Complejidad Social (Derecho, Economía y Política), Feminismos y equidad de género, Jacqueline Miranda De los Santos

Condena Social Seguridad pública para mujeres (Parte III)

Por Jacqueline Miranda de los Santos

El pasado viernes 16 de agosto en la Ciudad de México se realizó una marcha feminista para protestar por el caso de una joven menor de edad que denunció ser violada por cuatro elementos de la policía de la Ciudad de México cuando regresaba a su casa de una fiesta, esto sucedió en la alcaldía Azcapotzalco la madrugada del 3 de agosto; tras una serie de sucesos en los que se dijo que los policías seguían en funciones ocurrió que en una entrevista Jesús Orta titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana en la Ciudad de México fue pintado de rosa con glitter por una mujer que se manifestaba por todas las irregularidades que han habido en dicho caso. La situación fue condenada incluso por la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, manifestando que no caerá en provocaciones porque al parecer cualquier manifestación de que las cosas no están bien es un intento de hacerla caer en prácticas antiguas de represión.

Así es como se organizó una marcha que tendría como objeto llegar a la Secretaría de Seguridad Ciudadana capitalina en ella era indispensable que las participantes llevaran glitter rosa el cual se volvió un símbolo para manifestar que estamos siendo asesinadas sin que las autoridades hagan algo real.

Antes de comenzar con las situaciones que ocurrieron en la marcha, daré el panorama de la realidad que vivimos las mujeres:

De acuerdo con el mapa de feminicidios de María Salguero en un periodo de agosto de 2018 a agosto de 2019 el número de feminicidios por región es el siguiente:

Si bien las acciones del gobierno federal como las del gobierno local de la Ciudad de México apenas están comenzando a tener un impacto en la vida social, el problema es para la mayoría la descalificación que se hace a este fenómeno, o que incluso a nivel federal se diga siempre que los datos estadísticos correctos son lo que tiene el presidente.

En el mismo mapa existe una categoría en la que podemos encontrar un desglose del cómo fueron asesinadas, la principal forma es por medio de un arma de fuego, después de eso sin datos del cómo sucedió ocupa el segundo lugar, el tercer lugar es a puñaladas, la categoría que pensé no tendría un número en la Ciudad, fue el de quemadas vivas, tres casos son los que se señalan en este mapa para la Ciudad de México.

Algo que ocurre también en la relación al escenario donde suceden los feminicidios, para la Ciudad de México es que se señalan 42 suscitados en el domicilio de la víctima mientras para los que sucedieron en vía pública el número es 68, lo que quiere decir que no importa si estas en casa o en la calle corres el mismo peligro esto porque en muchos casos el feminicida es una persona cercana a la víctima.

En un periodo de 9 años el mapa de feminicidios de María Salguero si mira de la siguiente manera:

Existen periodos de tiempo donde la violencia se incrementa, el principal es a partir de 2016, existe una disminución radical en algunos meses de 2018 existiendo un incremento en el mismo año.

De acuerdo con El Heraldo en México hay 99 casos al día de delitos sexuales entre ellos abuso sexual y violaciones, las entidades con más delitos son el Estado de México, Jalisco y Baja California. De esos 99 casos 43 son denunciados y 56 de esos casos no son denunciados.

A los hombres nos matan más

Sí, de acuerdo con datos de Animal Político 2019 presenta un total de 109.2 asesinatos por día, en junio de 2019 se contabilizaron 3 mil 80 nuevos casos de homicidios, sin embargo muchos de estos casos están vinculados a casos de narcotráfico, el rol del hombre en la guerra incluso en la del narcotráfico se ve claro en los estados en donde muchos de ellos son asesinados por ajustes de cuentas, si bien la actividad del tráfico de drogas no es exclusiva de los hombres los roles culturales de la mujer no la colocan en posiciones de alto riesgo o como sicarios.

La violencia que existe hacia los hombres es diferente a la que vivimos las mujeres, son muy pocos los casos en donde uno de ellos es asesinado por razones de género, son muy pocos los casos donde son violados, mutilados, quemados y dejados en algún lugar donde muy difícilmente te reconocerán, la violencia que ellos viven en cuanto al número de hombres asesinados es mayor, sí, pero no bajo las mismas circunstancias, no bajo las mismas características.

Es necesario decir bajo lo anterior que no es válido este argumento que no debemos quedarnos calladas sólo porque a ellos los matan más, no es válido demeritar la lucha que muchas han organizado sólo porque a los hombres les parece que no son las vías correctas.

#NoNosCiudanNosMatan

La manifestación tuvo muchas cosas pero la mayoría de los medios, las autoridades y la sociedad se fijó en un aspecto: las pintas, los vidrios rotos y algunas quemas; la estación del metrobus insurgentes tuvo varias pintas y cristales rotos, los cuales al día siguiente estaban restaurados, lo curioso es que las vidas de las mujeres asesinadas no habían regresado, las mujeres desaparecidas no habían vuelto, todo parecía estar normal menos la dignidad de las víctimas de violación.

Pasamos de ser una sociedad a la que debería importarle más la vida de una persona que una pared rayada, a una que no comprende la complejidad de los problemas cuando creen que la mayoría de ellos se solucionan en los juzgados, tenemos autoridades que poco conocen, que no les interesa y que para poder escuchar necesitaron ver a una gran parte de la sociedad enfurecida.

¿Y cómo quieren que sea la marcha?

Al día siguiente de la manifestación muchos a través de redes sociales comenzaron con las críticas, la mayoría piensa que es una exageración que las mujeres hayan salido a romper cosas, a quemarlas y a pintarlas, creen que las mujeres deberíamos expresarnos con más decoro, sin enojo y con una sonrisa, que en las manifestaciones cuando haya una cámara de por medio o una autoridad escuchando decir por favor y gracias, la idea de cómo deben ser las mujeres sigue siendo una imposición. Es por ello que las manifestaciones hechas por mujeres para mujeres disgustan tanto a ciertos sectores específicos de la sociedad.

El que las mujeres decidan cómo serán las marchas no tiene ninguna acción que demerite al movimiento o la causa, si quienes marchan al frente deciden que no irán hombres es algo que debe respetarse. El o los movimientos feministas no necesitan de hombres que representen la causa, esta es una de las principales razones por las que los hombres no marchan al frente con las mujeres y no, esto no se trata de mujeres contra hombres sino de que la voz, la opinión de las situaciones que conciernen a mujeres sean dadas por nosotras.

Las autoridades no deberían dar voz a la sociedad cuando las bombas ya han explotado, por ejemplo la decisión de la Jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum de escuchar a los grupos feministas sin haber claridad de a quiénes y por qué usó este criterio.

Queremos ser escuchadas antes de que ocurran más feminicidios, antes de haya más violaciones, antes de que haya más desaparecidas, el enojo que siente alguien que perdió a su amiga, a su hermana, a su madre, a su pareja es inconmensurable, si estuviéramos en el lugar de quien perdió, de quien fue violada o abusada, entonces también desearíamos quemar la ciudad, para que las autoridades miren lo que está pasando, para que los policías dejen de matarnos, para que los agentes del Ministerio Público sean más empáticos y es justo lo que le falta a esta sociedad entender que debe importar más la vida de cualquier humano que una pinta en un monumento, mismo que muchas veces representa años de lucha, años de no callarse de dejar de hacer lo que era bien visto con tal de tener una sociedad más justa capaz de entender que el caos es una forma de orden.

Después de la manifestación ¿qué sigue?

Garantizar la seguridad pública de las mujeres parece hasta la fecha algo imposible, quizá porque el móvil criminológico parece derivar de causas culturales y a este punto digámoslo claro, las feministas y en general las mujeres no buscan asesinar o acabar con el género masculino, no los violamos, descuartizamos y dejamos en algún terreno lejos de casa, de un lugar donde puedan honrar su memoria. Los hombres sí lo han hecho y no este no es un argumento de odio hacia ellos es poner las letras justas al problema que hoy vivimos; debemos entender que los feminicidios son crímenes por convicción, el asesino tiene la convicción de que es necesario matar, quizá por la creencia cultural de que nunca debimos salir del espacio privado, quizá porque decidimos alzar la voz, o tal vez porque nos volvimos dueñas de nuestro cuerpo y decidimos vestirnos como queremos y eso parece desde algunos puntos de vista ofensivo para una moral que ya es obsoleta.

Necesitamos cambiar el pensamiento de que la mujer debe estar sometida (de forma consciente o inconsciente) a los buenos modales que el hombre establece para ella, esto cambiando los esquemas de educación de los más jóvenes, es necesario cambiar el discurso de las autoridades y del propio sistema penal para deslegitimar a aquellos que creen que deben ejercer el derecho natural de la violencia sobre la mujer, porque mientras el agente del Ministerio Público siga diciendo que la ropa sucia se lava en casa, mientras se nos culpe por ir bajo los efectos del alcohol, o con faldas, vestidos o escotes, en tanto eso no cambie, no habrá un cambio de chip, ni se romperá con el discurso asfixiante que está matando a la mujer.

Es necesario que en el caso de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum jefa de gobierno, acepte que si bien ya hay normas que garantizan la igualdad entre hombres y mujeres, el margen del derecho penal y en general del derecho posee un techo de cristal que aún es muy endeble, muchas de las construcciones hechas hasta ahora poseen prejuicios, por ejemplo, las mujeres trans, no son muchas veces protegidas aún a pesar de ese techo normativo, es necesario decir que, la definición de cada rol de género aún posee cargas sociológicas de un modelo dominante, modelo que pertenece al machismo.

Al final debemos comprender que el asesinato con violencia de una mujer es un intento fallido por someterla al sistema impuesto desde hace varios años, es un fracaso del agresor; y entonces será necesario transformar el sistema considerando que ninguna re-evolución será pacífica porque la irritación que existe sobre los sistemas dominantes se negarán al cambio en primera instancia. 

Fuentes de consulta:

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¿Qué es Anagénesis Jurídico?, Complejidad Social (Derecho, Economía y Política), Feminismos y equidad de género, Jacqueline Miranda De los Santos

La falsa idea entorno a las vírgenes y putas. Seguridad pública para mujeres (Segunda parte)

Por Jacqueline Miranda de los Santos

Hace varios meses en Netflix se estrenó un stand-up atípico llamado Nanette, Hanna Gadsby dice que la historia del arte nos ha enseñado que las mujeres son o vírgenes o putas hace mención de personajes como Harvey Weinstein, Woody Allen y el mismísimo presidente de Estados Unidos Donald Trump quienes en líneas claras tienden a colocar a las mujeres en esas posiciones; ella en su monólogo cuenta muchas cosas que dejan a quien la ve con un gran nudo en la garganta.

Estoy enojada y creo que estoy en todo mi derecho de estarlo, pero de lo que no tengo derecho es de esparcir ese enojo, porque el enojo como la risa, puede conectar como ninguna otra cosa a un grupo de extraños.

El móvil del feminicida puede tener variaciones sin embargo, las motivaciones para juzgar el crimen por parte de la sociedad se basa siempre en estigmas culturales que colocan a la mujer en una posición de desventaja, la idea de que la mujer pura pertenece a su hogar esperando a el hombre ideal que la lleve a la iglesia para casarse y entonces ella dedique su vida y su tiempo a su hogar y a sus hijos, parecería un esquema ya no tan vigente, no obstante, cuando una mujer muere fuera de lo que se ha determinado como el ambiente privado (hogar), ella se convierte en algo impuro: un puta[1].

La calificación de la muerte, violación y/o abuso sexual de una mujer se demerita por parte de una gran parte de la sociedad con los siguientes argumentos: Sí una joven es violada y cruelmente asesinada, la culpa es de ella ya que no debió salir de casa, y mucho menos embriagarse y usar un vestido, porque eso no lo hace una señorita de casa. Una joven es violada en una fiesta, varios chicos son partícipes, ella está en shock y no se mueve, está aterrada alguien opina que lo disfrutó, que de lo contrario habría gritado; como si alguien que nunca ha estado en esa situación supiera lo que es sentir que en cualquier momento a merced del victimario puedes morir, sólo porque sí, sólo porque eres mujer, sólo porque estabas fuera de casa[2].

Pero la justicia paternalista y por supuesto machista se topa con las mujeres víctimas de violencia física en el hogar, muchas autoridades responden diciendo[3] que: “la ropa sucia se lava en casa”, “respete a su esposo, jefa” y cuando el feminicidio se hace presente, la respuesta: fue un accidente, se suicidó. Pareciera que todo es mejor que enfrentar la realidad de la violencia que viven las mujeres, parece que la creencia de que a las mujeres las matan por malas es la creencia que rige la justicia en México.

Actualmente en México, poseemos un sistema jurídico excluyente, es decir, es un sistema que sólo garantiza ciertos privilegios de seguridad a unos cuantos, este esquema de exclusión del derecho no se transforma, no evoluciona y sigue produciendo y reproduciendo privilegios para unos cuantos. De esta manera aunque el derecho actual pareciera transformarse rápidamente en el actuar legislativo, rompe las conexiones necesarias con el entorno social y sus presupuestos de realidad, rechazando las críticas feministas al contenido interno.

Las políticas públicas que deberían garantizar seguridad para mujeres no son óptimas y se ven como mecanismos obsoletos al ser desapegadas de la realidad que hoy vivimos en México.

¿Qué planteo con lo anterior? El derecho al no aceptar la crítica al contenido interno y ser un subsistema que produce exclusión y desigualdad, rompe las conexiones necesarias con la realidad pero también con la moral de las clases sin privilegios, los invisibles, los Otros, los que son desplazados del mínimo de seguridad que el Estado debería garantizar a todos y en ese global a las mujeres y niñas que hoy son asesinadas.

La moral con la que el derecho crea conexiones necesarias para dar fuerza al argumento del contenido interno ideal para la realidad social, es la moral de los no excluidos y por tanto de quienes pueden llegar a pensar de la siguiente manera:

-No quieres que te acosen en las calles, no salgas. No quieres que expresen cosas sobre tu cuerpo, no uses ropa entallada, no uses faldas, no uses short ni vestido, no provoques que te miren, no uses tanga y vestido porque con ello indicas que quieres ser violada y posiblemente asesinada, en términos generales no seas mujer.

El derecho penal

El código penal de la Ciudad de México tipifica el feminicidio de la siguiente manera:

Artículo 148 Bis. Comete el delito de feminicidio quien, por razones de género, prive de la vida a una mujer.

Existen razones de género cuando se presente cualquiera de los siguientes supuestos:

  1. La víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo;
  2. A la víctima se le hayan infligido lesiones infamantes, degradantes o mutilaciones, previas o posteriores a la privación de la vida;

III. Existan datos que establezcan que se han cometido amenazas, acoso, violencia o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;

  1. El cuerpo de la víctima sea expuesto, depositado o arrojado en un lugar público; o
  2. La víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a su fallecimiento. A quien cometa feminicidio se le impondrán de veinte a cincuenta años de prisión.

Si entre el activo y la víctima existió una relación sentimental, afectiva o de confianza; de parentesco, laboral, docente o cualquiera que implique subordinación o superioridad, y se acredita cualquiera de los supuestos establecidos en las fracciones anteriores, se impondrán de treinta a sesenta años de prisión.

De acuerdo con datos de El Universal, en 6 años se cometieron cerca de 300 feminicidios, de los cuales se consignaron sólo 166, este dato no contempló el reporte del Tribunal Superior de Justicia quien considero 900 asesinatos de mujeres. Sí se considera únicamente las 166 consignaciones sobre los 300 feminicidios la norma penal sigue siendo deficiente, el derecho penal hasta ahora no busca comprender las causas o el móvil del feminicida, no busca prevenir, busca que por medio del temor a la sanción se frente el número de casos.

En términos generales en México, en los primeros cuatro meses del 2018 se han registrado 226 feminicidios, hasta la fecha este año se ha convertido en uno de los más violentos para las mujeres, en promedio a diario dos mujeres son asesinadas, los estados más letales son Estado de México, Nuevo León, Chihuahua y la Ciudad de México, es importante destacar que durante 2017 Sinaloa alcanzó en datos estadísticos el mayor número de feminicidios seguido de Veracruz y Oaxaca.

¿Qué hay de las políticas, programas y proyectos para la prevención de los feminicidios?

La Secretaría de Gobernación presentó un plan de cinco puntos, en el que básicamente se habla de hacer un estudio de diagnóstico identificando las causas de la violencia hacia la mujer; se destinan recursos económicos para la creación de fiscalías que realmente puedan atender el problema, a pesar de ello, sigue sin ser un plan estructurado que atienda a las causas reales.[4]

Por otra parte INMUJERES posee la línea de acción: Mujeres sin violencia. En el portal el instituto brinda una serie de elementos y herramientas que pueden ayudar a las mujeres, menciona los diferentes tipos de violencia y la normatividad que puede ser de ayuda. Dentro del portal se pueden observar los programas por estados para erradicar la violencia en contra de las mujeres, uno de los más destacables es el del Estado de México.

El programa se denomina: Modelo de atención a mujeres en situación de violencia, sus hijas e hijos. Es un modelo que pretende atender y orientar a las mujeres víctimas de violencia doméstica (durante el 2017 se registraron 106 mil 706 llamadas de violencia contra la mujer que incluye violencia emocional hasta violencia física, muchos de estos casos tienden a terminar en feminicidios), es un modelo estructurado para contener la reproducción de la violencia en el hogar. Sin embargo la violencia al exterior sigue sin tener una línea de acción clara por parte de las instituciones.

El Estado no proporciona garantía de seguridad alguna, no hay elemento que asegure que al salir a la calle una mujer o niña no sea violada y después asesinada. Y uno de los problemas radica en la construcción cultural de la violencia hacia ellas, porque al final el Estado sigue pretendiendo tener el control de sus cuerpos, de sus decisiones en una falsa idea de paternalismo proteccionista. Esto último es lo que he denominado como el derecho excluyente, ese que sigue sin garantizar absolutamente nada.

La deconstrucción al contenido interno del derecho debe comenzar por llevarlo a transformarse en un derecho que sea capaz de mirar a quienes más indefensas son, el derecho debe ser un subsistema más abierto a la realidad de las mujeres y permitirles decidir sobre sus cuerpos, al existir este reconocimiento puede comenzar la transformación del esquema social y cultural.

Para comenzar, sectores más vulnerables

El reconocimiento de los derechos que poseen las mujeres transexuales, y los problemas que tienen al ser invisibilizadas en cada uno de los subsistemas que forman el esquema social y por ende la realidad de México[5].

La marginación, el olvido y la pobreza ha llevado a muchas mujeres transexuales y transgénero a trabajar como sexoservidoras siendo más vulnerables a ser víctimas de violencia física e incluso a llegar a ser parte de las estadísticas de feminicidios, por otra parte también son susceptibles a padecer enfermedades de transmisión sexual y por ende a no recibir la atención adecuada por la interpretación social hacia ellas. Dentro de los programas, proyectos y/o políticas públicas no existe punto específico que dicte una medida para la erradicación de la violencia hacia ellas, y no es necesario que exista un tipo penal específico porque el derecho penal como amenaza no es la solución, sino el entendimiento social de que ellas son mujeres y que no las podemos seguir invisibilizado y excluyendo a través de argumentos (falacias) religiosas porque al final todo el esquema social se compone por cada individuo. Es necesario mirar hacia ese sector porque si por el simple hecho de ser mujeres existen personas que creen que tienen el derecho de asesinarnos, la construcción del cajón de lo normal las coloca a ellas en una situación aún peor, son en muchas ocasiones olvidadas, cuerpos en fosas comunes y nada más, si la seguridad pública es un derecho para unas lo será para todas.

Aborto legal y seguro

El reconocimiento de que las mujeres son capaces de decidir sobre sus propios cuerpos es una de las herramientas más importantes para comenzar a construir una nueva realidad para las mujeres, al final cada mujer debe decidir si quiere o no ser madre o en qué momento es más oportuno serlo, no conceder la capacidad de decidir sobre sus propios cuerpos, es una forma de ejercer control sobre ellas de seguirles considerando incapaces.

El aborto legal es la primera forma de empoderamiento, de hacerle saber al colectivo que el cuerpo femenino no es del dominio público, el peso del argumento religioso, o de la moral de los otros es algo que debe dejar de tener excesivo peso en el derecho porque al seguir transformándose en esa realidad seguirá sin otorgar garantía de seguridad a las mujeres.

No somos ni vírgenes, ni putas, somos mujeres que un día estamos vivas pero que al siguiente no sabemos si seguiremos con vida. Sí, estamos enojadas y ese enojo y lucha diaria por lograr tener garantías de seguridad, nos ha conectado en discusiones interminables, a nadie más que a nosotras nos toca decidir sobre nuestros cuerpos; ni líderes religiosos, ni personajes con amplios estudios pueden opinar, es una decisión que concierne a cada una. No somos mujeres por la construcción cultural genital, somos mujeres por muchos más componentes internos y externos que nos llevan a identificarnos como tal, por ello la lucha sobre seguridad pública también debe extenderse hacia las mujeres trans.

Este artículo es una segunda parte sobre mi entrega de seguridad pública para mujeres pone en la mesa la idea de que el derecho debe ser reformado desde dentro para visibilizar todos los problemas que ha negado, en este caso la seguridad de las mujeres, pero, el problema del rechazo a la crítica del contenido interno ha generado un grado tal de exclusión que la inseguridad que hoy percibimos es solo el inicio del problema, al final el subsistema derecho corre el riesgo de colapsar si decide seguir siendo excluyente, controlador y paternalista.

Es necesario comprender que la violencia que hoy enfrentamos en contra de las mujeres es una violencia diferente, hoy en día poseemos políticas de acción en contra de las agresiones que viven las mujeres en los espacios privados, empero la violencia derivada de las políticas calderonistas, está lejos de ser atendida y comprendida. Las políticas públicas que se realicen desde ahora deberán tener una tendencia a la prevención y modificación a los patrones culturales de la sociedad mexicana. Las políticas y las instituciones así como el derecho deben cambiar y dejar de excluir problemas y sectores. La realidad de esta situación requiere de presupuestos básicos que deberán ser dotados por los diferentes sectores afectados (es decir las mujeres) y bases teóricas desde los diversos postulados feministas.

[1] La Real Academia Española (RAE) dice que palabra “puto” deriva del latín puttus, una variación de putus que significa niño. Sin embargo, el adjetivo tiene una connotación denigratoria ya que es un calificativo que se da a las personas dedicadas a la prostitución o sodomía. De acuerdo con la CONAPRED, en México el uso de la palabra puto/puta es una expresión de desprecio y rechazo.

Por otra parte en 1611 Sebastián de Covarrubias presenta el Tesoro de la Lengua Castellana o española como un diccionario monolingüe de la lengua española, en este primer trabajo la palabra puta tiene un significado de mujer ruin o ramera, descrita como la que siempre está caliente y con mal olor. El contexto en el que escribe Covarrubias es el de una Europa que está en el inicio de la transformación del feudalismo a los primeros tintes de la revolución industrial, es un hecho que desde entonces las mujeres laboralmente hablando recibían salarios mucho menores que los de los hombres y que la prostitución fue y sigue siendo una forma de sobrevivir.

Es cierto que actualmente existen muchos sentidos y significados de la palabra puta, sin embargo, en este caso el uso que se le da es el que significa que la mujer y su cuerpo pertenecen al colectivo, que es del ámbito público, quizá con la frivolidad de pretender descalificar el feminicidio y sus causas.

[2] https://elpais.com/elpais/2018/12/05/album/1544030702_036455.html#foto_gal_4

[3] Véase más en: Guerrera Frida, #NiUnaMás El feminicidio en México; un tema urgente en la Agenda Nacional, Ed. Aguilar, 2018.

[4] Véase en: https://www.animalpolitico.com/2017/11/medidas-gobernacion-feminicidio-puebla/

[5] En 2018 han sido asesinadas 47 mujeres trans, de acuerdo a los datos del Centro de Apoyo a las Identidades Trans.

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¿Qué es Anagénesis Jurídico?, Ciencia, tecnología y sustentabilidad, Feminismos y equidad de género

Género e Ingeniería

Por Marisol Maldonado Olmos[1]

Si bien es cierto que estudiar ingeniería no es un camino fácil y que requiere de mucho esfuerzo, capacidad y constancia, esto se complica para las mujeres por el impacto de los usos y costumbres del sistema social mexicano existente en cuanto a roles de género desempeñado en nuestra sociedad. Caso contrario a este pensamiento y sin duda, no hay carreras, profesiones o trabajos que sean exclusivos para algún género, pero culturalmente existe cierto rechazo entre ambos sexos en diversas áreas del conocimiento. Y mi trayecto como estudiante de ingeniería no fue la excepción a la regla.

 Yo descubrí mi pasión por la ingeniería a través de la universalidad de los números. De pequeña no me gustaban los idiomas y no comprendía el porqué de la existencia de muchos idiomas, pues siempre argumentaba de la siguiente manera: “mira, los números son iguales en todo el mundo, nunca cambian y son para siempre”.  Invariablemente mi aseveración de pequeña es cierta; los números, las matemáticas y las ciencias exactas siguen un muro lógico donde no cabe la posibilidad de la existencia de dos respuestas a un problema matemático, solo hay una respuesta correcta. La mecatrónica vino de la mano del rigor de las matemáticas y mi interés por Harry Potter. Mi afición por las películas de Harry Potter me llevó a la animatrónica, puesto que mi sueño fue ser quien diseñara, construyera e hiciera funcionar a los seres fantásticos e imaginarios de la saga. Es así que comenzó mi pasión por la ingeniería.

La perspectiva de género en la facultad de ingeniería

 La realidad es que soy mujer, ingeniera y estadísticamente represento a una minoría, pues sólo el 23% de la población escolar de ingeniería generación 2014 de la UNAM somos mujeres[2]. Y es una cifra que nos atañe, pues los mayores avances en la sociedad se generan a través de los ingenieros con el desarrollo de la tecnología, y estamos en un mundo conformado por un 50 % de mujeres[3], por lo cual resulta necesario una visión femenina dentro del mundo de la ingeniería; el potencial estratégico, la visión y percepción sobre las cosas al ser diferente se vuelve enriquecedora nuestra disciplina. Desde un punto de vista corporativo a la mayoría de las empresas no les interesa perder talento independientemente de si éste viene de algún género en específico, pero entonces ¿por qué razón las mujeres no representan estadísticamente un valor representativo?

En la primera clase de toda la carrera mi profesor nos dijo “y las chicas, ¿por qué ingeniería? No me malinterpreten, no quiero juzgarlas, pero realmente no saben lo que les espera allá fuera, pues llevarán el café en donde quiera que trabajen”. Lo primero que experimenté ante esas afirmaciones fue enojo, impotencia y decepción, seguido de dudas.

Ser ingeniero o ingeniera significa ser una persona creativa, capaz de diseñar procesos, objetos, etc.,  que ayudan a mejorar la calidad de vida, pues la ingeniería es el conjunto de habilidades necesarias para construir cualquier cosa que se pueda cruzar por nuestra cabeza, junta lo preciso de las matemáticas con lo excéntrico del ingenio[4]. Dentro de esta definición no existe una premisa masculina. La ingeniería es para la gente, se diseñan cosas para la humanidad.

A lo largo de mi carrera me he percatado que la mayoría de las mujeres tenemos desventaja en cuanto habilidades propias de la ingeniería, desventajas que se nos presentaron a edad temprana, tales como capacidad espacial, que es una de las habilidades más importantes dentro de la ingeniería, pues tiene repercusiones en casi todos los campos científicos y técnicos. La Universidad de Colorado afirma que los niños que interactúan con juguetes enfocados en habilidades espaciales, como rotar objetos, conectar formas mentalmente, crear patrones, etc., desarrollan habilidades de comprensión espacial y múltiples destrezas importantes en campos como ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas[5]. Y adivinen para qué género ha sido diseñados y comercializados estos juguetes de construcción, pues sí, siempre se pensó que esos juguetes eran para niños. Entonces, ¿Quién despierta el interés por las matemáticas y la ciencia en las mujeres?

Mis dudas comenzaron a desarrollarse alrededor del miedo generado por premisas machistas de mis docentes como miedo a reprobar materias, a no ser lo suficientemente capaz en todos los aspectos, a no dar el ancho, entre otras. Muchas mujeres estudiantes de ingeniería probablemente han pasado por la misma situación que yo al escuchar frases como la de aquel profesor que intentaba minimizar a la mujer y es probable que la gran mayoría tuviera la misma sensación de desasosiego al sentir que no encajaban.

Durante el tercer semestre, me apoye de un psicólogo y en una de mis terapias quise comentarle mi sentir acerca de esta inseguridad y después de esa sesión reafirmé mi deseo de ser ingeniera. Estaba estudiando algo que me apasiona, que era mi sueño y sin embargo en ocasiones me sentía ajena a la ingeniería por no seguir lo que la sociedad exigía de mí. Pero ese día fue cuando decidí salirme definitivamente del molde y me volví una persona completamente diferente a lo que la sociedad esperaba de mí, fue el momento en que volví a apostar por mí, en no demeritar mis sueños por ser juzgada o marginada y enfocar toda mi energía en dar lo mejor, me comprometí a demostrarme a mí misma y a la sociedad que yo podía ser lo que yo decidiera, decidida a romper todas las barreras inconscientes y suplirlas con talento haciéndome visible.

Pronto noté que no era la única mujer que estaba pasando por esto. Mi familia paterna es de una zona rural de Veracruz, donde la educación llega a través de modelos educamedia como lo son la telesecundaria y telebachillerato, formatos creados con el objetivo de disminuir el analfabetismo desde la década de los sesenta en lugares de difícil acceso. Fue justo en ese tiempo cuando visité a mi familia y mis sobrinas, se acercaron a mí para pedirme ayuda con unos problemas matemáticos de nivel bachillerato porque temían el perder el año y con gran placer las ayudé. Me emocionó ver que me entendían y ellas se sentían capaces de resolver problemas complejos. En ese momento no había mayor remuneración y satisfacción para mí que saber que se sentían más seguras de sí mismas y mucho más capaces que antes.  Mis primas me pidieron seguir en contacto para futuras consultas y se me ocurrió decirles que juntaran sus dudas, me las hicieran llegar y cuando fuera necesario se acercaran al café Internet del pueblo para hacerles llegar una resolución a sus dudas. Y fue ahí donde empezó a germinar la idea de Pasos por ingeniería[6], un canal de vídeos en Internet en la plataforma digital Youtube.

Al sentir la satisfacción de ayudar a otras mujeres en un área en la que culturalmente no se sienten identificadas, me motivó mi deseo de querer ayudar a más personas y a convertir lo ajeno en algo práctico y fácil. Porque a través del estudio de mi carrera me di cuenta de que no necesitas ser un genio para estudiar ingeniería, solo necesitas ser persistente, tenaz y trabajador. Surgió en mí una nueva pasión y necesidad, el enseñar, educar y transmitir mi conocimiento y fue a finales del quinto semestre de mi carrera que me sentí lo suficientemente capaz y preparada para compartir con más personas mi conocimiento, ayudarlos a cumplir sus metas académicas y profesionales. Así fue como subí el primer vídeo al canal.

Al mes descubrí que no solo mis primas y familiares veían mis videos. En los analíticos observe que existían porcentajes notables de espectadores de muchos estados de México y de diferentes países de Latinoamérica y Europa.  Me percate que había mucha más gente enseñando matemáticas, ingeniería y ciencias a través de esa plataforma, conocí a algunos de ellos e investigue más, y nuevamente me di cuenta de que representó a  la minoría de mi  género, pero con la particularidad de que el porcentaje me impactó, ya que soy la única mujer haciendo esto en México.  Una de las respuestas a esta situación es el rol que se le asigna a cada género, como ya mencione, las mujeres no juegan con instrumentos que pudieran parecer herramientas, esas son cosas para niños; en nuestra cultura a una niña se le dan muñecos, trastes, se nos dice que somos demasiado emocionales, delicadas, que las mujeres desde niñas pertenecemos al hogar y a lo privado. Las niñas no nos ensuciamos y mucho menos se les imagina en sectores industriales, es difícil imaginar a una ingeniera petrolera en plataforma, es complejo imaginar que una mujer enseñe matemáticas, eso asusta y derribar todos los estereotipos es complicado, pero no imposible.

Ha poco más de dos años de la creación del canal me siento muy feliz de ver el crecimiento de este proyecto, pues al día de hoy mi canal cuenta con 2,400,000 reproducciones. Esta cifra nos deja ver que al menos he ayudado a entender, repasar y/o comprender un tema de matemáticas e ingeniería a 100,000 personas al mes por dos años, y me siento muy feliz de leer los comentarios provenientes de todas partes del mundo agradecidos por el apoyo que les brindó a través de mis vídeos.

Toda esta satisfacción es el resultado de mi empoderamiento como mujer, por sentirme capaz de dominar temas complejos, por creer en mis capacidades, por trabajar muy duro y estar dispuesta a sacrificar muchas cosas. Así pues, he logrado mantener un canal de vídeos a la par de completar con éxito mi plan curricular de ingeniería y estar próxima a recibirme como ingeniera. Logré encontrar el balance para continuar mis sueños y este trabajo no termina con estas satisfacciones, tan solo empieza aquí.

Creo fielmente que las mujeres más fuertes son a las que ves ayudándose entre sí, impulsándose. Por eso yo le pido a todos los lectores que sean valientes porque no siempre nacemos con el carácter, decisión y seguridad de decir ¡Yo puedo!, porque cargamos con una gran estructura social y vivimos en un país tradicionalista que nos obstaculiza el creer, confiar en nosotros y en pensar que podemos ser lo que queramos. Pero si son valientes, tenaces y trabajadores, verán que encajarán en cualquier lado y su vida será un éxito profesionalmente, personalmente y espiritualmente.

[1] Egresada de la carrera de ingeniería mecatrónica, en la Universidad Nacional Autónoma de México. Autora del canal de enseñanza en YouTube “Pasos por Ingeniería”

[2] Series estadísticas por entidad académica UNAM, DGPL. Disponible en: http://www.estadistica.unam.mx/reportesinstitucionales/reporte_pobxcarrera.php?cve_dep=005

[3] Banco mundial de datos, población, mujeres. Disponibles en: https://datos.bancomundial.org/indicador/SP.POP.TOTL.FE.ZS?view=chart

[4] Perfil de egreso del estudiante  de ingeniería mecatrónica: http://www.ingenieria.unam.mx/programas_academicos/licenciatura/mecatronica.php

[5]Juegos de construcción como LEGO preparan futuros ingenieros, El universal. Disponible en: http://www.eluniversal.com.mx/ciencia-y-salud/ciencia/juegos-de-construccion-como-lego-preparan-futuros-ingenieros

[6] Consulta el canal en:  https://www.youtube.com/c/pasosporingenieria

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¿Qué es Anagénesis Jurídico?, Complejidad Social (Derecho, Economía y Política), Feminismos y equidad de género

Las desigualdades y brechas de género al interior de las organizaciones de derechos humanos

Por Liliana Trejo[1]

trejo.lilith@gmail.com

Resumen

Este artículo expone una denuncia colectiva por acoso sexual realizada por un grupo de mujeres profesionales contra el personal de una organización social de derechos humanos en la que laboran, en El Salvador. El propósito de esta descripción es evidenciar la violencia y discriminación por razón de sexo que se comete contra las mujeres en estos espacios y generar reflexiones sobre el manejo que hacen las instituciones de esta índole en situaciones de acoso sexual a manera de identificar las dinámicas que ensanchan las brechas de equidad y las condiciones de desigualdad en el mundo laboral de las mujeres.

El acoso sexual. Recorrido al marco legal y a la perspectiva crítica feminista

Las convenciones y tratados internacionales sobre los derechos humanos de las mujeres[2], desplegaron dispositivos legales y políticos que posibilitaron la implementación y modificación de marcos legales para la prevención y erradicación de la violencia hacia las mujeres en todos los Estados miembros de la Organización de Naciones Unidas (ONU). En el caso específico de El Salvador en materia de los derechos de las mujeres, es importante resaltar que, si bien la normativa internacional impulsó al Estado a acoplar su agenda pública a la transversalidad del enfoque de género, la contribución del movimiento feminista salvadoreño, desde su surgimiento en las postrimerías del conflicto armado salvadoreño (1992), fue clave para la creación de un marco jurídico que posiciona y ampara a las mujeres como sujetos políticos de derechos. De esta forma, en el 2011 en medio de un contexto político favorable en el que por primera vez la izquierda partidaria triunfa en las elecciones presidenciales (2009-2014), entra en vigencia la  Ley Especial Integral para la una Vida Libre de Violencia para las Mujeres (LEIV) y la Ley de Igualdad, Equidad y Erradicación contra las Mujeres (LEI). De estas leyes se desprende un marco conceptual y legal que nombra los tipos de violencia hacia las mujeres y establece las directrices y funciones de las instancias gubernamentales para la prevención y actuación de los mismos.

En lo que respecta al acoso sexual, el Código Penal lo define como: “una conducta social indeseada por quien la recibe, que implica frases, tocamientos, señas u otra conducta inequívoca de naturaleza o contenido sexual y que no constituya por sí sola un delito más grave, será sancionado con prisión de tres a cinco años” (Ley 1030, 2010, art. 165). Asimismo, la legislación internacional a través de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se refiere al acoso sexual como una expresión de violencia y lo clasifica de dos maneras: “«acoso sexual quid pro quo» o «acoso sexual en un entorno de trabajo hostil». El acoso sexual quid pro quo se produce cuando la obtención de una prestación relacionada con el trabajo (un aumento de sueldo, una promoción o incluso la continuidad del empleo) queda condicionada a la participación de la trabajadora o el trabajador en algún tipo de actividad de naturaleza sexual. El acoso en un entorno de trabajo hostil comprende las conductas que crean un ambiente de trabajo desagradable y ofensivo. Abarca comportamientos y alusiones basadas en el sexo, generando condiciones de empleo humillantes e intimidantes que influyen en las labores de las personas” (OIT, 2016).

 La caracterización del acoso sexual desde estos marcos legales representa un escalón imprescindible para su erradicación, y a la vez, un importante avance en el proyecto de sociedad con condiciones igualitarias para mujeres y hombres. No obstante, la teoría de género contiene conceptos y metodologías que permiten visibilizar la violencia hacia las mujeres, en este caso el acoso sexual, como práctica cultural que no se limita al espacio laboral, pues su objetivo consiste en ensanchar las brechas de equidad y las desigualdades de género al reafirmar el poder tradicionalmente asignado a los hombres sobre los cuerpos de las mujeres.

En este sentido, la perspectiva feminista sitúa al centro de la reflexión las experiencias de las mujeres y la construcción social de lo femenino en el contexto de interacción en el que se desenvuelven, siendo vital la enunciación de las condiciones sociales, de clase, étnicas, generacionales, religiosas y  políticas que atraviesan a las mujeres con el propósito de aprehender la complejidad cultural de sus realidades particulares (Castañeda 2010; Lagarde, 2015).

El acoso sexual al interior de una organización social de derechos humanos

“Creer en que vamos a ser tratadas como iguales forma parte de nuestra cultura política y de nuestro equilibrio psicológico. Cuando la desigualdad se manifiesta o se hace evidente, el dolor y la frustración son grandes, pero mientras se puedan ignorar, la mayor parte de las mujeres se conforman y buscan su camino en un mundo laboral donde ya no son una minoría, aunque su posición siga siendo más vulnerable” (GEA 21, 2009)

La descripción que se presenta a continuación surge a partir de una consulta con un grupo de mujeres que trabajan en organizaciones no gubernamentales, sobre las brechas de equidad que enfrentan en sus trabajos; en este proceso se identificó un caso particular que permite evidenciar las expresiones de discriminación sexista y los retos de las organizaciones sociales para garantizar a las mujeres el acceso a condiciones justas e igualitarias. A petición del grupo se reserva los nombres de las personas y de la institución involucrada y toda información que vulnere su integridad y seguridad.

Cuando se habla de acoso sexual laboral muchas veces se tiende a pensar en escenarios concretos: sector de servicios y comercio y mujeres particulares: pobres, en posiciones laborales desvaloradas, bajo nivel educativo, perteneciente a grupos étnicos, entre otros. Esto supone además, una presunta “igualdad” alcanzada por aquellas mujeres que tienen diferentes condiciones: ingresos económicos fijos y dignos, estudios superiores, profesionales, en puestos de poder y con formación en género. Sin embargo, el acoso sexual hacia las mujeres no repara en las condiciones diferenciales en las que están insertas, al contrario, toma matices propios a cada condición, a manera de legitimar el poder de y entre los hombres sobre las mujeres y mantener las brechas de desigualdad en cada contexto.

El caso particular de acoso sexual que se aborda en este artículo, efectivamente fue vivenciado dentro de una organización conformada mayoritariamente por mujeres profesionales del área de humanidades y de salud, todas jóvenes, solteras y sin hijos; pocas con formación en género y responsables de ejecutar las actividades de campo de los proyectos, es decir, en puestos medios si lo vemos desde la jerarquía institucional. Su labor en campo impedía el encuentro frecuente entre las mujeres, al grado de desconocer las actividades que ejercían las demás. Los pocos hombres de la institución estaban situados principalmente en puestos de mando y de control de los recursos materiales y financieros, es decir, puestos estratégicos para la ejecución de actividades.

El ambiente laboral comenzó a tornarse violento por las actitudes de hostigamiento laboral hacia las mujeres: se cuestionaba con alevosía las actividades técnicas de las mujeres, registraban el mínimo error o imprevisto en campo para luego acusarlas a sus espaldas, no respondían a tiempo las solicitudes logísticas de las actividades lo que provocaba fricción con las instituciones contrapartes, utilizaban los espacios de la oficina como su territorio personal al colocar artículos de personales en los baños, dejar la tapa del inodoro abierta, escuchar música a todo volumen, y a la vez, se incrementaron las manifestaciones de acoso sexual a través de miradas lascivas y comentarios de contenido sexual dirigido a las mujeres cuando estaban solas o en la presencia de otros hombres, acercamientos indebidos, bromas y comentarios sexistas y una recurrente ridicualización de los procesos de sensibilización en género y de masculinidades que habían sido impartidos al personal de la institución años atrás.

Tras la renuncia de una compañera, por razones aparentemente familiares, todas las mujeres tuvieron la oportunidad de reunirse y conversar sobre lo sucedido, sin imaginar que en  la conversación surgiría las experiencias del acoso laboral y sexual como un problema colectivo compartido y no individual como creían. Inmediatamente la fuerza y la indignación del grupo las llevó a interponer una denuncia con las jefaturas de la institución, quienes de inmediato programaron reuniones individuales para conocer la experiencia de cada una. A pesar de que pocas mujeres no compartieron la medida, pues el acoso sexual es una conducta legítima y “natural”, el  problematizarlo y denunciarlo no es tarea sencilla para muchas mujeres y peor frente a otros hombres.

El manejo institucional a raíz de la denuncia, arrojó datos interesantes en relación a las condiciones que propician las inequidades y desigualdades en la oficina, por ejemplo: el pacto entre hombres. Fueron pocos los hombres que no cometieron conductas violentas directamente hacia las mujeres, pero fueron testigos cuando sucedían y las legitimaron con su silencio al no interferir, entre ellos algunas jefaturas que pretendieron demencia cuando se les preguntó por qué no hicieron nada al respecto. Parte de este pacto fue también dirigir un correo con copia exclusivamente a las mujeres en el que se adjuntaba el reglamento interno de prevención y actuación en casos de acoso sexual, excluyendo a los hombres, como un mensaje para las mujeres de cómo se debe actuar según un manual desactualizado. Ante esto algunas pronunciaron para alegar que el tema del acoso era un problema que involucra a mujeres y a hombres y que por tanto, debía compartirse las directrices a los hombres acusados.

Falta de transparencia en el proceso

Se realizaron reuniones por separado, mujeres con jefaturas por un lado y hombres con jefaturas por otro. Jamás se expuso lo que se discutía en cada parte, ni mucho menos se programó una reunión mixta, generando obviamente un clima de tensión e incertidumbre, de temor sobre todo para los hombres por posibles despidos, quienes cambiaron sus actitudes con las mujeres al establecer relaciones estrictamente laborales y responsables, como debía ser desde el inicio. Las mujeres en cambio, procuraron reuniones fuera de la oficina para discutir los posibles escenarios de solución y pensar en estrategias para protegerse de posibles represalias de parte de las jefaturas involucradas y los actores directos, al final de cuentas ellos mantenían el control de los recursos institucionales y no les importaba afectar las actividades.

Las aliadas del patriarcado

Después de semanas intensas de incertidumbre por la falta de soluciones concretas de parte de las jefaturas y un ambiente laboral tenso, la unión de las mujeres comenzó a mermar, algunas comenzaron a establecer alianzas con los hombres, reuniéndose a escondidas para comunicarles lo que el grupo de mujeres discutía en las reuniones fuera de la oficina y dejaron a asistir a las reuniones que se programaban con el propósito de desvincularse de acciones que mantuvieran firme al grupo en una situación tan repudiable.

Las jefaturas consultaron al grupo de mujeres si tenían propuesta para salir de esta problemática, este momento fue curioso, pues la mayoría de las mujeres a pesar de la indignación, el enojo y posiblemente el miedo, propusieron una resolución de conflictos mediante la programación de reuniones de convivencia. Pocas aludieron a la gravedad de lo sucedido y a la necesidad de una sanción simbólica, monetaria o despido, pero la mayoría de las mujeres reaccionó al sugerir que se pensara en las consecuencias económicas de las familias de los acusados y en la radicalidad de esa propuesta.

La trivialización de los sucesos

La forma más sencilla para desacreditar la indignación y la vulneración de los derechos de las mujeres fue darle largas al proceso, responsabilizar y culpabilizar a las mujeres por la probabilidad de despidos debido a la “exageración” de sus denuncias. Este desgastante proceso diluyó la fuerza del colectivo y las pocas que resistieron, señalaron sus acciones como actos personales intencionales contra los hombres que no respondían a asuntos de oficina o porque simple y sencillamente eran feministas y odian a los hombres, desvirtuando el proceso de denuncia.

Reflexiones finales

La desacreditación de la denuncia por acoso sexual generó molestia e indignación no sólo porque no fue reconocida como violencia sino también por proceder del personal de una organización de derechos humanos, lo cual representa una falla por parte de los organismos no gubernamentales cuyo rol es proporcionar y velar por el cumplimiento de las políticas administrativas estatales ¿se debe esto a una incongruencia de valores institucionales o es parte de los tentáculos del machismo manifestándose al interior de estos espacios?

Al hacer retrospectiva de esta situación comprendo que el silencio inicial ante el acoso sexual y laboral del grupo, entre ellas algunas feministas, estuvo influenciado por situaciones reales y de peso: la inestabilidad laboral en un contexto social de precariedad y su experiencia de trabajo, impulsando las políticas nacionales de género, las hace conocedoras de la debilidad institucional y la prevalencia de sesgos moralistas ante situaciones de violencia hacia las mujeres ¿cómo denunciar entonces la incomodidad de silbidos, de comentarios falocéntricos, miradas que desnudan y actitudes con intenciones claras de desacreditar su trabajo? Parecer más fácil ser estratégica e ignorar lo que sucede alrededor, pues interponer una denuncia es un proceso emocionalmente desgastante y la indignación y rabia carcome los cuerpos de aquellas que se quedan solas enfrentando las tensiones que implica, al final de cuentas no estamos tan lejos de la realidad de las mujeres del medio oriente: se necesitan dos o más mujeres para hacer valer la opinión de una.

Rescato la importancia de la unión de las mujeres para realizar cambios sustanciales en la cotidianidad laboral, los cuales se encaminaron a disminuir las brechas de equidad y desigualdad de género, al despertar cierto grado de confianza en ellas mismas, lo que les permitió identificar la violencia de los actos aparentemente “comunes”, a protegerse mutuamente y a comprender, tratando de no juzgar, las razones del por qué unas se vuelven aliadas de los hombres, pues han aprendido que el poder está a su lado y no conciben posibilidades de cambio desde ellas mismas.

Un resultado palpable de esa unión colectiva, aunque fugaz, fue haber incidido en el cambio de conductas de acoso, a pesar que no se debió a un proceso de reflexión personal sino al miedo a perder sus trabajos y a la latente amenaza de las mujeres a hacer una denuncia pública contra la institución si la situación se repite. Esto me hace reflexionar sobre los argumentos de los hombres ante el acoso, usualmente se excusan con que “era broma”, pero en realidad parecen estar muy conscientes del poder asignado a su género, el cual reconocen y utilizan cuando se sienten amenazados por el avance de las mujeres, como diría Begoña Perla (2001) los hombres que están cercanos a puesto de desvalorización laboral cuando ven a las mujeres en puestos no tradicionales, les despierta la amenaza y el temor a la feminización, aferrándose por tanto al poder de la identidad de su género.

En lo que refiere a la institucionalidad, considero que debe trabajarse en mecanismos adecuados para enfrentar este tipo de situaciones sin caer en la revictimización de las mujeres y mucho menos, culpabilizarlas por las amonestaciones que reciban los agresores. Esta situación enseña además, que los avances en materia legal para lograr la equivalencia de condiciones entre mujeres y hombres son indiscutibles y plausibles, pero aunque los derechos de las mujeres estén acordados en letra no garantiza la efectividad de una cotidianidad igualitaria y libre de discriminación por razón de sexo.

El sesgo cultural persiste como el principal obstáculo para la aplicación real de una vida libre de la violencia para las mujeres y debe procurarse evitar etiquetar todo proceso de malestar de las mujeres como un problema de “género” que erróneamente se interpreta como sinónimo de “sexo”, generando una apatía al término que oculta complejidad crítica que procura la perspectiva feminista.

[1] Antropóloga salvadoreña graduada en la Universidad de El Salvador.

[2] La CEDAW se ratifica en El Salvador en 1995, la plataforma de acción de Beijin (1995), La convención del Cairo (1994) Belem do Pará (1994).

Referencias bibliográficas

Carrasco, Celina, Vegas, Celina (2009) El acoso sexual en el trabajo ¿denunciar o sufrir en silencio? Análisis de denuncias. Dirección de Trabajo, Santiago de Chile.

Guerra, María (2011) Violencia de género y cambio social feminista. Publicado en blog.

http://www.dilemata.net/index.php/blog/cuestiones-de-genero/493-violencia-de-genero-y-cambio-social-feminista

Mora, Belvy () Apuntes para una lectura en clave feminista del acoso sexista a la sexualización del acoso sexual. Publicado en: mujeres en red.

http://www.mujeresenred.net/spip.php?article50

Grupo de Estudios y Alternativas 21 (2009) El acoso sexual y por razón de sexo en el trabajo y la construcción de las identidades masculinas

http://www.emakunde.euskadi.eus/contenidos/informacion/gizonduz_dokumentuak/es_def/adjuntos/2_el_acoso_sexual_y_por_razon_de_sexo_en_el_trabajo_y_la_construccion_de_las_identidades_masculinas.pdf

DYGESTIC (2017) Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples, Gobierno de El Salvador.

  1. Tomei, M.L.Vega-Ruiz. La discriminación de la mujer en el lugar de trabajo. Nuevas tendencias en materia de discriminación por motivos basados en la maternidad y el acoso sexual. Revista latinoamericana de Derecho Social. Nº 4, Enero-Junio de 2007; pp. 147-174.

(2015) Recopilación de instrumentos internacionales, regionales y nacionales sobre los derechos humanos de las mujeres y poblaciones clave/ Unidad técnica ejecutiva, Primer edición, san Salvador, El Salvador. Comisión Coordinadora del Sector Justicia, 2015.

Gobierno de El Salvador. (4/1/2011) artículo 9. Ley Especial Integral para una Vida libre de Violencia para las mujeres. Decreto 520

(2011) Ley de Igualdad, Equidad y Erradicación de la discriminación contra las mujeres

Stanley, L., Wise, S. El acoso sexual en la vida cotidiana. Ediciones Paidós. Barcelona: 1992.

Pernas, Begoña (2001) Las raíces del acoso sexual: las relaciones de poder y sumisión en el trabajo. Grupo de Estudios y Alternativas 21.

(2016) Oficina Internacional de Trabajo “Reunión de expertos sobre la violencia contra las mujeres y los hombres en el mundo del trabajo” Primera Edición, Ginebra.

links

file:///C:/Users/MDM/Downloads/acoso%20sexual%20(1).pdf

http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-25032011000200005

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¿Qué es Anagénesis Jurídico?, Feminismos y equidad de género, Jacqueline Miranda De los Santos

Seguridad Pública para mujeres La historia de una ficción en México

Por Jacqueline Miranda de los Santos

La seguridad pública es un tema  que en los últimos doce años se encuentra en la cima de los problemas a resolver dentro del margen de la agenda pública, y hago hincapié en que se han desarrollado con mayor notoriedad en los últimos dos períodos presidenciales dado que las políticas públicas desarrolladas son líneas de acción directas buscando frenar el problema, sin embargo y como analizaré más adelante estas acciones han sido poco eficientes e incluso fallidas.

No es un mito sino una realidad que en el aspecto general el actual esquema de seguridad pública es ineficiente y para mi, el mayor problema radica en la mala comprensión de la realidad que hoy se vive en nuestro país. Dicho lo anterior la mayor denuncia en este artículo es que aunque el tema en boga es una cuestión que concierne a todos, la realidad en México es que las políticas públicas en materia de seguridad pública son una ficción para las mujeres[1], estas líneas de acción no están diseñadas para atender la realidad que hoy se vive en un país que está normalizando el feminicidio, que sigue viendo como víctima al violador y sobretodo que sigue creyendo que el acoso hacia las mujeres es una cuestión de virilidad, para dar fuerza a la línea anterior puedo dar como ejemplo la situación que vivió  Daphne Fernández con el caso de los porkys en el contexto de la opinión pública y la resolución judicial, finalmente todo desemboca en las opiniones dadas por Marcelino Perelló. La pregunta a resolver es ¿Cómo vamos a lograr que el tema de seguridad pública sea una realidad para todos?

Periodo 2006- 2012

Estando al frente el ex mandatario Felipe Calderón Hinojosa, como primera acción, nombró a los secretarios de Defensa, Seguridad Pública y Marina, iniciando con esto lo que sería el eje central de sus políticas, dejando todo lo demás en un segundo plano, en específico me refiero a que perdió de vista cuestiones tales como el desempleo, la educación, la pobreza. Tan sólo para 2006 había un total de 46.5 millones de mexicanos en situación de pobreza y para 2012 ya existían un total de 61, 350 millones en dicha condición, esto de acuerdo con datos estadísticos del INEGI[2].  Estos últimos datos manifestados son importantes dado que la exigencia por sostener los hogares es tal que esto incrementa y genera que mujeres salgan y se integren al mercado laboral, generando con esto nuevas estructuras tanto en lo público como en lo privado.

En cuanto a los datos estadísticos relativos a los homicidios, la misma institución reporta que tan sólo en el estado de Guerrero en el periodo de 2005 a 2011 hubo un aumento del 300%, lo cual generó dos estrategias en coordinación con el entonces gobernador Zeferino Torreblanca y más tarde con el programa denominado Guerrero Seguro. En ambas acciones existió intervención directa de la Policía Federal, el Ejército y la Marina. Cabe destacar que estas estrategias no contemplan de forma trascendente elementos de prevención, es un combate directo una intención de limpiar zonas de inseguridad.

¿No resulta acaso esto una de las mayores estupideces de la Administración Pública? En una visión sesgada se puede comprender que el problema está en la pobreza, en la falta de oportunidades y de educación, se necesitaban por parte de Felipe Calderón políticas públicas integrales  entender que el problema de la inseguridad son un conjunto de situaciones que en suma mantienen en crisis al país. Dar un paso atrás significaba para él perder una guerra con un coste en millones de pesos y el quizá ceder poder a los grupos delincuenciales.

La situación de la mujer 2006-2012

De acuerdo con el Instituto Nacional de las mujeres (Inmujeres), México no cuenta con una cifra certera sobre los feminicidios que se cometen y quizá uno de los problemas por lo que no podemos tener conocimiento real de las cifras es el hecho de que el tipo penal (feminicidio)  no tiene una homologación en las diferentes legislaciones estatales.

En 2010, 2,418 mujeres y 23,285 hombres fueron asesinados. Y siguiendo la línea argumentativa de Estefanía Vela Barba[3], la proporción de hombres y mujeres asesinados es muy distinta, pero también  lo es la forma en cómo se cometen estos asesinatos en contra de las mujeres. En cuanto a la situación desarrollada en la Guerra contra el Narcotráfico, los hombres eran asesinados en espacios públicos mientras que las mujeres tienden a ser asesinadas tanto en espacios públicos como en sus esferas privadas.

La seguridad pública no se limita a los espacios públicos, protege aspectos que van más allá de eso. En ese sentido las líneas de acción generadas en el sexenio de Calderón se limitan únicamente a cuestiones de la violencia en la vía pública, sin ahondar en esferas o niveles más profundos. Esto deriva de la idea de que el Estado no tiene porque intervenir en la violencia que se presenta dentro del ámbito privado, porque lo privado sigue siendo doméstico, lo público es político por ello en un falso discurso las acciones en este margen son contundentes,  la realidad es que se necesitan proyectos donde se deconstruyan estos pensamientos.

Por otra parte y retomando el discurso antiquísimo de que “las guerras son peleadas por hombres”, bajo un entendimiento de un gendered job, surge un fenómeno social que tiene su entendimiento y explicación en diversos aspectos; cuando el hombre ya no es suficiente como instrumento de guerra la mujer empieza a estar inmersa. En el caso de la situación generada por Felipe Calderón, hablamos de que la mujer pasa a ser un agente activo y a estar al frente en los movimientos como líder, de la misma forma sigue siendo objeto y mercancía de los grupos delincuenciales, resulta ser que ahora no solo es blanco de los cárteles mexicanos sino también enemiga del gobierno[4].

Esto indiscutiblemente nos arrastra a otros temas que trae la guerra, la violencia sexual es otra de las facetas que se presenta en estos fenómenos sociológicos, evidentemente esto es un aspecto que también afecta a los hombres pero en términos de proporcionalidad las mujeres tanto activas dentro de la guerra contra el narcotráfico, como aquellas que son ajenas al movimiento sufren las consecuencias en mayor proporción.

Si esto es una reacción en cadena donde la mujer siempre ha sido un agente presente, ¿por qué las políticas públicas siguen contemplando sólo algunos aspectos superficiales de la seguridad pública?

Posiblemente porque la visión de Felipe Calderón dibuja cuestiones donde la inseguridad sólo se reduce a los grandes grupos de narcotraficantes llevando drogas de un punto A a un punto B, ignorando otros problemas de seguridad pública como el terrorismo en el hogar, la falta de oportunidades, la mala calidad en la educación y la nunca cumplida promesa de más empleos, un campo abandonado y un sinfín de cosas. Los anteojos que usó nuestro ex mandatario sólo vieron una parte del problema.

De nuevo el PRI 

Tras la salida del PAN de Los Pinos, el actual presidente Enrique Peña Nieto, llenó su boca de miles de promesas a cumplir en torno al tema de la seguridad pública, la pretensión de hacer las cosas diferentes parecía una de las metas más ambiciosas de él, sin embargo, y pese a venir del Estado de México que es una de las entidades donde los índices de violencia hacia la mujer están en foco rojo[5], fue incapaz de emprender acciones para controlar, erradicar y prevenir el problema.

Nuestro actual presidente comprende el tema de la seguridad pública como la protección que se da a ciertos derechos de la persona en el espacio público y se olvida también que la misma debe garantizarse al interior de los hogares en donde como ya mencioné en párrafos anteriores,  es el espacio en donde se asesina a un mayor número de mujeres.

La Ciudad de México, considerada por el Dr. Mancera como el paraíso, dado que según su realidad exentos estábamos del narcotráfico, hasta que sucedió lo inevitable y quien sabe quizá ese día no miro las noticias. La realidad es que en lo que va del año en la CDMX han asesinado a 24 mujeres, lo que quiere decir que en promedio cuatro mujeres son asesinadas al mes.

artículo

La imagen[6] anterior muestra un rango un poco más cercano a la realidad que hoy vivimos y que muestra que la CDMX es uno de los focos donde las acciones deben ser inmediatas.

Retomando de nuevo el ámbito federal, el Programa Nacional de Seguridad Pública 2014-2018, contempla una serie de acciones que va desde el actuar en coordinación con las entidades estatales, hasta estrategias que tratan de vincular al ciudadano con el gobierno, ninguna de ellas es lo suficientemente certera para atender la realidad que hoy vivimos las mujeres en el país.

Y me adelanto a la usual sentencia de que por qué se habla de una seguridad pública para mujeres, si los hombres se encuentran por encima en las estadísticas. Con este artículo no pretendo que las políticas públicas sean diseñadas exclusivamente para las mujeres, o que el tema de la inseguridad sea un tema exclusivo de nosotras, pero la realidad es que nuestros gobiernos a la hora de generar acciones, diseñan políticas donde la seguridad es vista sólo a través del espacio público. El presidente en turno y los que siguen deben comprender que un mapa de México no es todo México, la realidad del país es mucho más compleja, es una construcción donde la mujer debe ser considerada.

Al intentar acabar con el narcotráfico como una de las vertientes de la inseguridad se debe considerar que esta posee muchas ramas a atender, entre ellas debe ser analizado el terrorismo en el hogar, dando que esto ha rebasado los límites de la violencia general.

La sociedad en general debe comprender que los problemas que vive la mujer como el acoso, las violaciones y los asesinatos son de interés público  y deben realizarse políticas públicas para las mujeres. Existe una línea borrosa en donde la gente sigue confundida entre la idea de pertenencia de la mujer exclusivamente a la vida privada[7] y creer que cuando sale al espacio público su seguridad y derechos desaparecen por una ideología equivocada.

Pugnamos porque las políticas públicas garanticen seguridad pública real para hombres y mujeres, para que el índice de hombres asesinados anualmente se reduzca pero de igual manera las mujeres puedan caminar libremente sin temor al acoso o una violación, porque existan mejores oportunidades que ser parte del crimen organizado, porque las niñas dejen de ser usadas por los grupos delincuenciales para satisfacer necesidades, para que el problema de trata de blancas sea atendido realmente, la consciencia del problema no es sólo para quien se encuentra como mandatario, el entendimiento del conflicto es también para quien sufre y padece estas circunstancias para quien está inmerso en la sociedad.

Lo cierto es que hoy la seguridad pública es una ficción para la mujer y para el hombre, lo real es que el problema tan sólo del narcotráfico es algo desbordante para el gobierno y esta es  una de las vertientes de la parte toral del problema.

[1] Y son una ficción porque al momento de diseñar políticas públicas la gran mayoría pero sobretodo las que atienden el problema de inseguridad dentro de su carácter estructural marcan aún más las desigualdades y los roles que la sociedad ha construido generando que las líneas de acción se reduzcan a privado-doméstico y público-político, siendo el primero usado para las mujeres y el segundo para los hombres.

Esta misma idea ha generado dentro de las políticas públicas una jerarquización donde la mujer tiene el papel de subordinada, generando no sólo con ello la ineficiencia de las políticas públicas sino la falta de reconocimiento del papel de la mujer dentro del constructo social.

Es necesario recalcar que para la construcción de verdaderas líneas de acción que atiendan los problemas de inseguridad tanto de hombres como de mujeres es necesario que éstas se construyen tomando en consideración los tres elementos de la categoría de género, que son el elemento descriptivo (que ayuda a visibilizar la desigualdad entre hombres y mujeres) el elemento analitico (que posee conceptos, herramientas y metodologías) y por último el elemento ético-político (fundado en el esquema de DDHH y diversos principios como el de igualdad, equidad, justicia, entre otros).

[2] Puede verse mas en: http://www.anei.org.mx/wp/wp-content/uploads/2013/08/Semanal66_SexenioPobrezaenMexico-1.pdf (30-07-2017)

[3] Docente e investigadora, responsable del Área de Derechos Sexuales y Reproductivos del Programa de Derecho a la Salud del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

[4] En este punto es necesario agregar una nota al pie, si bien la mujer interactúa desde diferentes puntos en conjunto con el narcotráfico es necesario señalar que la misma construcción social sobre la mujer  la coloca bajo ciertos roles configurando nuevamente relaciones de poder, esta relación en un primer momento generan funciones por debajo de las que asumen los hombres dentro de una organización criminal, las mismas estructuras de pensamiento se reproducen. La valoración que hace el narcotráfico sobre el papel de la mujer no es tan diferente al que sostiene en un falso discurso el Estado y la sociedad que no se encuentra inmersa ni en un punto ni el otro.

[5] De acuerdo con el Observatorio Ciudadano en contra de la Violencia de Género, Desaparición y Feminicidios en el Estado de México tan sólo en 2016 fueron asesinadas 263 mujeres, siendo Ecatepec uno de los municipios con más número de víctimas, aproximadamente por día asesinan a tres mujeres, existe incluso alerta de género en varios municipios donde la situación es simplemente exorbitante. Las políticas públicas para este problema son nulas y lo seguirán siendo al tener al frente a Alfredo del Mazo quien sigue creyendo que la mujer pertenece a lo privado-doméstico.

Es necesario señalar también que este problema sigue una línea que conecta este problema con la CDMX, prácticamente la geografía política es lo que genera la diferencia entre los dos pero el problema de inseguridad sigue las mismas líneas aún cuando en uno está al frente alguien del PRI y en otro lado alguien del PRD el problema de entendimiento de la realidad es el mismo.

[6] Esta imagen contempla todas las categorías, pero pueden analizarse por secciones en la siguiente pagina: https://feminicidiosmx.crowdmap.com/

[7] Puede profundizar más al respecto en el artículo de la Esp. Daniela Barbosa ¿Cuarto propio o espacio público? https://anagenesisjuridicorevista.wordpress.com/2016/12/11/cuarto-propio-o-espacio-publico/

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¿Qué es Anagénesis Jurídico?, Feminismos y equidad de género

Breve análisis sobre el feminismo en México

Por Carlos Palomares Rivera.

En tiempos recientes el  tema del feminismo se ha hecho presente en diversos ámbitos de la vida cotidiana, sin embargo, considero que este tema va más allá de una simple moda pasajera, pues este movimiento pugna por una equidad de género que, por lo menos en México, muchas veces no existe.

Los movimientos feministas a nivel global surge en los años posteriores a la Revolución Francesa, en la que las mujeres pugnaron por tener los mismos derechos que los hombres. Si partimos de lo más básico, el documento que se generó con el triunfo de dicho movimiento social fue La carta de los derechos del hombre y el ciudadano constriñendo dichas potestades al género masculino y no al conjunto de seres humanos.

En una primera etapa,  las mujeres feministas en los años  1789 luchaban por conseguir el derecho al voto; en este sentido se levantaron diferentes movimientos alrededor del mundo y por períodos distintos, no obstante  aún se debían combatir aspectos raciales. Como el caso de Wyoming, Estados Unidos de América, en donde se permitió el voto de las mujeres blancas en el año de 1869. Sin embargo y alcanzando una nueva etapa  fue hasta el año de 1893 en Nueva Zelanda que los legisladores permitieron el voto del hombre y la mujer de forma indistinta.

La situación en México no fue muy distinta, los movimientos feministas surgen con los anhelos de conseguir el voto femenino siendo ello después de la Revolución mexicana, es decir, en años posteriores a 1917. En este sentido el estado de Yucatán fue el primero en reconocer este derecho para las mujeres en el año de 1923, sin embargo, dicha entidad fue más allá pues no sólo se reconoció el derecho al voto sino también los derechos políticos de las mujeres dando como resultado que en dichas elecciones resultaran ganadoras Elvia Carrillo Puerto, Raquel Dzib y Beatriz Peniche de Ponce  como diputadas del Congreso Estatal y Rosa Torre como regidora del municipio de Mérida.

En un segundo momento de la historia nacional, hacia la década de 1960, se generó un nuevo y fuerte movimiento feminista con el ingreso de mujeres a las universidades del país y, por ende, se presupone un intento de formar parte del  mercado laboral. Bajo el contexto de los movimientos estudiantiles de 1968 se gestaron diversas organizaciones de mujeres que cuya intención se dirige a cuestiones aún más profundas dentro de la sociedad ya no era solo la lucha por el voto que ya se había conseguido en el año de 1953. Ahora las pugnas ya se encaminan  más al ámbito laboral e incluso en temas de liberación sexual y de las decisiones que deberían  tomar sobre su cuerpo, como el decidir sobre el aborto, o el número de hijos que deseaban tener.

Lo anterior cobra sentido si partimos de la concepción que se tenía en dicha época, pues  la sociedad mantenía la creencia que las mujeres estaban destinadas a las labores domésticas y el cuidado de los hijos (aún en la actualidad esta sigue si eso una idea presente en la sociedad), donde el hombre proveía y la mujer administraba y mantenía en orden el hogar[1]. La circunstancia anterior sirvió de esquema para considerar que el género femenino no podría realizar funciones corporativas o de altas responsabilidades laborales lo que auspicio la idea de pagar un salario menor a la mujer aun cuando realizara las mismas funciones que un varón precisamente por esta idea. Circunstancia que se mantiene hasta la actualidad una de las razones por las que siguen luchando los grupos feministas en nuestro país.

Ahora bien, no es un secreto ni para los mexicanos ni para la comunidad internacional que en México los índices de violencia han aumentado[2] de forma considerable y realmente alarmante, de esta circunstancia el género femenino también ha sufrido las consecuencias tan lamentables dando  como resultado altos índices de violencia hacia la mujer, lo que generó que en esta tercera época de la historia nacional, el feminismo ya no sólo luche por igualdad de  derechos sino que también levante la voz para exigir seguridad.

En México hay un índice de siete muertes violentas de mujeres por día,[3] lo que los grupos feministas han acusado de ser un problema de género, sin embargo, habrá que hacer un análisis más profundo para determinar si se actualiza esta condición.

Lo anterior es sólo una de las líneas de las que  se desprende el trabajo del legislador para crear el tipo penal específico para sancionar esta conducta, lo denomino feminicidio  el cual está contemplado en el artículo 148 bis del Código Penal vigente para la Ciudad de México así como en los diversos códigos penales de cada entidad del país, el cual a letra dice “Comete el delito de feminicidio, quien por razones de género, prive de la vida a una mujer…”  Del concepto anterior es importante resaltar la debilidad del tipo penal y la mala aplicación que se le ha dado para sancionar este delito.

Así pues, resulta que el feminicidio se puede entender como el asesinato de una mujer por el hecho de ser mujer, en otras palabras un homicidio ocurre cuando un sujeto  priva de la vida a otro sujeto, sin importar que la parte activa o pasiva[4] sea hombre o mujer, en el caso concreto para acreditar el delito de feminicidio se tiene que actualizar que el sujeto pasivo del delito sea, necesariamente, del sexo femenino.

Ahora bien derivado de lo anterior, hay varias acotaciones que se deben hacer:

La primera, es difícil que el tipo penal se actualice dada la complejidad de acreditar que el asesinato se cometió por una cuestión de género,  es muy común que se confunda el homicidio con el feminicidio. Para ello habrá que realizar el análisis de lo sucedido en Ciudad Juárez y el Estado de México, con sus respectivas condiciones socio-económicas. (Aspecto que será motivo de otro artículo).

Finalmente, es necesario señalar que el legislador en la realización del tipo penal sugiere que el sujeto activo del delito necesariamente tiene que ser hombre, circunstancia que no se actualiza toda vez que mujeres también podrían cometer el delito de feminicidio en razón de asesinar a una mujer por el hecho de ser mujer.

De lo anterior se desprende que el hecho que el legislador de un tipo penal específico para la atención de esta conducta no garantiza seguridad, ni previene y mucho menos erradica el delito de feminicidio, al parecer sólo trató de dar una solución que quedó en letra muerta pues al complicar la acreditación del tipo penal, el ministerio público al momento de acusar por este delito se verá en dificultad de acreditarlo lo que generará impunidad en los homicidios violentos cometidos contra las mujeres.

El pasado mes de mayo de 2017 fue encontrado el cuerpo  sin vida Lesvy  Berlin, una mujer de 22 años de edad dentro de las instalaciones del Campus central de la Universidad Nacional Autónoma de México, se organizaron movilizaciones que incluyeron una marcha por las instalaciones universitarias, siendo el caso que cuando un grupo de hombres, que iban en apoyo del movimiento, intentaron marchar exigiendo el esclarecimiento de tan lamentable hecho las mismas les negaron la oportunidad de hacerlo en el contingente principal, alegando un sinfín  de razones que, desde mi perspectiva eran totalmente infundadas. Quizá el ideal aquí sería que en luchas como esa, hombres y mujeres avancen juntos  y se alcance una verdadera consciencia de lo que está ocurriendo en nuestro país, que la seguridad pública ya no es ni para hombres ni mucho menos para mujeres.

Indudablemente en México hay problemas de equidad de género que deben ser reclamadas por la ciudadanía, por la sociedad, por los seres humanos que habitamos bajo este orden social, pero debe ser de forma conjunta, es decir, hombres y mujeres en un plano de igualdad exigir equidad entre derechos y obligaciones, sin embargo considero que se debe trabajar desde la familia inculcando a las nuevas generaciones que el hombre y la mujer no es ni más ni menos fuerte, que TODOS SOMOS IGUALES.

[1] Y me atrevo a afirmar que esta idea aún se mantiene en importantes regiones del país e inclusive en las grandes urbes del territorio nacional.

[2] Puede verse más en: http://www.animalpolitico.com/2012/12/un-cuarto-de-siglo-de-violencia-contra-la-mujer/

[3] Dato consultado en: http://www.animalpolitico.com/blogueros-seguridad-180/2017/03/06/la-violencia-genero-la-guerra-las-mujeres/

[4] Sujeto activo del delito: Persona que realiza la conducta que la ley considera como delito.

Sujeto pasivo: Persona que recibe directamente las consecuencias de la conducta delictiva desplegada por el sujeto activo del delito.

 

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Complejidad Social (Derecho, Economía y Política), Feminismos y equidad de género, Jacqueline Miranda De los Santos

El estado mexicano tiene género y es masculino

 

Por Jacqueline Miranda De los Santos

Nuestros hombres creen que ganar dinero y dar órdenes son las bases del poder. No creen que el poder esté en las manos de una mujer que cuida de todos durante todo el día y da a luz.

Malala Yousafzai

 

Desde que mujeres y hombres desarrollaron una forma compleja y completa de organización nace la figura del Estado. Entender y desarrollar teorías ha sido un proceso histórico que ha tomado esfuerzo y tiempo a los teóricos dedicados a esta área. Existirán en las diversas teorías elementos comunes que nos ayuden a crear ciertas generalidades, en un juego de palabras en la construcción de una definición conceptual de Estado un elemento indispensable es el hombre, éste no puede existir sin él, pero ¿Dónde queda la figura de la mujer en esta construcción?

El Estado puede observarse, describirse, calificarse desde múltiples perspectivas teóricas, desde muchas áreas de conocimiento, sin embargo ¿por qué la mayoría de estos puntos de enfoque no contempla también a la mujer? La respuesta inmediata hará alusión a las condiciones sociales y culturales que cada teórico vivió, empero estas cuestiones de estudio siguen presentes y aun cuando tenemos conciencia de esto, seguimos invisibilizando a la mujer dentro de estas construcciones.

La complejidad de este tema, anuncia a los lectores que usaré para poder explicar ciertas cuestiones del Estado y su género a Niklas Luhmann y su modelo sistémico, para poder comprender que la relación Género-Estado puede ser observada con las relaciones jurídicas, políticas y económicas.

El Estado de poder

Hombres y mujeres en un proceso de milenios han asumido funciones diferentes que caen en absurdos de conductas y actitudes que generan un sistema complejo normativo en el que la mujer está por debajo del hombre, este sistema normativo desarrollado, es casi siempre coactivo, el hombre ejerce la fuerza, para alcanzar el poder y el dominio. Siguiendo la línea establecida por Foucault y sus ideas sobre el poder, éste nos dice que el planteamiento marxista sobre el Estado y el poder es una concepción imposible, puesto que el poder no puede ser localizado en la institución, el poder no es algo que se ceda al soberano sino que es y será una relación de fuerzas, una cuestión estratégica, el poder al ser el propio resultado de las relaciones de poder se encuentra en todas partes, de esta forma, para Foucault, esto no sólo reprime, sino que también produce aspectos como efectos de verdad y saber en el sentido de conocimiento.

Surge de esta manera con Michel Foucault el concepto de biopoder[1] que impregna la vida y la muerte, la esencia misma del soberano generando transformaciones en él y dotándolo de nuevos elementos. El poder basado en el hombre dota al Estado de una forma y un cuerpo, si era el hombre quien ostentaba por derecho divino ese don y podía darle características, ¿qué género es el que le corresponde al soberano? la respuesta concreta y sencilla es que éste le ha correspondido el género masculino prácticamente desde el inicio.

La necesidad de obediencia y de mantener un orden para proteger el poder que ahora posee el Estado lleva a establecer la existencia de dominantes y dominados, este elemento como hemos establecido con anterioridad no es algo físico, sin embargo esto es algo que sobresale en sus elementos más básicos. La organización del Estado y las políticas que surgen de este mismo mutilan y desequilibran a la sociedad, la mujer no es tomada en cuenta pero debe obedecer si quiere la protección y los cuidados del Estado patriarcal.

¿Qué es el estado patriarcal?

Las ideologías patriarcales no sólo afectan, sino que construyen interminables puentes que establecen diferencias entre el hombre y la mujer, y que en un intento fallido de protegerlas las colocan como blancos fáciles de agresiones de todo tipo, en todo sector. Está situación no es exclusiva de la mujer, afecta también al hombre aún a pesar de tener una posición privilegiada. Seguir por la senda del patriarcado y establecerlo dentro del Estado ha llevado a la marginación de la mujer, a los feminicidios. Seguir por el camino del patriarcado llevará también a que el hombre destruya al hombre por el deseo de tener poder tal y como lo hemos establecido con Foucault[2].

Por tanto, dicho lo anterior podemos establecer que el estado patriarcal es aquel que está dotado de ideologías en donde el hombre y la mujer son diferentes y casi siempre la mujer se encuentra en una situación de subordinación al ser considerada incapaz, este esquema mutila a la mujer y a todo lo que le parece amenazar su estabilidad por ello también rechaza todo tipo de sexualidad diferente a la que ha establecido como “normal”.

El estado mexicano patriarcal se encuentra en su máximo esplendor, la justicia y el derecho están inmersos en este esquema. Hasta hace pocos años las mujeres no tenía derechos civiles, no votaban, no era protegidas por el derecho y la situación actual es la siguiente: En nuestro país durante 2015[3] se cometieron alrededor de 2,555 feminicidios aumentando un promedio de 200 mujeres asesinadas por año. Muestran mayor incidencia estados como Chihuahua, Guerrero, Michoacán, Jalisco y Oaxaca.

La pregunta toral es ¿qué clase de protección proporciona a las mujeres un estado patriarcal?, como lo dije en párrafos anteriores, este esquema nos ha colocado como blancos fáciles, nos ha dejado a la deriva.

No puedo callar, dejar de escribir sobre lo sucedido en Ciudad Universitaria, el hallazgo del cuerpo de Lesvy (porque ese era su nombre, porque no es solamente un cuerpo encontrado sin vida) en el Instituto de Ingeniería es algo que conmociona a muchos, que nos daña y nos vulnera. Pero lo terrible aquí es lo siguiente, el titular de la PGJDF en un informe mediante la cuenta de Twitter señala que lo más relevante de la investigación realizada es que a ella se le vio alcoholizada y usando drogas, que dejó el CCH en 2014 donde debía dos materias. ¿Es realmente lo más relevante del caso? El procurador pretende justificar la acción de violencia cometida en su contra por no terminar sus estudios, porque la vieron bebiendo, ¿por eso es correcto que ella fuera asesinada? ¿Cuál es la finalidad de esta información?. Lo mismo sucede al denunciar el acoso, las violaciones. Las mujeres siguen siendo culpables, por usar minifalda, por llevar vestido, por caminar solas en la calle, por irse de fiesta, por beber con sus amigos, por no estar en la casa, por hacer ejercicio en la vía pública. Seguimos como sociedad creyendo que el hombre es parte de la vida pública y la mujer es parte de la vida privada. La mujer debe estar en su casa. Entonces la justicia y derecho se cubren dentro del velo machista.

La administración pública no se queda fuera de este tema, es quizá el brazo derecho del Estado, en el gabinete del actual presidente ¿cuántas mujeres son secretarias de alguno de los principales órganos administrativos? ¿Cuántas mujeres han sido titulares de la Secretaría de Gobernación? Tenemos falsos tintes de equidad de género, porque la realidad es que la mano derecha del presidente es un hombre, la confianza para proteger el amado poder está entre ellos.

La noción en la diferencia entre hombre y mujer como la conocemos actualmente está sembrada en una realidad que no es normal como todos creen, sino que son realidades culturalmente construidas, me refiero a lo siguiente:

Establecí al inicio que hombres y mujeres juegan un rol asignado, uno donde el hombre está por encima al ser considerado el racional, el fuerte, quien detenta el poder, el control y la voluntad, esto inicia en la estructura básica de la sociedad, por ejemplo en la Ciudad de México en la familia la mujer muchas veces es violentada en el seno de su hogar, esta violencia es un patrón aprendido y repetidos miles de veces. Esta estructura básica se repite a gran escala, el sistema social lanza el conflicto a los demás subsistemas pero desde mi perspectiva al estar inserto el Estado, este esquema ha infectado las respuestas que proporciona el subsistema derecho al tener una justicia machista, ha infectado al subsistema económico quien desea controlar y tener poder por medio de esquemas capitalistas y el subsistema político que es el corazón mismo del Estado. ¿Qué nos queda? Si ninguno es capaz de dar la solución que necesitamos, queda la deconstrucción del estado mexicano.

La sociedad mexicana necesita dejar atrás al patriarcado, superarlo, se deben romper las cadenas y generar un nuevo Estado donde las mujeres sean consideradas también y el poder sea ejercido por ellas de igual forma.

El sistema social necesita ser deconstruido, necesita entender que esta forma de deseo de poder no solo destruye a la mujer sino a todos, no hay avance y en esta propuesta se debe comprender que lo aprendido en el sentido negativo no debe ser olvidado.

El Estado mexicano hacia el feminismo

El pensamiento feminista sigue siendo algo desconocido para gran parte de la población e incluso para muchos de los actuales teóricos del Estado, en la enseñanza del derecho a nivel licenciatura es algo que ni siquiera se contempla.

            ¿Qué debemos entender por feminismo?  Castells establece lo siguiente:

“Entenderemos por feminismo lo relativo a todas aquellas personas y grupos, reflexiones y actuaciones orientadas a acabar con la subordinación, desigualdad, y opresión de las mujeres y lograr, por tanto, su emancipación y la construcción de una sociedad en que ya no tengan cabida las discriminaciones por razón de sexo y género.” Es una ideología plural y diversa con un solo objetivo político: transformar la situación de subordinación de las mujeres en todo el mundo. La teoría feminista es a su vez, la producción teórica que se enmarca dentro del contexto feminista y que tiene como característica principal ser comprometida.[4]

Por otra parte Alda Facio, nos dice lo siguiente:

El feminismo no se circunscribe a luchar por los derechos de las mujeres sino a cuestionar profundamente y desde una perspectiva nueva, todas las estructuras de poder, incluyendo, pero no reducidas a, las de género. De ahí que, cuando se habla de feminismo, se aluda a profundas transformaciones en la sociedad que afectan necesariamente a hombres y mujeres. Las feministas pensamos que los hombres que pertenecen a colectivos subordinados, oprimidos y discriminados por su raza, etnia, clase, edad, orientación sexual, discapacidad, etc. podrían enriquecer su accionar político a partir de un análisis feminista de sus privilegios de género para entender cómo y cuánto éstos contribuyen a la mantención del poder de unos cuantos hombres sobre la mayoría de los seres humanos.[5]

El feminismo de la equidad así como el de otras corrientes, abraza a hombres y a mujeres por igual. El feminismo no debe ser confundido con el neologismo hembrismo que para algunos es considerado como la figura opuesta al machismo, el feminismo no pretende que los hombres desaparezcan, ni que sean sumisos, no pretende que sólo las mujeres sobresalen, el feminismo no es terrorismo. Pero lo que sí es, lo que sí busca y por lo que sí lucha es porque la seguridad pública sea real, sin guerra, sin que mueran hombres y mujeres. Busca que todos tengamos un espacio público donde exista el respeto. Lucha porque las decisiones que tomemos sobre nuestro cuerpo sean nuestras y solo nuestras, no un condicionamiento del machismo y de la religión del machismo. Pugna porque más mujeres puedan acceder a puestos públicos y por eliminar el pensamiento de que unos pertenecen al ámbito privado y otros a la vida pública. Que si las mujeres acceden a ser titulares de cargos importantes es por mérito de su esfuerzo no por sus características físicas.

El feminismo lucha por la comunidad LGBTTTI, porque cada una de esas personas dejes de ser aplastadas por el yugo machista de la sociedad. Abraza a la infancia para que niñas y niños tengan las mismas oportunidades escolares, alimenticias, de seguridad pública, de salud. Se lucha para que casos como el de Lesvy dejen de existir, para que no encontremos más cuerpos en la basura, para que el machismo no se robe los sueños, no se robe la vida. Para que la religión no te crucifique si abortas, si tienes preferencias sexuales diferentes a lo que su dios dijo que era normal, para que no te condenen al infierno solo por elegir ser libre.

Si ya hemos matado al dios de los machos, si dios ha muerto ¿por qué el machismo no ha de morir?, ¿por qué no hemos de ser una sociedad de equidad, que respeto los derechos humanos, la dignidad?, ¿por qué no ser librespensadores?

El estado mexicano tiene género: es masculino y lamentablemente es machista. Seguiremos así esperando a que llegue un mesías que nos salve o empezaremos a actuar y a ser conscientes de nuestras carencias y de las carencias de los demás. Pueden optar por morir o ser parte del movimiento y trascender.

[1] Foucault, Michel, Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones, Alianza editorial Madrid, Madrid España, 1981.

[2] Puede verse más en: FOUCAULT, Michel, “La ‘gubernamentalidad’, en Estética, ética y hermenéutica”.1989, Obras completas III, Barcelona: Paidós.

[3] Animal Político, Cada dos horas hay un feminicidio en AL; en México se cometieron más de 2, 500 en 2015 (04-abril-2017) consultado en: http://www.animalpolitico.com/2017/03/feminicidio-america-latina-mexico/

[4] Castells, Carmen. Perspectivas feministas en teoría política. Paidós, Estado y Sociedad, Barcelona, 1996, pág. 10.

[5] Alda Facio, Feminismo, género y Patriarcado (04-abril-2017) consultado en: http://centreantigona.uab.es/docs/articulos/Feminismo,%20g%C3%A9nero%20y%20patriarcado.%20Alda%20Facio.pdf

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