Eutanasia

Por Jacqueline Miranda De los Santos

Mucho se ha hablado sobre este tema, que puede analizarse desde diferentes perspectivas. Desde el sentido médico, religioso o bien social. Antes de adentrarnos en cualquier punto, es importante comprender el tema desde la raíz etimológica.

Eutanasia es una palabra griega que proviene de “eu” bien y “thanatos” muerte, que juntos significan “buena muerte” podemos establecer de esta manera que la eutanasia es la acción u omisión que acelera el proceso natural del humano hacia la muerte, con la intención de que la persona no sufra.

La eutanasia se clasifica de dos formas, la activa y la pasiva. La primera es aquella que consiste en provocar la muerte de forma directa, mientras que en la segunda hay una omisión u suspensión del tratamiento al que la persona está sometida para finalmente concluir con su vida. Dentro de esta segunda clasificación, existe la eutanasia indirecta la cual consiste en una inyección terapéutica o bien ciertos procedimientos que tienen como efecto secundario la muerte.

La naturalidad con la que podemos ver o no la muerte, logra formar uno de los pilares fundamentales de este artículo. Desde una perspectiva religiosa: ¿sería correcto interrumpir el designio de Dios por el temor a sufrir ante una enfermedad? La religión cristiana a través de la biblia nos establece que es Dios quien tiene la última palabra sobre este hecho, esto se determina en los siguientes versículos: 1 Corintios 15:26, 54:56; Hebreos 2:9; Apocalipsis 21:4. Incluso muchos estudiosos de la religión, piensan que las personas pueden pasar por grandes sufrimientos antes de morir y ascender al cielo. Dios otorga con un propósito la vida y del mismo modo sabrá el momento de quitar ese don. Sin embargo, se dice que Dios otorgó, también el libre albedrío, esto consiste en creer que los humanos somos capaces de tomar nuestras propias decisiones, sin la intervención de una fuerza ajena que decida nuestros escenarios y respuestas, lo que nos daría la posibilidad de elegir morir ante una enfermedad, sin vernos como dioses o pretender serlo.

La religión no es una oposición o algo que guíe los pasos de todos. Pero existe la construcción social de lo que es “correcto” o “incorrecto” o bien de lo que es “bueno” y “malo” construcciones que muchas veces son solo limitantes o tabúes sobre ciertos temas que ocasionan miedo al ser algo no común o desconocido. La opinión social muchas veces es influenciada por aspectos religiosos por lo que este punto y el anterior van directamente relacionados, pues la mayoría considera que es un tema que va en contra del designio de Dios. Por lo que la mayoría aunque no sean propiamente creyentes, desaprueba la eutanasia.

Hasta este punto podemos tener una perspectiva un poco más clara sobre este tema. Pero que sucedería si somos nosotros quienes nos vemos afectados por una situación así, ya sea que nosotros tengamos que decidir el momento en el que moriremos o hacerlo por alguien más, o ser un espectador un observador de la decisión de un familiar, quizá la forma de ver este problema cambiaría las cosas.

No es lo mismo gozar de buena salud, de estar en condiciones óptimas y considerar como una negativa la eutanasia o bien, creer que la aceptaremos hasta que se trata de nuestro padre, madre o hijo quien se encuentra en tal situación que la eutanasia parece la mejor opción.

El 27 de abril de 2009 nace una niña de nombre Camila quien presento hipoxia cerebral lo que impidió que respirara lo que la llevo a un estado de coma, el tratamiento siguiente para mantenerla con vida consistió en una traqueotomía y el implante de un botón gástrico para poder alimentarla esto con apenas cuatro meses. Fue en 2011 cuando la madre solicitó por medio de una carta a la entonces presidenta de Argentina un cambio en la legislación para la muerte digna. Logrando que fuera aceptada un año después y desconectada del respirador que la mantenía con vida un mes después.

Las posibilidades de que Camila se recuperara y tuviera una vida “normal” eran improbables, el tratamiento al que era sometida era doloroso. Aunque posiblemente la traqueotomía y el botón gástrico solo causaran malestar físico para la menor, la madre también sufría emocionalmente al ver a su hija en dichas condiciones, es evidente que Camila nunca iba a poder decidir por sí misma, pero en este caso toma las decisiones la madre.

Otro caso muy importante es del colombiano José Ovido González Correa, quien a sus 79 años pidió formalmente la eutanasia tras padecer un tipo de cáncer que le provocaba dolores insoportables su petición fue discutida por las autoridades colombianas y aprobada en 2015 falleciendo el 26 de junio por este método.

“México es el país que más aprobación muestra a la eutanasia al obtener un índice de 7.14 en el estudio, seguido de Uruguay con el 6.32 y Costa Rica con el 5.88. Los más conservadores en el tema son El Salvador (3.33) y Bolivia (3.58).

Sin embargo, entre los jóvenes de México, considerados por el estudio como la población entre 18 y 35 años, se muestra una disminución de 0.5 puntos en la aprobación de la eutanasia de 2012 y 2014.

La mayor disminución se registró en Argentina, de 1.6 puntos. También hubo bajas en la aprobación entre los jóvenes en Chile, donde este año murió la joven Valentina, que pedía la muerte asistida.

En México, una reforma a la Ley General de Salud y al Código Federal permite desde el 2008 la eutanasia pasiva, la cual otorga el derecho a los enfermos terminales a suspender el tratamiento curativo y a recibir solamente cuidados paliativos.”[1]

Aunque somos una cultura que propiamente convive con la idea de la muerte, que incluso tenemos días para celebrar, es un tema al que cualquier humano incomoda y no siempre está consciente que la vida siempre ha de culminar, y no sabemos si para retornar, para ser otra cosa o para alcanzar el paraíso prometido. La forma de morir finalmente no tiene mucha importancia, desde una perspectiva en la que uno ya no existe más y es desde muchas ópticas irreversible. No hay profesión que tema más a la muerte que la de los médicos. Siempre están luchando por mantener la vida, parece este tema una contradicción entre lo que aprenden y lo que en determinado momento requieren los pacientes.

“El hecho es que para el médico, para muchos médicos, la muerte sigue siendo una especie de enemigo, por lo menos uno capaz de sacudir una y otra vez sus propios sentimientos de omnipotencia y herir su vanidad. Por eso no es raro que algunos se muestren evasivos o que terminen excluyendo la idea de la muerte del campo de su interés y de su conciencia.”[2]

Qué tan prematuro es para un médico predecir desde el inicio que su paciente, enfermo de cáncer está en una condición en la que irremediablemente morirá y sufrirá. Actualmente es realmente difícil manejar todas las aristas de un problema en el que el paciente tiene una enfermedad en la que la cura aún no está en las manos. En estos casos el médico debe informar al paciente de cuál es la realidad del problema y no aislarlo de todas las posibilidades.

Por ultimo hay dos puntos que no hemos mencionado en este tema crucial, economía y dignidad. Para algunos no significaría nada los gastos que genera mantener un paciente conectado a una vida artificial, de cierta forma el estatus económico podría hablar de poseer mayores posibilidades de existir con dignidad, parece que para muchos otros pacientes esto no es una realidad, realmente cuál es panorama actual del sistema público de salud en nuestro país. Tan solo los pacientes con cáncer que no poseen la posibilidad de ser atendidos en el sector privado, recibir tratamiento en muchas ocasiones resultan desde el sector público incosteables. ¿Cuáles son las posibilidades de mantener a personas con muerte cerebral o en coma, si solo se tiene lo esencial para sobrevivir? Y hablo aún más allá de otro tema controversial la eutanasia social por no tener las condiciones económicas miles de recién nacidos mueren abandonados en las calles o las personas mayores abandonados bajo mismas condiciones, el Estado puede por medio de políticas públicas mantener a todas estas personas, mantener a alguien que depende de instrumentos médicos para vivir. Posiblemente esto nos muestre la falsedad del artículo primero de Declaración Universal de los Derechos Humanos, que a la letra establece: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”.

Sin embargo, como lo establece Arnoldo Kraus, la dignidad y los derechos están determinados por la condición económica. Pensar en eutanasia, posiblemente es pensar en derechos humanos y dignidad. Recurrimos al Kraus para expresar con sus palabras que he expuesto al respecto.

“La segunda fórmula del imperativo categórico se refiere a la dignidad humana: “Obra de manera de tratar a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de otro, siempre como un fin y nunca sólo como un medio”. Kant agrega: “Lo que tiene un precio puede ser sustituido por cualquier cosa equivalente; lo que es superior a todo precio, y que por tanto no permite equivalencia alguna tiene dignidad”.

Los seres humanos son en sí mismos un fin, carecen de valor relativo —no tienen precio—, y tienen, en cambio, un valor intrínseco, esto es, dignidad.”[3]

La dignidad humana, desde el pensamiento de Kant, siempre radicará en la autonomía, en la capacidad de decidir lo que es más conveniente lo que no nos aleja de seguir siendo hombres con dignidad. De esta manera, en este tema, estemos más cerca de un verdadero respeto a los derechos humanos.

[1] http://mexico.cnn.com/nacional/2015/06/24/uruguay-y-mexico-los-dos-paises-latinos-que-destacan-por-ser-liberales

[2] http://www.nexos.com.mx/?p=25094

[3] http://www.nexos.com.mx/?p=25087

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