Por Jacqueline Miranda de los Santos 

¿Has notado cómo se detiene esta apresurada ciudad o incluso el pueblo más quieto cuando alguien irrumpe tu esfera porque piensa tener derecho sobre ti o tu cuerpo? El reloj se detiene unos breves segundos cuando caminas por la selva de asfalto y alguien toca tu cuerpo como si fuera suyo, la ciudad se inquieta cada vez que una mujer es violada sólo porque sí, el país se incendia cada que encontramos a una más sin vida, con rasgos evidentes de odio, una sonrisa arrebatada, un sueño destruido, una existencia no solo pausada sino apagada; ¿has notado todo esto?

Me hubiera gustado llegar al feminismo años más temprano, porque tal vez hubiera entendido lo que pasaba y estaba mal con mis compañeras de secundaria, todos pensamos que era normal que un padre o un padrastro te agrediera. Me hubiera gustado saberlo cuando en preparatoria mis compañeras empezaron a ser sexualmente activas y el consentimiento ni siquiera estaba plenamente comprendido. Me hubiera gustado serlo en la universidad cuando los maestros nos decían cosas incómodas y por miedo a reprobar nos quedamos calladas. 

Siempre me irritó el sistema patriarcal, me irritó pensar que una mujer debe cumplir estándares de belleza, maquíllate pero no mucho, arréglate y luce femenina, pero no exageres el escote, no digas vulgaridades, toma un curso de cocina el amor entra por el paladar, se ordenada y mantén la casa limpia, no uses el cabello demasiado corto, no hables demasiado alto, no brinques, no corras, no rayes, no te enfurezcas… 

El primer acercamiento contundente al feminismo fue en los últimos semestres de la carrera y decidí portar un estandarte un poco más amplio cuando en una cena de navidad la persona que era mi jefa en ese momento tiró el chocolate, su novio la miro y ella en automático pidió perdón, la investidura de una de las mujeres que había sido un referente académico para mi estaba reducido a un niña pequeña que podía ser sometida por el yugo de su pareja sólo porque no había sido lo suficientemente delicada, meses más tarde rasguños, quemaduras, moretones y una herida en la cabeza, al final se casaron y después de años se divorciaron, él mostró ser todo lo que los demás sabíamos que era y que ella se negó a ver. Yo nunca pude decirle que me hubiera gustado ser un soporte para ella. 

Años más tarde durante el posgrado, me autodenomine feminista, pero no radical porque aún pensaba que eso de rayar, pintar, destruir, gritar estaba mal. Las clases servían mucho como foros de discusión sobre diversos casos como el de Tamara de Anda y aún con todo el tema y todas las lecturas había compañeros que jamás comprendieron que el consenso es algo que depende de los límites de cada uno de nosotros; ¿Por que Tamara aceptó un “hola guapa” del dueño de un antro y no el “guapa” de un taxista? La respuesta es sencilla y no se limita a que el dueño del antro sea blanco, rico y guapo, sino a la intención y la forma de expresarlo, desde antes y hasta la actualidad una mujer se siente insegura en la calle así estés en Tepito o en Polanco cualquier lugar es peligroso y hay posibilidad latente de ser acosada, violada o hasta asesinada, un grito en la calle es agresivo e incluso peligroso y no depende de la posición social o económica, depende de las circunstancias. La catarsis llegó cuando en la UNAM, en CU sucedió el feminicidio de Lesvy; fue mi primer marcha y aún cuando pensaba que rayar no estaba bien, comprendí al día siguiente algo fundamental y real: las pintas ya no estaban, las habían borrado, la universidad posiblemente invirtió unos miles de pesos para que todo quedara en orden y todo estaba en aparente normalidad pero la vida de Lesvy, no había vuelto, no iba a poder volver a casa y abrazar a su mamá, no iba a poder disfrutar las banalidades de la vida, entonces el reloj se detuvo, Ciudad Universitaria quedó en silencio y la Ciudad me pareció que ardía. 

Días transcurrieron y 9 mujeres morían cada día, habían más marchas y más gente indignada porque el Metrobús tenía pintas y las calles igual, las calles volvían a ser lo que eran, pero ellas no volvían. Hay ya demasiados sueños rotos, inconclusos y relojes detenidos para que esta lucha se piense política, porque desde hace años mueren mujeres y creer que las feministas son piezas en un tablero que se mueven por fuerzas políticas para agredir al presidente, es francamente incongruente; al día de hoy mantenemos un taza diaria de 11 feminicidios y cada que un corazón deja de latir, cada que se escapa la mirada de una de ellas, el reloj de este apresurado país se detiene, se pausa breves segundos, hoy sé que si soy la próxima el reloj que noto que se detiene parará, sé que ellas saldrán a buscarme y de ser necesario quemaran la ciudad porque mi vida, nuestras vidas valen más que cualquier monumento, rayón o cristal roto. ¿Hay una forma correcta de manifestarse? aun cuando no sólo te violan, te matan te dejan en partes en la vía pública y no importa si tienes 7, 20 o 60 años, ninguna está a salvo, nadie sabe si regresará a casa. ¿Debemos pedir a caso por favor hagan algo? ¿Debemos pedir perdón por cruzarnos con un violador? ¿Debemos pedir perdón por ser libres? Pedir disculpas por ser mujer, por buscar mejores condiciones sociales. 


Después de que el reloj se detuvo varias veces, entendí una palabra llamada sororidad y es que seremos las voces de las que fueron silenciadas, seremos las piernas de las que ya no están para marchar, seremos la voz para hacer justicia, seremos el soporte de otras chicas que son violentadas, seremos la fuerza que luche hoy, mañana y siempre.

2 respuestas a “Algo llamado sororidad

  1. Me impactaron tus palabras… leer estos argumentos me dejaron pensando… en algún momento también llegué a pensar que las pintas y daños a monumentos estaban mal… cristales de negocios que según yo no tienen la culpa… pero tienes razón… ¿cuál es la forma correcta de hacerse escuchar?… ellas tampoco tenian la culpa… ojalá pudieramos leer esto diario y recordarnos lo dificilque es para ustedes mujeres lidiar con todo ello

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  2. Este texto es un soporte para todas quienes lo leemos, no hay palabras para describir la identificacion y el apoyo que siento a raiz de esta lectura, cada palabra leida la iba sintiendo como un triunfo, de que más de nosotras estemos uniendonos. ❤ un abrazo sororo

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