejidad cultural de sus realidades particulares (Castañeda 2010; Lagarde, 2015).

El acoso sexual al interior de una organización social de derechos humanos

“Creer en que vamos a ser tratadas como iguales forma parte de nuestra cultura política y de nuestro equilibrio psicológico. Cuando la desigualdad se manifiesta o se hace evidente, el dolor y la frustración son grandes, pero mientras se puedan ignorar, la mayor parte de las mujeres se conforman y buscan su camino en un mundo laboral donde ya no son una minoría, aunque su posición siga siendo más vulnerable” (GEA 21, 2009)

La descripción que se presenta a continuación surge a partir de una consulta con un grupo de mujeres que trabajan en organizaciones no gubernamentales, sobre las brechas de equidad que enfrentan en sus trabajos; en este proceso se identificó un caso particular que permite evidenciar las expresiones de discriminación sexista y los retos de las organizaciones sociales para garantizar a las mujeres el acceso a condiciones justas e igualitarias. A petición del grupo se reserva los nombres de las personas y de la institución involucrada y toda información que vulnere su integridad y seguridad.

Cuando se habla de acoso sexual laboral muchas veces se tiende a pensar en escenarios concretos: sector de servicios y comercio y mujeres particulares: pobres, en posiciones laborales desvaloradas, bajo nivel educativo, perteneciente a grupos étnicos, entre otros. Esto supone además, una presunta “igualdad” alcanzada por aquellas mujeres que tienen diferentes condiciones: ingresos económicos fijos y dignos, estudios superiores, profesionales, en puestos de poder y con formación en género. Sin embargo, el acoso sexual hacia las mujeres no repara en las condiciones diferenciales en las que están insertas, al contrario, toma matices propios a cada condición, a manera de legitimar el poder de y entre los hombres sobre las mujeres y mantener las brechas de desigualdad en cada contexto.

El caso particular de acoso sexual que se aborda en este artículo, efectivamente fue vivenciado dentro de una organización conformada mayoritariamente por mujeres profesionales del área de humanidades y de salud, todas jóvenes, solteras y sin hijos; pocas con formación en género y responsables de ejecutar las actividades de campo de los proyectos, es decir, en puestos medios si lo vemos desde la jerarquía institucional. Su labor en campo impedía el encuentro frecuente entre las mujeres, al grado de desconocer las actividades que ejercían las demás. Los pocos hombres de la institución estaban situados principalmente en puestos de mando y de control de los recursos materiales y financieros, es decir, puestos estratégicos para la ejecución de actividades.

El ambiente laboral comenzó a tornarse violento por las actitudes de hostigamiento laboral hacia las mujeres: se cuestionaba con alevosía las actividades técnicas de las mujeres, registraban el mínimo error o imprevisto en campo para luego acusarlas a sus espaldas, no respondían a tiempo las solicitudes logísticas de las actividades lo que provocaba fricción con las instituciones contrapartes, utilizaban los espacios de la oficina como su territorio personal al colocar artículos de personales en los baños, dejar la tapa del inodoro abierta, escuchar música a todo volumen, y a la vez, se incrementaron las manifestaciones de acoso sexual a través de miradas lascivas y comentarios de contenido sexual dirigido a las mujeres cuando estaban solas o en la presencia de otros hombres, acercamientos indebidos, bromas y comentarios sexistas y una recurrente ridicualización de los procesos de sensibilización en género y de masculinidades que habían sido impartidos al personal de la institución años atrás.

Tras la renuncia de una compañera, por razones aparentemente familiares, todas las mujeres tuvieron la oportunidad de reunirse y conversar sobre lo sucedido, sin imaginar que en  la conversación surgiría las experiencias del acoso laboral y sexual como un problema colectivo compartido y no individual como creían. Inmediatamente la fuerza y la indignación del grupo las llevó a interponer una denuncia con las jefaturas de la institución, quienes de inmediato programaron reuniones individuales para conocer la experiencia de cada una. A pesar de que pocas mujeres no compartieron la medida, pues el acoso sexual es una conducta legítima y “natural”, el  problematizarlo y denunciarlo no es tarea sencilla para muchas mujeres y peor frente a otros hombres.

El manejo institucional a raíz de la denuncia, arrojó datos interesantes en relación a las condiciones que propician las inequidades y desigualdades en la oficina, por ejemplo: el pacto entre hombres. Fueron pocos los hombres que no cometieron conductas violentas directamente hacia las mujeres, pero fueron testigos cuando sucedían y las legitimaron con su silencio al no interferir, entre ellos algunas jefaturas que pretendieron demencia cuando se les preguntó por qué no hicieron nada al respecto. Parte de este pacto fue también dirigir un correo con copia exclusivamente a las mujeres en el que se adjuntaba el reglamento interno de prevención y actuación en casos de acoso sexual, excluyendo a los hombres, como un mensaje para las mujeres de cómo se debe actuar según un manual desactualizado. Ante esto algunas pronunciaron para alegar que el tema del acoso era un problema que involucra a mujeres y a hombres y que por tanto, debía compartirse las directrices a los hombres acusados.

Falta de transparencia en el proceso

Se realizaron reuniones por separado, mujeres con jefaturas por un lado y hombres con jefaturas por otro. Jamás se expuso lo que se discutía en cada parte, ni mucho menos se programó una reunión mixta, generando obviamente un clima de tensión e incertidumbre, de temor sobre todo para los hombres por posibles despidos, quienes cambiaron sus actitudes con las mujeres al establecer relaciones estrictamente laborales y responsables, como debía ser desde el inicio. Las mujeres en cambio, procuraron reuniones fuera de la oficina para discutir los posibles escenarios de solución y pensar en estrategias para protegerse de posibles represalias de parte de las jefaturas involucradas y los actores directos, al final de cuentas ellos mantenían el control de los recursos institucionales y no les importaba afectar las actividades.

Las aliadas del patriarcado

Después de semanas intensas de incertidumbre por la falta de soluciones concretas de parte de las jefaturas y un ambiente laboral tenso, la unión de las mujeres comenzó a mermar, algunas comenzaron a establecer alianzas con los hombres, reuniéndose a escondidas para comunicarles lo que el grupo de mujeres discutía en las reuniones fuera de la oficina y dejaron a asistir a las reuniones que se programaban con el propósito de desvincularse de acciones que mantuvieran firme al grupo en una situación tan repudiable.

Las jefaturas consultaron al grupo de mujeres si tenían propuesta para salir de esta problemática, este momento fue curioso, pues la mayoría de las mujeres a pesar de la indignación, el enojo y posiblemente el miedo, propusieron una resolución de conflictos mediante la programación de reuniones de convivencia. Pocas aludieron a la gravedad de lo sucedido y a la necesidad de una sanción simbólica, monetaria o despido, pero la mayoría de las mujeres reaccionó al sugerir que se pensara en las consecuencias económicas de las familias de los acusados y en la radicalidad de esa propuesta.

La trivialización de los sucesos

La forma más sencilla para desacreditar la indignación y la vulneración de los derechos de las mujeres fue darle largas al proceso, responsabilizar y culpabilizar a las mujeres por la probabilidad de despidos debido a la “exageración” de sus denuncias. Este desgastante proceso diluyó la fuerza del colectivo y las pocas que resistieron, señalaron sus acciones como actos personales intencionales contra los hombres que no respondían a asuntos de oficina o porque simple y sencillamente eran feministas y odian a los hombres, desvirtuando el proceso de denuncia.

Reflexiones finales

La desacreditación de la denuncia por acoso sexual generó molestia e indignación no sólo porque no fue reconocida como violencia sino también por proceder del personal de una organización de derechos humanos, lo cual representa una falla por parte de los organismos no gubernamentales cuyo rol es proporcionar y velar por el cumplimiento de las políticas administrativas estatales ¿se debe esto a una incongruencia de valores institucionales o es parte de los tentáculos del machismo manifestándose al interior de estos espacios?

Al hacer retrospectiva de esta situación comprendo que el silencio inicial ante el acoso sexual y laboral del grupo, entre ellas algunas feministas, estuvo influenciado por situaciones reales y de peso: la inestabilidad laboral en un contexto social de precariedad y su experiencia de trabajo, impulsando las políticas nacionales de género, las hace conocedoras de la debilidad institucional y la prevalencia de sesgos moralistas ante situaciones de violencia hacia las mujeres ¿cómo denunciar entonces la incomodidad de silbidos, de comentarios falocéntricos, miradas que desnudan y actitudes con intenciones claras de desacreditar su trabajo? Parecer más fácil ser estratégica e ignorar lo que sucede alrededor, pues interponer una denuncia es un proceso emocionalmente desgastante y la indignación y rabia carcome los cuerpos de aquellas que se quedan solas enfrentando las tensiones que implica, al final de cuentas no estamos tan lejos de la realidad de las mujeres del medio oriente: se necesitan dos o más mujeres para hacer valer la opinión de una.

Rescato la importancia de la unión de las mujeres para realizar cambios sustanciales en la cotidianidad laboral, los cuales se encaminaron a disminuir las brechas de equidad y desigualdad de género, al despertar cierto grado de confianza en ellas mismas, lo que les permitió identificar la violencia de los actos aparentemente “comunes”, a protegerse mutuamente y a comprender, tratando de no juzgar, las razones del por qué unas se vuelven aliadas de los hombres, pues han aprendido que el poder está a su lado y no conciben posibilidades de cambio desde ellas mismas.

Un resultado palpable de esa unión colectiva, aunque fugaz, fue haber incidido en el cambio de conductas de acoso, a pesar que no se debió a un proceso de reflexión personal sino al miedo a perder sus trabajos y a la latente amenaza de las mujeres a hacer una denuncia pública contra la institución si la situación se repite. Esto me hace reflexionar sobre los argumentos de los hombres ante el acoso, usualmente se excusan con que “era broma”, pero en realidad parecen estar muy conscientes del poder asignado a su género, el cual reconocen y utilizan cuando se sienten amenazados por el avance de las mujeres, como diría Begoña Perla (2001) los hombres que están cercanos a puesto de desvalorización laboral cuando ven a las mujeres en puestos no tradicionales, les despierta la amenaza y el temor a la feminización, aferrándose por tanto al poder de la identidad de su género.

En lo que refiere a la institucionalidad, considero que debe trabajarse en mecanismos adecuados para enfrentar este tipo de situaciones sin caer en la revictimización de las mujeres y mucho menos, culpabilizarlas por las amonestaciones que reciban los agresores. Esta situación enseña además, que los avances en materia legal para lograr la equivalencia de condiciones entre mujeres y hombres son indiscutibles y plausibles, pero aunque los derechos de las mujeres estén acordados en letra no garantiza la efectividad de una cotidianidad igualitaria y libre de discriminación por razón de sexo.

El sesgo cultural persiste como el principal obstáculo para la aplicación real de una vida libre de la violencia para las mujeres y debe procurarse evitar etiquetar todo proceso de malestar de las mujeres como un problema de “género” que erróneamente se interpreta como sinónimo de “sexo”, generando una apatía al término que oculta complejidad crítica que procura la perspectiva feminista.

[1] Antropóloga salvadoreña graduada en la Universidad de El Salvador.

[2] La CEDAW se ratifica en El Salvador en 1995, la plataforma de acción de Beijin (1995), La convención del Cairo (1994) Belem do Pará (1994).

Referencias bibliográficas

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links

file:///C:/Users/MDM/Downloads/acoso%20sexual%20(1).pdf

http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-25032011000200005