La Construcción del héroe en un cuento del libro Ciudad real de Rosario Castellanos

Jairo Castillo Vázquez, Promoción y Difusión Cultural

Por Jairo Castillo Vázquez

Rosario Castellanos, nos plantea su ideología sin ningún tipo de tapujo: una narrativa indigenista, feminista como consecuencia de las experiencias que ella vivió durante los años de estadía en el estado de Chiapas. En el caso de esta narrativa, el corte indigenista es bien delimitado con sus primeras obras: Balun Canan, Cuentos de Ciudad Real y Oficio de Tinieblas. En ellas el corte indigenista es indudable y los protagonistas sin en su mayoría el indígena y la mujer. Ciudad Real (1960) es el objeto de estudio del presente escrito. Sara Spada emite la distinción en cuanto a estructura se refiere: “El libro está dividido en tres secciones: en una comparecen exclusivamente indígenas, en otra blancos y, en la última, se ofrecen muestras de la convivencia de los dos grupos” (Spada 142)

Los personajes son el móvil de Castellanos para describir el espacio en el que están insertos, principalmente los personajes femeninos cobran una importancia vital para la autora, debido a esta necesidad de señalar las condiciones bajo las que la sociedad de su tiempo mantenía a la mujer, en ellas el corte indigenista es indudable y suelen ser los protagonistas.

Es aquí donde la autora chiapaneca hace un pequeño paréntesis, una excepción que se traduce en un cuento que, a pesar de mantenerse en la órbita indigenista, usando un protagonista bastante peculiar ya que el protagonismo masculino nunca tuvo un rol preponderante en la narrativa de la autora, relegándolo a un papel de subordinación tanto en el hilo narrativo, así como en una postura de antagonista o de personaje secundario.

Hay una excepción que atina a escapar de este cruel destino: Arthur Smith[1]. Él, cuya persona le da título al cuento que es la excepción, es una extraordinaria conjunción de características que lo hacen destacar del resto de los hombres y es por eso que será nuestro objeto de estudio en el presente ensayo.

El cuento está ambientado en los Altos de Chiapas, un espacio de difícil acceso, poco habitado y en el cual es imposible de comunicarse con los nativos debido a la diferencia de lenguas e inclusive de religiones en las que colinda la tradición católica, el protestantismo e incluso el Islam. Esta mezcla tan interesante de religiones se debe a las variadas inmigraciones que llegaron a esa parte del territorio mexicano[2].

El sistema que opera en el espacio tiempo del cuento de Castellanos es el de las conversiones al protestantismo que provocan una crisis en el sistema socio religioso de la región entre los caciques que mantienen el dominio por medio del sincretismo de las fiestas indígenas a través del sistema de santos y las mayordomías[3].

Arthur Smith salva su alma comienza con un epígrafe, tomado del poema Retrato de Antonio Machado, nos vaticina lo que este personaje pretende ser y lo que será: un buen hombre en búsqueda de su propósito en la vida.

La historia nos habla de Arthur, un “gringo” que al no serle útil a la sociedad en la que vive, decide afianzarse a la fe protestante y emprender un viaje a los Altos de Chiapas, a lo desconocido, como misionero a auxiliar a las comunidades establecidas en campamentos con la función de expandir la fe protestante en la selva chiapaneca.

El personaje sale de su ambiente, los Estados Unidos, por considerar que su persona no fue hecha para dicha sociedad, a la que considera hostil y en la que no tiene oportunidad alguna de sobresalir o de tener un propósito fijo. Se ve de forma clara cuando al preguntarse y preguntarle a su Dios acerca de su valía para servirle, muestra su cobardía y pasividad, reafirmada cuando se habla acerca de sus ansias por conseguir dinero.

 Arthur es un personaje pasivo, porque su vida ha sido un cúmulo de frustraciones y amarguras, desde sus reminiscencias podemos ver que siempre ha sido un hombre tímido, apegado a su madre y que a pesar de vivir en un país en donde las oportunidades se encuentran a cada espacio es incapaz de coexistir con su entorno, aspecto que se hiperboliza con lo sensorial a través del olor a pútrido causado por la muerte de su madre y con su vida de fanático religioso.

Lo sensorial se ve reafirmado, al verse interrumpida la sucesión de hechos para dar paso a una breve explicación del “american way of life” en donde el placer, los colores y los ruidos fungen como un aturdidor para Arthur y la sociedad moderna:

Tres temas han sido los objetivos centrales de las investigaciones que se han realizado en torno a la obra de la autora: el feminismo, el problema de la muerte y la preocupación indigenista. Respecto de la escritura de mujeres se ha observado en Castellanos una segunda ruptura. La ruptura con la forma de expresión adoptada por las escritoras modernistas y vanguardistas: “el interiorismo”. Línea que se mantenía vigente en la posvanguardia de los años 40 y 50. Eliana Rivero lo define como

(citado en Rivero, Eliana, “Paradigma de la poética femenina hispánica y su evolución: Rosario Castellanos”. De la crónica a la narrativa mexicana. Merlín H.Foster y Julio Ortega, eds. México: Oasis, 1986.)  “introspección dirigida a trascender la vulgaridad de las cosas terrenas, énfasis en la espiritualidad y devoción por los estados solitarios de la conciencia, lirismo de motivos y símbolos a menudo religiosos, plasmado en ocasiones en un lenguaje de imágenes visionarias y oníricas que a veces llegan al hermetismo”(Rivero 1986: 390 y ss.).

Castellanos utilizando el recurso del narrador construye al protagonista a través de sus juicios personales y pensamientos pues apela al interiorismo, la gente para Arthur Smith, era el pueblo humilde en su ignorancia a quien el señor se había dirigido en parábolas, que aunque bien intencionados no dejan de ser contradictorios.

Constantemente se contradice el discurso de Arthur con las intervenciones del narrador, en forma de pequeños juicios o en la misma narración “Arthur Smith pensaba que el mundo, definitivamente, estaba bien hecho. Por lo menos en lo que se podía contemplar a simple vista” (Castellanos 98) y más adelante cuando se enfoca al protagonista y sus meditaciones parece referirse a sí mismo.

Ya instalado en el campamento norteamericano y ansioso por cumplir su labor de misionero siente que ha llegado a su destino, que darán fruto los favores que su dios  le ha dado, aunque desde el primer momento se desengaña al no ser recibido como un héroe, sino como uno más y es por primera vez que él toma un rol activo, por lo menos en pensamiento acerca de lo que ellos, “los del color correcto de piel, la raza superior” (Castellanos 102) deberían de hacer; es por medio de la condena y el reproche (silencioso fiel a la personalidad de Arthur) que se mencionan los estandartes sobre los cuales su fe se instaura.

Smith es un personaje que muere en la sociedad norteamericana de consumo en la cual no tiene lugar, el ya citado  american way of life, para establecerse en un espacio que a primera vista parece salvaje, místico y que le rebela que su idea del mundo es por completo errada, ya que es un montaje en donde los salvajes son el cacicazgo al servicio del gobierno mexicano, de los religiosos católicos y los protestantes.

Crucial para el personaje haber elegido estudiar tzeltal pues le otorga un “poder” del que carece la población norteamericana: el de entenderse con el otro; aspecto que también queda en tela de juicio, y que al final se sigue planteando, cuando Mariano, su ayudante en la labor de traducción de la biblia transcribe el significado de las sagradas escrituras a su cosmogonía: “Y si el texto decía Espíritu Santo, Mariano interpretaba Sol y principio viril que fecunda y azada remueve la tierra y dedos que modelan el barro. Y si decía demonio, no pensaba en el mal, sino que se inclinaba con sumisión, porque después de todo era sólo la espalda de la otra potencia…” (Castellanos 108)

Adam se construye a sí mismo a través de la anagnórisis y las peripecias[4] que experimenta a través de la muerte del hijo de su ayudante Mariano, la muerte del antes mencionado y al  consumir las píldoras rojas, el sedante suministrado por el médico del campamento ante el shock que le produce las muertes que rondan su espacio: “Esa noche Arthur Smith durmió como no había dormido desde su infancia: profunda, sosegadamente, sin sueños, sin esas imágenes… Despertó con la sensación un poco vaga de que había estado a punto de descubrir algo importante, muy importante. Pero pronto esa nebulosa fue sustituida por la robusta certidumbre de que todo estaba en orden.” (Castellanos 116)

A través de los dos sueños inducidos por barbitúricos, la psique del protagonista es afectada y comienza a realizar un acto de autorreflexión, de construcción de su persona a través de la duda, un proceso en que las pastillas que lo duermen paradójicamente lo despiertan a la realidad:

Esperaba despertar embotado y, sin embargo, lo asaltó desde el primer momento una lucidez extraña y dolorosa… Arthur comprendió, por fin, que quien había muerto no era un número en las estadísticas… Que el que había muerto era un hombre, con dudas como Arthur… Y en esta solidaridad, repentinamente descubierta por Arthur, había aún otro elemento. Mezclaba las palabras de su madre (“nadie se salva solo”) con el complemento que, después de su primer sermón, le añadió Mariano… – (Castellanos 123)

Tras enterarse de los planes detrás de la función de cada integrante masculino del campamento americano y de la supuesta “educación de los indios” por parte de católicos y protestantes, cambia su actitud sumisa por un ente contestatario que ve al fin lo que ha estado enfrente de sus ojos y que sólo se muestra ante él en medio del hartazgo y la incomprensión; ellos sólo se han repartido los territorios en los que pueden actuar para evitar que el fanatismo indígena cobre sus vidas, con lo que la sumisión y la libertad de vivir a costillas de los mismos se consuma.

Ya no es  Arthur el que ignora todo este cúmulo de problemas socioculturales, exiliado por cuenta propia en búsqueda de su destino, de la fe en algo; ahora se enfrenta a la dolorosa realidad de los indígenas y su mundo pues ha visto las dos distintas caras de una misma moneda con lo que desencantado logra comprender esas complicadas parábolas que dios le ha comunicado: él se ha liberado de aquel espacio corrupto y se vuelve a exiliar sin rumbo fijo esperando encontrar un mundo en el que pueda vivir sin corrupción y en paz;        “-Tu problema- le advirtió su madre con esa clarividencia que sólo da el amor- es que no tienes fe-” (Castellanos 103) .Esta advertencia es la que al final del relato cobrará sentido.

Es a través de su expulsión del campamento y camino a la cabaña en donde parece que ha pasado lo que vaticina el título: ha salvado su alma despojándose de los tres elementos que crean discordia tanto en su sociedad americana como en la mexicana: dinero, poder y religión. su único bien ahora es la capacidad de comunicarse con el otro a través de la lengua de ellos.

Rosario Castellanos hace alusión a esta idea en El eterno femenino,  propone la idea de la construcción, el atrevimiento a dar un paso más adelante, de generar a través de un final abierto el siguiente cuadro y el destino del protagonista. Es Arthur Smith un héroe, que, al renunciar a todo, gana su libertad, esperanza de que como nazcan más como él, libertarios que busquen más allá de los discursos del poder y con ansias de salvar su alma, salvando de la injusticia a otros.

Bibliografía

Beristáin, Helena. Diccionario de retórica y poética. México: Porrúa, 1995.

Castellanos, Rosario. Ciudad Real. México: FCE, 1989.

Cuneo, María. «Desde las voces de la tradición al encuentro con la propia voz: el viaje de la escritura poética de Rosario Castellanos.» Revista chilena de literatura (2005): 29-46.

Delgado, Manuela Cantón. «”Las expulsiones indígenas en Los Altos de Chiapas: algo más que un problema de cambio religioso.» Mesoamerica ( 18.33 (1997)): 147-169.

Spada, Rosa. «La narrativa de Rosario Castellanos: Un registro del mundo que le tocó vivir.» Revista del Centro de Enseñanza para Extranjeros, Nueva Epoca, Revista del Centro de Enseñanza para Extranjeros, Nueva Epoca (2006): 141.

[1] Recordemos que hay hombres protagonistas en Aceite guapo o El advenimiento del águila, por citar algunos, que aunque son protagonistas,  no logran nada fuera de lo común, sólo atinan a proseguir su destinos como personajes arquetípicos, en el caso de Aceite guapo, un indio que trata de sobrevivir, fallando por su ignorancia y en El advenimiento del águila el ladino que llega a buen puerto debido a su astucia para engañar y sumir en su miseria a la población indígena.

[2] Al igual que en la vecina Guatemala, la evangelización de los indígenas de Chiapas corrió inicialmente a cargo de misioneros norteamericanos. Se remonta al año de 1938[…]

uinas de Palenque, utilizaron la medicina moderna para sus propósitos: difundir el protestantismo y traducir la Biblia a las lenguas autóctonas. Ya desde entonces se tienen noticias de conversiones que servían para afirmar la independencia frente al poder de las autoridades tradicionales. Los conflictos políticos intracomunitarios ya se presentaron entonces, con frecuencia, bajo la forma de conflictos religiosos. La controvertida labor del ILV contó desde sus inicios con el apoyo y la autorización del gobierno mexicano, que de este modo no sólo actuaba acorde con el principio constitucional de la libertad de culto, sino que delegaba en 10s misioneros responsabilidades que corresponderían  al propio gobierno: la alfabetización o la introducción de la medicina moderna, medidas acordes con lo que consideraron, en fin la modernización del sector indígena. Los misioneros realizaban “gratuitamente” estas labores, a cambio de sustituir paulatinamente las creencias y prácticas religiosas de los grupos entre los que se instalaban y de acabar desencadenando con ello los conflictos y enfrentamientos intracomunitarios -a propósito de las conversiones- más espectaculares de todo México. En “Las expulsiones indígenas en Los Altos de Chiapas: algo más que un problema de cambio religioso.” Mesoamerica 18.33 (1997): 147-169

[4] Anagnórisis definida  por Helena Beristain como el proceso retórico que conduce a un momento en que la repentina recepción de información origina el súbito reconocimiento de un personaje, de un objeto o de un hecho por parte de otro personaje o por parte del público… El reconocimiento provoca un cambio en el curso de la acción pues modifica la orientación lógica de las secuencias hace que el proceso de deterioro de la suerte de un personaje se convierta en proceso de mejoramiento o a la inversa. Consultar bibliografía.

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