Publicado en ¿Qué es Anagénesis Jurídico?

El primer premio Nobel mexicano, Alfonso García Robles

Por Carlos Palomares Rivera.

México es cuna de hombres y mujeres que han dejado su esencia en el mundo por destacar en diferentes ámbitos, prueba de ello es que nuestro país cuenta con reconocimientos tan altos como el Premio Nobel[1] e indudablemente al escuchar tal galardón viene a nuestra mente el nombre de Octavio Paz[2] o Mario Molina[3] quienes dieron gloria a nuestro país al ser merecedores de esta insignia.

En esta ocasión escribiré sobre un hombre que ha quedado un poco en el anonimato, sin embargo, fue el primer mexicano en obtener tan renombrado premio.

José Alfonso Eufemio Nicolás de Jesús García Robles, nació en Zamora, Michoacán el 20 de Marzo de 1911 y murió en la Ciudad de México en 1991.

De Zamora se mudó a Guadalajara para recibir la educación básica y al concluir sus estudios de bachillerato se trasladó a la Cuidad de  México donde inicio y concluyo la licenciatura en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México teniendo ya una tendencia por los temas de Derecho Internacional.

En 1936 obtuvo un reconocimiento su tesis en el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Paris, en 1938 recibió el diploma de la academia de Derecho Internacional de la Haya, en octubre de 1939 fue enviado a Estocolmo, Suecia en calidad de adscrito a la legación mexicana.

En 1941 fue nombrado subdirector de asuntos políticos del servicio diplomático[4] lo que le permitió participar en las bases de lo que al terminar la segunda guerra mundial se convertiría en la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Esto marco un parte aguas en su vida pues a raíz de su intervención en este tema se involucró en tópicos como la desnuclearización.

Durante la primera década de la ONU superviso los procesos de  pacificación de conflictos, en 1970 representó a nuestro país en el Comité de desarme de la ONU. En esa misma década dirigió las labores de desnuclearización de América Latina.

Derivado de lo anterior, en 1967 logró la firma del Tratado para la proscripción de armas Nucleares en América Latina mejor conocido como el Tratado de Tlatelolco.

En 1978 logró que se firmara la primera Asamblea General de la ONU sobre desarme, el momento cumbre de su carrera como notable diplomático y mexicano tuvo lugar en 1982 cuando fue elegido como el ganador[5] del Premio Nobel a la Paz por su incansable lucha contra las armas en el mundo y sus aspiraciones por un mundo desarmado.

Hablar de un Mexicano tan destacado es toda una responsabilidad pues todas sus aspiraciones de un mundo en paz se gestaron en un momento complicado para el mundo. Al terminar la segunda guerra la tierra estaba dividida en dos, por un lado estaban los socialistas encabezados por Rusia y por el otro estaban los capitalistas encabezados por Estados Unidos de América, esto generaba tenciones tan fuertes que desencadenaron en guerras como la de Vietnam o la de las Coreas[6] entre muchas más.

Quizá esta fue la razón por la que fue merecedor de tal reconocimiento pues ante la adversa situación mundial ayudo para que, por lo menos en América Latina, los conflictos no se resolvieran con las armas y la violencia.

Alfonso García Robles es un claro ejemplo de lo que muchos mexicanos deseamos en este momento, un mundo y un país libre de violencia donde el ser humano pueda desarrollar todas sus actividades sin el temor de ser alcanzado por la fuerza de una arma, esta razón es la que le da un lugar a este personaje en esta sección “mexicanos con esencia” pues el dejo la suya en búsqueda de un mundo en Paz.

[1] Es un galardón internacional que se otorga anualmente para reconocer a personas o instituciones que hayan llevado a cabo investigaciones, descubrimientos o contribuciones notables a la humanidad.

[2] Premio Nobel de Literatura en 1990.

[3] Premio Nobel de Química en 1995.

[4] En la Secretaría de Relaciones Exteriores

[5] Compartió lugar con la socióloga sueca Alva Myrdal

[6] Guerra que al día de hoy aún no ha terminado, solo existe un armisticio de paz

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El impresionismo entre las banderas de Monet

Por Isaac Jiménez Romero 

Entre los artistas impresionistas Monet destaca desde varios ángulos.  De principio su técnica, al igual que la de los demás artistas rechazados del Salón, renunciaba por primera vez al esquema tradicional, marcando un hito no sólo en el arte pictórico, sino marcando una pauta para la ola de nuevas reinterpretaciones del arte. También se consolidó como un artista impresionista relativamente constante en sus motivos y técnicas.

La importancia de Monet parece estar suficientemente justificada, y existen varias obras mundialmente emblemáticas como: Impresión, sol naciente, Amapolas, Mujer con sombrilla, etcétera. Todas con una clara representación de las generalidades del Impresionismo,  los paisajes al aire libre, las pinceladas violentas y la luz. Si bien fue precisamente su obra, Impresión, sol naciente, la que daría nombre a la vanguardia[1], me gustaría concentrar mi análisis en dos de sus obras: Hotel dess Roches noires y La Calle Montorgueuil.

Seleccionar dichas obras responde a varios motivos que a continuación comentaré, pero la explicación más general es que son obras que no evocan a paisajes naturales (por lo menos no con la presencia de plantas), y que poseen, a propia consideración, una fuerte carga nacionalista en su significado, lo que destaca dada la visión “vacía” con que se consideran a las obras impresionistas, donde sólo les importaba capturar momentos llenos de luz y sin gran trasfondo.

En las dos pinturas se destaca la bandera francesa, en el Hotel, la bandera ondea en un cielo despejado y en todos los planos. Se enmarca en una situación banal como lo es un paseo por un malecón, con algunas personas (aunque apenas se distingan) que disfrutan de la limpieza del ambiente. Curiosamente en el primer plano se alza lo que parece ser la bandera estadounidense, misma que pareciera romper con lo antes dicho, pero que cobra sentido dados los antecedentes históricos de alianza estratégica en contra de Inglaterra (némesis y contrapeso, en ese entonces, de Francia). Es así como se pueden encontrar muchos significados a la pintura a partir de un elemento muy claro: la bandera.

Las banderas guardan en sí un gran significado, se constituyen como una marca de orgullo para cada país y se muestran (en ambos casos) en escenarios afables y convenientes, pues muestran una visión presumible en un Estado. Las banderas, no son representadas como formas ambiguas, si bien son pinceladas violentas, se pueden distinguir claramente las formas, lo que pareciera una serie de líneas onduladas, son bien distinguidas como una bandera o banderas, por los colores y las representaciones del primer plano en el caso de la pintura de la Calle.

Una de las bondades del impresionismo fue la sencillez con que se retrató la cotidianeidad. En el Hotel, la sencillez puede extrapolarse hacia lo que se representa, pues el edificio lateral contiene ciertos detalles toscos, formados no por líneas definidas (como se imaginaría en un edificio) sino por un constante juego de sombras y colores. Al respecto Arnheim dice “Todo esquema estimulado tiende a ser visto de manera tal que la estructura sea tan sencilla como lo permitan las condiciones dadas”[2], para el caso de la calle, la simplicidad se manifiesta en la constitución de una forma a partir de tres pinceladas alargadas, que al final, conforman un rectángulo irregular. Es por ello que existe una combinación entre las formas difusas y las formas más claras, sin perder sentido ni significado, pues todas son banderas y se entienden como tal.

La sencillez que captura Monet en sus obras se manifiesta en lo “cotidiano” que resulta para un francés celebrar su identidad, mediante un símbolo tan nacional como lo es la bandera, lo que resulta un motivo que no se muestra en ninguna de sus otras obras.

Los paisajes son simples en su composición, dada la facilidad de identificación de las formas (como ya se mencionó), pues poseen un orden coherente, desde su presencia en el contexto, hasta la dirección que las ondea “[…] la simplicidad de tales objetos afecta, pues, no sólo a su aspecto visual en sí y por sí, sino también a la relación entre la imagen vista y la afirmación que pretende que transmita.” [3] En ambos cuadros se logra trasmitir sensaciones positivas de calma, alegría, regocijo y orgullo.

Si bien la vanguardia impresionista se concentra en aspectos como la luz y el color, me gustaría ahondar más en otros aspectos, como el equilibrio, la forma y el espacio, sin dejar de lado los primeros elementos.

Para el equilibrio, Arnheim nos habla de la existencia de un balance percibido por la distribución de los objetos en una pintura; mismo que no siempre resulta obvio por su ubicación en el centro del cuadro, pero que guarda la debida distribución y armonía a partir de más características.

banderas

Como se puede ver, las pinturas de Monet guardan una estructura muy clásica en cuanto a simetría, y ubican un centro muy claro al representar calles. En las obras seleccionadas, la fuerza tensora principal se ubica al fondo de la calle, pues es ahí donde indiscutiblemente convergen las líneas tensoras. Ésta cualidad es otra de las grandes diferencias con sus otros cuadros. En el Hotel, el centro se desplaza hacia abajo, pero se mantiene ahí, mientras que en el Calle se ubica en un centro estricto.

Las formas de las líneas también marcan secuencias, como dice Arheim, en éste caso: movimiento, ocasionado por el viento de un día despejado como se muestra en ambas obras “[…] se puede concebir ya el movimiento en toda la gama de direcciones, como las curvas que podría ejecutar un patinador imaginativo. “ [4]  Este tipo de efectos pueden ser percibidos a partir del espacio.

Con respecto al último elemento mencionado se pueden distinguir obras bidimesionales, y “[…] ofrece extensión en el espacio, y por lo tanto diversidad de tamaño y forma; cosas pequeñas y grandes, redondas, angulares y muy irregulares […] añade a la sola distancia las diferencias de dirección y orientación.”[5] que se representan por medio de líneas, que conforman una imagen en perspectiva (acercándose o alejándose)  “[…] el constructo geométrico de la perspectiva central se aproxima a la proyección que sería recibida por el ojo desde un punto de vista de estacionamiento concreto”[6]. El efecto es logrado mediante la identificación de figuras cuasi geométricas como lo son los edificios (en ambos ejemplos) además del uso de líneas distinguidas por las mismo orden de las banderas y detalles de las construcciones.

Ahora bien, un aspecto que no debe olvidarse al tratar a Monet es la luz. En arte y percepción visual, trata el tema a partir del efecto que produce en la visión y por lo tanto en la obra. Dado que las obras pretenden ser representaciones de la realidad y por lo tanto de lo inmediatamente percibido por el hombre, la luz no puede dejarse de lado.

La luminosidad dada se hace obvia en la Calle y en el Hotel dado lo despejado de los cielos de ambas pinturas, se infiere una hora antes del atardecer, por el posicionamiento de las sombras, siendo ésta otra de las razones por las que tanto el Hotel como la Calle llaman la atención al guardar una distribución casi simétrica de luz y sombras (y no sólo de formas), si bien en ninguna se representa demasiada oscuridad, tampoco prevalece de manera aplastante la luz como en la tendencia impresionista y en sus demás cuadros.

El significado dado por la luz, más allá del deseo (y posibilidades) de la vanguardia de salir de los talleres, manifiesta, desde una interpretación simple, un ambiente alegre, adornado con un cielo muy azul, mismo que se acompaña de dos paisajes franceses importantes donde su bandera se enarbola en lo alto.

En éste caso la luz juega otro papel de gran importancia para la construcción de perspectiva y profundidad, que, ayudada por la formación de espacio y forma, brinda a la obra una representación más real del paisaje citadino. El uso realista de las sombras cuida detalles de filtración de luz a través de los objetos o en medio de éstos, así como el volumen de los balcones y el movimiento de las banderas. Estas características le otorgan a las obras nuevos puntos de partida para la interpretación.

La dinámica cromática que emplea Monet se facilita con los colores primarios de la bandera francesa. El ordenamiento de los colores dan sentido a la forma, permitiendo identificar un objeto concreto como lo es una bandera, la cual no debe ser confundida con ninguna otra. El uso del color en sus distintas saturaciones de luz permite a Monet destacar profundidad en la pintura, y percepción en la ubicación de las mismas.

 

Fuentes consultadas

  • Maldonado, Guitemie, Connaissance des Arts, Francia, Pascale Bertrand, 2005, 115 pp.
  • Arnheim, Rudolf, Arte y Percepción Visual, Madrid, 1997, Alianza Forma, 535 pp.

[1] Guitemie Maldonado, Connaissance des Arts, Francia, Pascale Bertrand, 2005, p. 41

[2] Rudolf Arnheim, Arte y Percepción Visual, Madrid, 1997, Alianza Forma, p.70

[3] Ibídem p. 83

[4] Ibídem p. 121

[5] Ibídem p. 228

[6] Ibídem p. 317